Indulgencias a granel - Monseñor

Por Venezuela Real - 23 de Abril, 2008, 12:06, Categoría: Política Internacional

El Editorial
El Nacional
23 de abril de 2008

Después del dominio del Partido Colorado durante seis décadas, Paraguay eligió el domingo 20 de abril a un candidato imprevisto. No salió de los partidos políticos como era razonable suponer, ni de las contiendas de la sociedad civil, sino del seno de la santa madre Iglesia. Fue elegido monseñor Fernando Lugo porque prefirió los avatares y vaivenes de este mundo terrenal a los del otro, los de Dios y de la prédica del Evangelio, cayendo en la tentación política. Mientras iba de una homilía a otra y pretendía trasmitir la palabra de Dios, el prelado fue construyendo y sembrando esperanzas en el fervor popular, hasta el extremo de que un día, frente al espejo, se preguntó si no era humano probar suerte en la política.

Sin haber incurrido en pecado, pensó en la Presidencia de la República. Comenzó a generar adeptos y a hablar ya no en nombre de la Iglesia sino en el suyo propio, hasta prometerse colgar los hábitos, probar suerte con las masas y, sin licencia eclesiástica, lanzarse a la arena. El domingo resultó victorioso, en un país que clamaba por el cambio del Partido Colorado que ya fatigaba a la gente. Esto sucede con quienes se eternizan en el poder, con quienes ahogan y aburren a los pueblos, con quienes repiten sus cantaletas y sus promesas ad infinitum. O sea, lo que pasaría en Venezuela si la revolución bolivariana, participativa y protagónica lograra (supuesto negado) dominar la política como si estuviéramos en Paraguay. Dios nos salve de seguir los pasos del Partido Colorado y de la dictadura del general Alfredo Stroessner, que metió su país en un puño. Preferimos los periodos presidenciales que pauta la Constitución para que no tengamos esas lamentables experiencias.

Aun cuando no se sabe a ciencia cierta cuál es su pensamiento político, los voceros oficiales lo colocan en la izquierda y proclaman que sigue campante y victoriosa la tendencia que alienta (y algo más) el Presidente de Venezuela. Así se apresuran a inscribir a monseñor al lado de infieles como Daniel Ortega y Evo Morales, de Raúl Castro y Hugo Chávez Frías. Tiene demasiados retos. Deberá resolver uno de los más apremiantes, sus relaciones con la jerarquía eclesiástica y con la Santa Sede. Se supone que privará la sensatez y no se hará del estatus eclesiástico de monseñor-presidente un problema sin solución.

Fernando Lugo requiere tiempo para presentar soluciones a los antiguos problemas de Paraguay. Algunos tienen que ver con sus poderosos vecinos, Brasil y Argentina, que ya se adelantan a negar la revisión de convenios tripartitos sobre el suministro de la electricidad de Itaipú que Lugo exige. Será una prueba, o el supuesto izquierdismo de la señora Kirchner y del Presidente Lula quedará en el viejo egoísmo que ha oxidado la historia.

A la izquierda o no tanto, Paraguay respira ahora de la dominación colorada, equivalente al color rojo. Desde aquí encomendamos al presidente al Altísimo, y que Dios lo guarde de amigos mal intencionados.





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