Madre Candelaria se beatificó con sabor criollo

Por Venezuela Real - 28 de Abril, 2008, 20:41, Categoría: Dimensión Social

MARGARET LÓPEZ
UItimas Noticias
28 de abril de 2008

El reconocimiento de la iglesia católica también incluyó nombrar el 1° de febrero como su día oficial
Ambos estadios de la UCV estaban repletos de feligreses
Ascensión de José Gregorio fue la petición más calurosa del acto
La misa fue en el estadio Universitario de beisbol y todos los cantos se realizaron a ritmo de joropo, aguinaldo, merengue y tambor

Caracas. El estadio Universitario de béisbol estaba repleto aunque no se trataba de un juego Caracas-Magallanes. Jonrones, lo que se dice jonrones, tampoco hubo, a pesar de que cuando se mencionó el nombre del Dr. José Gregorio Hernández el recinto entero se puso de pie y coreó por la próxima victoria "José Gregorio, santo". Y la ceremonia, aunque fue dirigida por el enviado especial del Vaticano, el prefecto de la Congregación de la Causa de los Santos, José Saraiva Martins, jamás perdió su saborcito criollo en las dos horas de duración.

La madre Candelaria de San José tuvo el honor de ser la protagonista de la primera beatificación en suelo venezolano, pero en la historia quizás sólo se escriba como otro acto para "renovar la fe", como rezaba la estampa develada en la misa.

La beata.

Su primer evento eclesiástico fue el bautizo que le ofició el párroco de Nuestra Señora de Altagracia de Orituco el 27 de febrero de 1864, bajo su nombre real: Susana Paz Castillo.


Más tarde, cuando celebró su primera procesión de fe, el 31 de diciembre de 1910, ya se le conocía como la madre Candelaria de San José, pero ayer cuando ascendió finalmente a un escalón de la santidad católica, nadie pareció recordarla por su nombre de pila.

"La peregrina de María", "una humilde venezolana", "la hija de los Llanos", "la heroína de la fe", "la persona digna del honor de los altares" y "el valor espiritual del Orituco" fueron apenas algunos de los epítetos que se usaron para hablar de ella en la misa de beatificación.

A Milagros del Valle Candelaria Bermúdez, la figura en cuerpo y alma de la creencia en esa mujer que inició la Congregación de las Hermanas Carmelitas, le pasó todo lo contrario. A donde iba, o aquellos que pasaban al frente de su silla, todos la reconocían por ser "la niña del milagro".

Escúchanos, Señor.

Un racimo de plátanos topochos, maíces, yucas, berenjenas, tomates y una cesta abarrotada de rosas fueron las ofrendas que se le entregaron en una carretilla a la nueva beata. Sin embargo, la manifestación autóctona no caminó de la mano de la agricultura, sino de la creencia nacional.


Al momento de las plegarias se suplicó por los gobernantes, los indígenas, la paz de los pueblos, los presos y los enfermos, y apenas un susurro respondió.

Se pidió, una vez más, por que "el venerable Dr. José Gregorio Hernández brillará en los altares" y fue cuando el estadio resonó. El conjunto completo de los 35 mil seres humanos que estaban en el estadio de béisbol, más los otros 40 mil que veían la transmisión desde el Olímpico, gritaron: "Por José Gregorio".

El aplauso era difícil de medir, pero se pareció al escuchado cuando Johan Santana se ganó el primer Cy Young o cuando Miguel Cabrera hace de las suyas en esos templos estadounidenses del jonrón.

No en vano, un pequeño anuncio pagado por el creyente José Barrios aclaraba en la página 28 del Últimas Noticias de ayer: "Doctor José Gregorio Hernández, usted no necesita beatificación. Su beatificación la tiene a sus pies".

El arzobispo Jorge Urosa Savino apenas alcanzó a pedir que se construyan lugares más amplios para "cuando Dios quiera su beatificación".

Los protagonistas.

El periodista de modas Roland Carreño tomó la eucaristía de las manos del cardenal Jorge Urosa Savino y se disparó un flash de las cámaras.

A los alcaldes Henrique Capriles Radonski y a Leopoldo López y su esposa Lilián Tintori también les pidieron fotos. Los líderes estudiantiles Ricardo Sánchez y Stalin González prefirieron mantenerse sentados, mientras que el gobernador de Guárico, Eduardo Manuitt, permaneció quieto ante la mirada de los medios de comunicación social. Alguno que otro embajador se cruzó en la gráfica, aunque el centro de las miradas fueron siempre todos aquellos en la sección de la coral, dirigida por Luis Eduardo Galeán.

Su mano, más que llevar el compás de las voces, acompañó las cuerdas del cuatro para poner la nota venezolana a cada uno de los cantos litúrgicos.

Sonó el aleluya, pero en ritmo de aguinaldo; la paz en calipso, el credo en galerón (canto típico de la celebración de los velorios de cruz) y otros tantas alabanzas a Dios que iban al compás de la danza zuliana, del merengue caraqueño, del joropo y, por supuesto, del golpe de tambor.

La adaptación de la misa criolla, que pertenece a Humberto Salgredo con arreglos del propio Galeán, fue la responsable de mantener a todos despiertos en una celebración que se realizó en el país gracias al cambio que dictó el Papa Benedicto XVI en la Sanctorum Mater, donde se fijan las normas para la beatificación, en 2005.

La fiesta del estadio de este domingo fue para la "vida ejemplar" que le reconoció la Iglesia a una mujer venezolana. El primero de febrero desde ahora será el día oficial de la madre Candelaria de San José, esa que afirmó: "Sólo poseo el tesoro de mis pobres oraciones", y a la salida de su ascenso, permitió que se vendieran sus estampitas junto a los pinchos de un bolívar fuerte. Nada más venezolano.

PARAGUAS PA" TODO EL MUNDO
Los reportes climáticos no eran claros y hubo hasta quien le pidió como primer milagro a la beata que no lloviera. Al inicio de la misa, uno de los arzobispos salió con el rostro cubierto de protector solar, y su acción estaba más que justificada.

El Sol fue otro de los que acudió a la cita, por lo que los miembros de la coral, los sacerdotes e incluso algunos integrantes de la prensa recibieron paraguas blancos para protegerse del bronceado desde muy temprano en la mañana. A los creyentes, en cambio, sólo les quedó sacar su previsión para la lluvia, sin importar que fuera de rayas, de cuadros, floreado o de muñequitos.
 
 HABLA LA GENTE
Belkis Navarro (educadora)
"Hoy vine con la gente de mi Colegio Divino Maestro (del 23 de Enero) para un evento religioso muy grande que se ve, desde que llegamos, que ha estado bien organizado".

Luis De Barros (estudiante del Colegio Los Arcos)
"Nunca habíamos tenido esta experiencia. Nos avisaron hace tres semanas y tuve la suerte de quedar entre los invitados. Todo es muy fino".

Pedro Torres (seminarista de Carúpano)
"Esto es un indicio más para renovar la fe. Es una fe criolla porque ella compartió con nosotros. Por eso, ves aquí gente de Guárico, Valencia y de Mérida".

Luis La Rosa (familiar de la beata)
"Hace unos cuantos años, escribí un texto donde ya la llamaba otra santa venezolana y con esto se cumplió el deseo que pidió la otra beata, la madre María de San José".

John Pomares (ex seminarista caraqueño)
"Este es un regalo hermoso para que todos los católicos en Venezuela mantengamos la fe en ella, en la perseverancia y en el Espíritu Santo".

Ana Cecilia Escalona (misionera del Perpetuo Socorro)
"Vinimos desde Barquisimeto porque su vida consagrada es un ejemplo que debemos seguir todos en nuestras vidas".








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