El socialismo venezolano

Por Venezuela Real - 28 de Abril, 2008, 12:38, Categoría: Política Nacional

Maye Primera Garcés
TalCual
28 de abril de 2008

Las políticas implementadas por Hugo Chávez desde 1998 en poco o nada han modificado las causas de las desigualdades sociales y económicas del país. El desorden ideológico que mezcla el pensamiento de Marx, Jesucristo, Mao, Bolívar y Ceresole es su verdadera carta de presentación

Si al mismísimo Hugo Chávez le tomó seis años darse cuenta de que el suyo era un gobierno socialista, pues es lógico que al resto de los mortales nos tome varias décadas apreciar el aporte y la verdadera naturaleza del "socialismo del siglo XXI".

Fue durante el Aló Presidente del 27 de febrero de 2005, transmitido desde Cocorote, estado Yaracuy, cuando al mandatario venezolano le sobrevino como un rayo la visión: "Hay que inventar un nuevo socialismo (...) El socialismo del siglo XXI hay que inventarlo". El comandante respondía con esto a una inquietud de Erick Tossaint, representante belga del Grupo de la Izquierda Unitaria en el Parlamento europeo, que había asistido al programa en calidad de invitado y que un minuto antes le había planteado al comandante la necesidad de continuar con el intercambio entre América y Europa para la construcción del socialismo.

MIMETISMO BOLIVARIANO

Salvo para algunos rabiosos políticos de la oposición, la declaración del Presidente pasó casi inadvertida en aquel momento. El que la audiencia no le diera la debida importancia ocurrió en parte porque no era la primera vez que el Presidente se mimetizaba frente a uno de sus invitados.

A esas alturas, ya Hugo Chávez se había transfigurado en tantos personajes como visitas había recibido en el Palacio de Gobierno: había sido indígena frente a Rigoberta Menchú y negro ante Danny Glover (y otra vez hace poco frente a Naomi Campbell). Se había proclamado bolivariano y marxista, pese a la antipatía, literalmente enciclopédica, que despertó Simón Bolívar en Carlos Marx.

Frente a los hermanos que lo nombraron "obispo mayor" había sido simpatizante de los evangélicos; y frente a Juan Pablo II, el más "católico, apostólico y romano" de los fieles. También se había definido como maoísta durante la visita a Venezuela del presidente chino Jiang Zemin, quien no sabía si aquello era un! a broma más del siempre ocurrente Chávez o si era un error de traducción.

Pero sobre todo, Hugo Chávez había recalcado durante su campaña electoral de 1998 que el sistema de gobierno que proponía para Venezuela nada tenía que ver con el socialismo; había dicho, textualmente: "Yo no soy socialista. Yo creo que ya el mundo de hoy, la América Latina que viene, requiere un salto adelante, vamos más allá del socialismo, incluso más allá del capitalismo salvaje, como lo llama el Papa Juan Pablo II. Yo creo en un proyecto humanista". De ahí que, en primera instancia, el país asumiera su confesión como un nuevo despliegue camaleónico.

SOCIALISMO PORCINO

Sin embargo, Hugo Chávez insistió con el tema la semana siguiente e hizo una declaración tajante: "Ya empezaron los analistas y los sesudos como digo yo, con que Chávez se declaró socialista. Bueno, sí... ¿y qué tiene que ver eso? Yo soy socialista, soy socialista de la nueva era, soy socialista del siglo XXI y estamos planteándole al mundo revisar las tesis del socialismo".

En lo sucesivo, no ha habido programa dominical o alocución en la que el Presidente no entregue un avance de lo que en su criterio define al socialismo del siglo XXI como nueva categoría ideológica. Aquí algunos de esos conceptos que elaboró ese mismo año:
20 de marzo de 2005: "Si Cristo viviera aquí y estuviera aquí fuera socialista. Bolívar iba directo al socialismo (...) El socialismo es poner lo social primero; el capitalismo es poner el capital primero y no, es al revés, lo social primero".

10 de abril de 2005: "El socialismo rompe con la lógica explotadora del capitalismo, el socialismo es el Estado en este caso, el Estado contratando con la Cooperativa y la Cooperativa va y trabaja y se reparte equitativamente la ganancia. Eso es un elemento de la configuración de un Es! tado y d e una sociedad socialista y para allá es que nosotros vamos. Un nuevo modelo, para sacarnos los diablos". Y el mismo día: "El odio es propio del capitalismo, el amor es propio del socialismo `amaos los unos a los otros’ Cristo era socialista estoy absolutamente seguro".

17 de abril: "Esto es otro modelo que estamos construyendo y ustedes son lo más importante en este modelo de vida, el nuevo socialismo del siglo XXI, otra cosa distinta a lo que hemos vivido que es la causa de la pobreza y de la miseria de la mayoría y una minoría llena de riquezas. Nosotros no queremos ser ricos, acuérdense que Cristo dijo: `más fácil será que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre al reino de los cielos".

15 de mayo de 2005: "Cuando alguien me pregunta a mí, bueno Chávez ¿qué es el socialismo? Ciertamente tenemos que definir, esto es un proceso. El socialismo no es algo que esté construido, no, el socialismo es un proceso de todos los días en construcción".Y en el mismo programa: "Simón Rodríguez era un socialista, Simón Rodríguez murió en 1854, ya las tesis socialistas estaban comenzando a brotar y él se inscribió en la tesis socialista, porque siempre fue socialista. Si Simón Bolívar hubiese vivido 20 años más termina siendo socialista, porque los decretos de Bolívar apuntaban a un modelo distinto, a un modelo social, y por eso fue que la oligarquía echó a Bolívar".

22 de mayo de 2005: "Con los porcinos vamos al socialismo".

TEORÍA A LA MEDIDA

A la vista está que el comandante Chávez necesitaba con urgencia de una intelectualidad que viniera al rescate de sus intuiciones teóricas. Fue entonces cuando apareció en escena Heinz Dieterich, autor, entre otras, de la obra El socialismo del siglo XXI, escrita ! 211;segú n confesó el propio autor– "con el afán de responder a la convocatoria del presidente Hugo Chávez de inventar el socialismo del siglo XXI" y para "ayudar con una propuesta constructiva que va más allá de la mera crítica al capitalismo global o a las interpretaciones históricas de lo que Marx, Engels y Lenin `realmente querían decir". El libro pronto se convirtió en un best-seller (o, para ser precisos, en un best-gift que fue repartido entre la burocracia local), con veinte reimpresiones y más de 50 mil ejemplares repartidos.

Entre otros análisis, el libro revisa, desde el punto de vista teórico, la relación entre el socialismo de Marx y Engels y lo que Dieterich denomina los "proyectos históricos de Jesús y de Simón Bolívar". Y ¡eureka! hasta consigue entablar similitudes. Además, en las sucesivas reimpresiones, el autor añade un texto introductorio en el que, alternativamente, compara la gesta del presidente Hugo Chávez con las de Simón Rodríguez, Napoleón Bonaparte y de Carlos Marx, y donde hace afirmaciones tan temerarias y laudatorias como la que sigue: "En esta escenografía histórica, Hugo Chávez no sólo trasciende el alcance geopolítico de la praxis de la liberación de Simón Bolívar, América Latina y el Caribe, sino actúa, objetivamente a semejanza de Napoleón Bonaparte, si bien en un proyecto de clase diferente y con otros medios".

O esta otra: "Chávez ha sido, hasta ahora, la espada regional de la liberación antimonroeista de la América Meridional. Pero, con su pronunciamiento a favor de la construcción del `socialismo del siglo XXI’ o de la `nueva era’, su nuevo proyecto histórico asume la dimensión del de Simón Rodríguez, de la liberación de la humanidad desde la perspectiva de una sociedad sin clases, es decir, de una democracia real, participativa, postcapitalista".

Y luego, en un siguiente capítulo que titula "Hugo Chávez y Karl Marx", dice: "La larga noche de la teoría revolucionaria antiburguesa duró tres lustros hasta que el revolucionario Hugo Chávez la rehabilitó públicamente y le devolvió su estatus emancipador,! no solo en defensa de la humanidad sino en pro de su liberación definitiva. En ese sentido se justifica la frase `la revolución mundial pasa por Hugo Chávez".

DESENCANTO TEUTÓN

Pero aún dando por buenas sus teorías, no pasó demasiado tiempo para que se vinieran abajo las convicciones de Heinz Dieterich respecto al futuro de esa `democracia real participativa’ que acababa de describir como el sistema que político que se gestaba desde Venezuela.

La derrota de la reforma constitucional propuesta por Hugo Chávez, sometida a referendo en diciembre, hizo pensar a Dieterich que el Gobierno de Venezuela, y con éste los de Bolivia y Cuba, no sobrevivirían más allá del año 2010, si no se tomaban ciertas medidas. Esta vez, Dieterich no basaba su argumento sobre la constante "amenaza" de los "enemigos del Imperio" sino sobre razones internas, entre otras, sobre "el sistema vertical de conducción del proceso bolivariano".

Aunque con al menos cinco años de retraso, el teórico d el socialismo del siglo XXI descubrió que la "revolución" no era tal, que no era tan participativa como él se la figuraba; que el Ejecutivo, encabezado Hugo Chávez, ejerce su poder sin contrapesos institucionales: que el parlamento, el gabinete y el partido no son más que una caja de resonancia de la voluntad del Presidente.

En su artículo titulado "Derrota estratégica en Venezuela: peligro mortal para Venezuela y Cuba", Dieterich afirma que Hugo Chávez ni siquiera asiste a las reuniones de gabinete y que su relación con los ministros es bilateral y no colectiva; que el reconocimiento de su poder de veto por parte del gabinete se fundamentaba en el oportunismo de ministros que ejercen su poder a la sombra de una popularidad presidencial que, a estas alturas, está en tela de juicio; y habla del surgimiento de una "nueva clase política", tan corrupta y clientelar como la que Chávez quiso barrer del poder en 1999. Dieterich reconocía que la ! historia , al menos para su socialismo cristiano-marxista-bolivariano-robinsoniano del siglo XXI, había muerto antes de nacer.

PASTICHO IDEOLÓGICO

No había calculado el sociólogo alemán que, antes de que él, el argentino Norberto Ceresole también había jugado con sus teorías políticas en el laboratorio de Miraflores. Autor entre otros, del libro Caudillo, ejército y pueblo, Ceresole se definía a sí mismo como "sociólogo militar" y propugnaba la teoría según la cual los ejércitos estaban ungidos para conducir el cambio político en América Latina. Quién mejor, entonces, que Hugo Chávez, teniente coronel retirado, formado en la concepción vertical de los cuarteles, para ser su conejillo de indias.

Y si bien Hugo Chávez desechó en su momento la asesoría de Ceresole, es innegable –a juzgar por la conformación de su Gobierno desde 2000 hasta la fecha– que hoy día el comandante no entiende que pueda existir un partido político más eficaz que la Fuerza Armada Nacional, ni más convicción ideológica que la obediencia a la voluntad de líder.

Y si del uso instrumental que el comandante ha querido darle a la palabra y al pensamiento de Simón Bolívar se trata, pues en materia de libertades políticas y civiles ya se nota demasiado que el presidente no ha leído la máxima de El Libertador que dice: "La continuación de la autoridad en un mismo individuo frecuentemente ha sido el término de los gobiernos democráticos.

Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo a un mismo ciudadano en el poder: el pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía".

Con la contribución de personajes como Ceresole, como Dieterich, o como el nuevo gurú español Juan Carlos Monedero, la lasagna ideológica está servida en Venezuela. Con el ingrediente de sus "sesudas" teorías, apoyadas en la! gran fu erza interpretativa de Hugo Chávez, los debates de opositores y chavistas sobre Venezuela y su supuesto socialismo no se centran en la evaluación concreta de una gestión de gobierno, sino que terminan irreductiblemente en una representación rabelesiana, similar a la de Panurgo cuando quiso defender a su amigo Pantagruel en el debate de señas contra un catedrático inglés.

LA REVOLUCIÓN HUMMER

Mientras esa discusión transcurre, mientras teóricos de dudosa reputación hacen turismo político en Caracas, el cambio necesario en la sociedad venezolana –llámese revolución, llámese como sea– no termina de ocurrir. El gobierno de Chávez, con toda su retórica y provocación, no es sino una versión concentrada de la corrupción y el clientelismo que él tanto criticó en gobiernos anteriores, aderezada con una buena dosis de autoritarismo.

No hay nada de revolucionario en las políticas sociales de Hugo Chávez que, si bien en su momento hicieron que los sectores populares se sintieran visibles y representados, en poco o nada han contribuido a modificar las razones estructurales de inequidad que llevaron a Chávez al poder en 1999.

Solo por dar algunas cifras, para febrero de este año, 44% de las familias venezolanas tenían un ingreso equivalente a 557 bolívares fuertes, mientras que el costo de la canasta básica alimentaria durante el mismo período se ubicó en 2,546 Bs F. (Cabe decir que, hasta 2005, los venezolanos pagamos impuestos de 8% sobre alimentos que son considerados de la dieta básica como el queso blanco, la carne y las sardinas).

Del mismo modo, en este Gobierno que se autodenomina humanista, también se destinan más recursos del presupuesto a la defensa del Estado que a la salud.

En contraste, Venezuela es hoy en día el primer mercado de América, después de Estados Unidos, para el modelo Hummer de la General Motors, con un récord de 100.000 camionetas vendidas al año. Éste, de hecho, se ha convertido en el vehículo preferido de la nueva élite, llamada cariñosamente la "boliburguesía". En medio de un control de cambio férreo y discrecional que se ha prolongado por cinco años, el sector automotriz es el que más divisas ha recibido del Gobierno para importaciones, con 2.778 millones de dólares.

Bajo estas condiciones, si en algo se parece Chávez al mesías que Dieterich describe en su Socialismo del siglo XXI, es en que, como Jesús, se limita a resolver los problemas económicos y sociales del país exclusivamente por la vía de la fe.






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