La amarga promesa del Caaez

Por Venezuela Real - 27 de Abril, 2008, 16:15, Categoría: Economía

JAVIER PEREIRA  / RAÚL ROMERO
El Nacional
27 de abril de 2008

Termina otra zafra y el Complejo Agroindustrial Azucarero Ezequiel Zamora no arraca. Este año se perdieron más de 500 hectáreas de caña y el Estado tuvo que indemnizar a los productores de Sabaneta. Las autoridades prometen que el próximo año estará operativo, pero los cañicultores están cansados de engaños

El domingo 28 de diciembre de 2003, el presidente Hugo Chávez decidió celebrar el Día de los Inocentes en Sabaneta de Barinas, con su amigo Antonio Albarrán, para ese entonces ministro de Agricultura y Tierras.

–¿Tú naciste en Barinitas, Antonio?
–En Barinas, comandante.

–En la ciudad de Barinas, claro. ¿En qué año?
–En 1963.


–Bueno, y dime una cosa: ¿Cuándo es que vamos a inaugurar el Complejo Agroindustrial Azucarero Ezequiel Zamora?
–El 10 de diciembre de 2005, mi comandante. Esa fecha la fijó el maestro Chávez.


–¡Bravo! Anótenlo pues, aquí estaremos el sábado 10 de diciembre de 2005, en esta sabana bendita, para inaugurar el Caaez.

Luis Enrique, un humilde campesino que vive en las afueras de Sabaneta, se emocionó cuando escuchó aquel día, por la radio, la promesa del Presidente. Pocas semanas después, funcionarios del Ministerio de Agricultura y Tierras lo visitaron para pedirle que, en su parcela de 12 hectáreas, cambiara la cosecha de maíz que tenía por una de caña de azúcar; le ofrecieron créditos y asesoría técnica para arrancar el nuevo cultivo y lo convencieron, al igual que a centenares de campesinos de los municipios Alberto Arvelo Torrealba, Rojas, Obispo y Cruz Paredes de Barinas.

Hoy se cumplen 2 años, 4 meses y 17 días desde aquel sábado, cuando el presidente Chávez debió abrir las puertas del que sería el central azucarero más grande del país; pero el Caaez todavía no ha podido recibir ni una sola caña. Sólo funciona un laboratorio de semillas y oficinas de asesoría técnica, dirigidas por especialistas cubanos.

Algunos parceleros tuvieron suerte y en las últimas dos zafras han podido arrimar su caña a otros centrales azucareros, en los estados Portuguesa y Aragua; pero Luis Enrique, que vive con su esposa y tres hijos, tuvo que devastar este año su cosecha, vencida con 36 meses de siembra. "Cambiamos a caña con la promesa de un cambio de vida. La idea era que hace 2 años nos recibirían la primera zafra, pero tuvimos que diferir la cosecha por el retraso del Caaez. Ya este año la caña no sirve. La cortamos para que volviera a retoñar, a ver si el año que viene tenemos suerte. La esperanza es lo último que se pierde", dice el campesino, quien reconoce que el Estado le pagó una indemnización por no absorber su cosecha. "Fue una platica, como 20 millones de bolívares; mucho menos de lo que cuesta la cosecha. Al final, nosotros no tenemos la culpa de que esa gente se haya robado los reales y el central no esté listo todavía, como ordenó mi comandante".

Desde 2002, cuando comenzó el proyecto del Caaez, la Corporación Venezolana Agraria (organismo adscrito al Ministerio de Agricultura y Tierras) ha financiado con créditos blandos a más de 700 pequeños productores ubicados en el noreste de Barinas y el suroeste de Portuguesa, quienes sembraron más de 6.500 hectáreas de caña para ser absorbidas por el nuevo complejo azucarero. Los campesinos cumplieron su parte y desde hace 2 años hay material listo para procesar, pero la caña no puede esperar toda la vida para ser cosechada.

Aunque no hay cifras oficiales, fuentes del Caaez y representantes de los parceleros coinciden en que, entre octubre de 2007 y abril de 2008, se han perdido entre 500 y 700 hectáreas de caña, que han tenido que ser "renovadas" para poder cosecharlas el próximo año. Mientras tanto, poco más de 800 hectáreas se han podido despachar a otras centrales azucareras privadas.

La nueva promesa.

El 23 de febrero del año pasado, el ingeniero Inti McCormick se convirtió en el cuarto presidente de la junta directiva del Caaez (después de Antonio Albarrán, José Alberto Martínez y María Teresa Dávila), con el compromiso de culminar la construcción del complejo en sólo 8 meses. Al final, no pudo cumplir con el objetivo; pero hoy empeña de nuevo su palabra y ofrece que, a finales de 2008, el presidente Chávez podrá ir a Sabaneta para cumplir su vieja promesa de inaugurar el gran complejo azucarero.


"El problema es que se ha generado mucha expectativa con este proyecto. En cualquier parte del mundo, un central azucarero se construye en un plazo de dos años y, en realidad, el Caaez comenzó a construirse desde el año pasado", explica McCormick.

–Pero el Presidente anunció el proyecto desde el año 2003. ¿Qué se hizo, entonces, en esos primeros cuatro años?
–No, bueno, se adelantó el movimiento de tierra, se ejecutaron obras civiles y el proyecto todavía no tenía un rumbo definido. Claro, además de aquel problema que hubo hace tiempo (McCormick evita mencionar el escándalo de corrupción por el desvío de 3,2 millardos de bolívares, en 2004). Pero desde que estoy acá, no se ha registrado retraso en la construcción.

–¿Qué falta para terminar?
–El complejo tiene casi 90% de la construcción de la zona de recepción de caña, molinos y toda la nave central. Faltarían los trabajos de las instalaciones eléctricas, servicios y otras cosas menores, que deben resolverse en un plazo no mayor a 7 meses. En noviembre de este año podemos hacer las primeras pruebas y en enero de 2009 estaremos moliendo, a 70% de la capacidad total (entre 3.500 y 4.000 toneladas de caña al día; en total, cerca de 600.000 toneladas en toda la zafra 2008-2009).

De acuerdo con McCormick, tanto el consorcio brasileño encargado del diseño de las piezas (Simisa-Interunion) como la empresa venezolana que las está ensamblando (Trimeca) han cumplido con los plazos, sin mayores problemas: "Sólo hubo algunos retrasos, esperables la mayoría. Problemas con la llegada de las piezas desde Brasil y algunos conflictos con los sindicatos, que se mueven más por intereses políticos. Pero nada grave. La próxima zafra estaremos procesando caña".

El optimismo del presidente del Caaez, sin embargo, choca con el escepticismo de los cañicultores, acostumbrados a escuchar promesas incumplidas. "Ellos vuelven a decir lo mismo que el año pasado, pero nosotros estamos curados y creemos, sabemos, que el central tampoco va a estar listo para la próxima zafra. Lo que se construye allí no es poca cosa, es un complejo enorme y gente entendida del negocio nos ha dicho que falta todavía bastante", explica Orexy Salandi, presidente de Socasabaneta, la mayor organización de cañicultores de Barinas, que agrupa a 430 productores.

Hace dos meses, una comisión de la Federación Nacional de Asociaciones de Cañicultores de Venezuela (Fesoca) y algunos dueños de centrales azucareros visitaron Sabaneta, con expertos extranjeros, y concluyeron lo mismo: el Caaez no estará listo para la próxima zafra.

Aunque reconocen que bajo la gestión de McCormick los trabajos se han acelerado mucho, los productores exigen transparencia en la planificación agrícola. "Nosotros hemos denunciado muchas fallas, aplicando la contraloría social. A veces bajamos la voz, por la situación política, para no generar problemas; pero hay que ser responsables. No podemos ser cómplices de la ineficiencia", dice Salandi.
 
El problema de fondo.

Por ahora, los cañicultores de Sabaneta no lo han perdido todo. Los que tienen sus cosechas vencidas (con más de 24 meses) han sido indemnizados, mientras que otros, a duras penas, han podido arrimar su caña a centrales de Portuguesa y Aragua. Pero esto ha provocado consecuencias.

El gran problema de la industria del azúcar en Venezuela es la poca capacidad instalada para procesar caña. Un estudio elaborado hace un par de años por la Universidad Central de Venezuela y el Banco Interamericano de Desarrollo señala que, desde 1989, se ha registrado una "recesión en la industria azucarera", porque ni el Estado ni los privados han invertido en infraestructura para procesar caña. Actualmente hay 18 centrales instalados, de los cuales 13 están activos (a 80% de su capacidad), 3 están paralizados desde hace años y 2 fueron reactivados este año por el Estado. Como consecuencia, la producción nacional no puede satisfacer la demanda interna y desde 1974 se ha incrementado el déficit de azúcar refinada, que debe ser satisfecho con importaciones.

Por eso, los cañicultores de estados como Portuguesa, Trujillo, Lara, Cojedes y Zulia tienen planificada su zafra y sólo producen lo que los centrales ubicados en esos estados son capaces de absorber. Pero la invasión de caña proveniente de Barinas ha provocado que muchos productores de otras regiones se vean obligados a diferir su cosecha. "Los cañicultores de Barinas tienen todo el derecho de sembrar, igual que nosotros. El problema es la irresponsabilidad del Gobierno al darle créditos y fomentar la siembra, sin ni siquiera tener dónde colocarla.

Todo esto se pudo evitar con una mejor planificación del proyecto", explica Rafael Guinand, presidente de la Asociación de Cañicultores del estado Portuguesa.

En los cañaverales de Sabaneta están muy conscientes de este problema y por eso piden al Gobierno acelerar la marcha del Caaez. "Este año hay elecciones y, quién sabe, si un gobernador opositor gana en Portuguesa o Lara, pudiera cerrarnos las carreteras e impedirnos llevar nuestra caña a esos centrales en la próxima zafra para proteger a sus productores. Con eso nos asfixian", señala Salandi.

Los proyectos.

La Corporación Venezolana Agraria tiene un plan estratégico de inversiones para cubrir, a mediano plazo, el déficit en la producción de azúcar (que este año podría llegar a 450.000 toneladas). Además de la construcción del Caaez en Barinas y la recuperación de 2 centrales paralizados en Sucre (Cumanacoa) y Trujillo (Motatán), el Gobierno comenzó la edificación de otros 3 complejos azucareros: uno en Cojedes, otro al sur de Monagas y un tercero de gran capacidad en Lara, con tecnología de Irán. Aunque los proyectos están en su primera fase, las autoridades ofrecen que estarán procesando entre 2010 y 2012.


Pero los productores creen que, además, es necesario aplicar mayores incentivos y cesar con la presión indebida contra los productores, cuyo último episodio fue la militarización de las fincas ubicadas en el Valle del Turbio, en Lara. Reclaman, por ejemplo, que han tenido muchos problemas de transporte, porque los cañicultores no pueden pagarle más a los gandoleros (por el control de precios del azúcar) y estos prefieren emplear sus unidades en otras actividades más rentables, como el traslado de madera o aluminio.

El martes, los directivos de Fesoca se reunirán con el ministro de Agricultura y Tierras, Elías Jaua, para fijar una nueva agenda de trabajo. "En los últimos años hemos tenido muy pocas soluciones concretas y necesitamos de diálogo", afirma Rafael Chirinos, presidente de la federación.

"Venezuela tiene potencialidad de sobra para producir toda el azúcar que consumimos y hasta convertirnos en exportadores, pero para eso se requieren decisiones políticas, una buena planificación de las inversiones y el trabajo conjunto entre el Gobierno y los empresarios. De lo contrario, seguiremos condenados a las importaciones".
 
 

 






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