FRANCK VILORIA BARAZARTE
El Nacional
01 de mayo de 2008
Los regímenes se agotan.
Envejecen. Sucedió y sucede con el poder. El tipo de agotamiento del poder que nos interesa destacar ahora es el que ocurre cuando un gobierno no es capaz de satisfacer las necesidades básicas en un ambiente de libertades, en un proceso vinculado al crecimiento económico y a la cultura política del país.
Una nueva distribución del poder en Venezuela desde 1999, la multiplicación de organizaciones sociales amparadas por ese poder, y la decisión del Estado de asumir un socialismo fundamentalmente ortodoxo, (estilo cubano), polariza la discusión entre socialismo o capitalismo, entre empresa privada y estatismo; limita las posibilidades de solucionar los grandes problemas del país; pone en riesgo y hace vulnerable el Estado de Derecho y la consolidación de una verdadera democracia representativa y participativa con partidos políticos e instituciones fuertes; todo ello a partir de simplificaciones teóricas y de tonos de corte rupturista que encuadran el conflicto en la típica distinción amigo-enemigo. En ese orden de ideas, serían enemigos, por ejemplo, los propietarios de tierras productivas y empresas exitosas, quienes de alguna manera convocan la codicia o los resentimientos de algunos; el delito reside en "ser rico", y el castigo, además de una incesante y descalificadora guerra verbal contra los "capitalistas", consiste en la consumación de invasiones y expropiaciones que sólo contribuyen a sacar del mercado productivo bienes de primera necesidad, cuya escasez y encarecimiento se hacen intolerables. Todo ello agravado por la circunstancia actual, a escala mundial, de una sustancial merma en la disponibilidad de alimentos, acompañada del encarecimiento de sus precios, lo que amenaza con convertirse en uno de los más graves problemas de la humanidad en los próximos años: el hambre.
Triste paradoja que en vez de aprovechar ese favorable escenario internacional para incrementar la productividad agropecuaria, estemos acabando con el esfuerzo continuado de muchos, en nombre de un pretendido futuro mejor que nunca llegará, de lo cual abundan los ejemplos, entre los cuales destaca por cercano y emblemático, el rotundo fracaso de la agricultura cubana, imposible de esconder.
Los productores del Valle del Turbio, Sidor y las cementeras son los "enemigos de turno", falta ver quiénes les siguen en este enloquecido accionar de un gobierno que luce cada vez más desesperado frente a un evidente agotamiento de su capacidad para garantizar las necesidades básicas de la población, lo que se convertirá en una espada de Damocles que se precipitará sobre él, en noviembre, con un cambio substancial del mapa político nacional.