El enigma Fernando Lugo

Por Venezuela Real - 28 de Abril, 2008, 12:25, Categoría: Política Internacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
28 de abril de 2008

En sus primeras declaraciones a la prensa después de ser electo presidente de Paraguay, el antiguo obispo Fernando Lugo señaló que su victoria le corresponde a "la nueva izquierda latinoamericana". En el marco de esa ambigüedad, seña de identidad de los gobiernos de la región que aspiran a seguir el modelo venezolano, luego advirtió que "yo no suscribo ninguna ideología, lo mío es la opción pastoral por los pobres". O sea, pura Teología de la Liberación, cosa que ya sabíamos, pero pasada ahora por un oportuno tamiz de política muy terrenal.

Por supuesto, este doble lenguaje de Lugo no tiene nada de original. Hace casi 50 años Fidel Castro esgrimió la misma conveniente indeterminación para disfrazar sus verdaderos objetivos. Él no era comunista ni anticomunista, declaró, sino "humanista", anfibología con la que trató de eludir durante aquellos primeros y turbulentos tiempos de su revolución el acoso de Washington en plena Guerra Fría. Idéntico juego de palabras al que desde hace 10 años recurre Hugo Chávez para negar cualquier alineación con Marx y Lenin, y calificar su revolución de bolivariana.

Más allá de las vaguedades lingüísticas, está claro lo que significa para el presidente electo de Paraguay "la opción pastoral por los pobres". No es casual que en su primer encuentro con los medios de comunicación haya anunciado que "la medida más importante" de su gestión presidencial será la reforma de la Constitución, en el 2009. ¿Simple accidente histórico, necesidad, digamos endógena, de superar a corto plazo los obstáculos que durante 61 años de hegemonía del partido Colorado habían impedido el progreso de su país o puro reflejo de la tendencia que busca constituir en el sur del continente una nueva concepción del Estado, copia al carbón de la que Chávez le viene imponiendo a Venezuela? Por esta misma disimulada razón, cuando le preguntaron si en el nuevo texto constitucional se incorporaría la reelección presidencial, Lugo, elevando la vista hacia una reproducción del San Pedro de El Greco colgada de la pared, se limitó a responder con una sonrisa sesgada.

La primera gran dificultad que tiene el nuevo presidente paraguayo para seguir de cerca los pasos de Chávez se halla en las contradicciones que conviven en el seno de la alianza de partidos políticos y grupos sociales que apoyaron su candidatura. Muestras significativas de esta incómoda situación la encontramos, por una lado, en el hecho de que Federico Franco, vicepresidente electo, es miembro del partido Liberal, cuya orientación es semejante a la del líder conservador español José María Aznar; por otra parte, la corriente progresista de Lugo en el Congreso de su país es minoritaria. Quizá para acometer de inmediato la tarea de acortar las distancias, algunas de ellas al parecer insalvables, que separan a los miembros de la amplia alianza que le sirvió de plataforma electoral, Lugo ha planteado la necesidad de instalar "una mesa de reconciliación nacional" antes de que sea demasiado tarde. En otras palabras, antes de avanzar en la reforma de la Constitución.

Desde esta perspectiva, las acciones futuras de Lugo constituyen un enigma. Sin duda, los vientos que soplan en América Latina le son favorables.

Basta tener presente que Evo Morales, otro destacado dirigente de esa nueva izquierda que en sus diversas versiones se extiende por América Latina, muy en la línea de Chávez, acaba de utilizar la resonante tribuna de Naciones Unidas para exhortar a los 3.000 delegados de todo el mundo que asistían en Nueva York al Primer Foro Permanente para Asuntos Indígenas a desterrar el capitalismo de nuestras sociedades y sustituirlo por lo que él llamó "socialismo comunitario". Sin embargo, "Bolivia está a punto de estallar", reconoció Chávez la semana pasada, precisamente porque Morales ha decidido jugarse el todo por el todo sin tener bien atados todos los cabos de su proyecto.

Naturalmente, la propuesta chavista de ruptura entre las dos Américas tiene desde ahora un nuevo y locuaz aliado en La Asunción. Nada de extraño tiene, por ejemplo, que Paraguay, de un momento a otro, se incorpore al ALBA. ¿O no? Habrá que esperar y ver. En todo caso, Lugo, que se jacta de su capacidad para navegar con éxito en medio de las peores tormentas, tendrá que demostrar la verdad exacta de estas afirmaciones. Una cosa sí es cierta: no parece posible que pueda deslizarse indefinidamente entre los dos bandos.

Dentro de nada tendrá que tomar la decisión de despejar su enigma. Al costo que sea.





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