A lo que hemos llegado

Por Venezuela Real - 2 de Mayo, 2008, 14:44, Categoría: Derechos Humanos

ÁLVARO G. REQUENA
El Nacional
02 de mayo de 2008

La vida en Venezuela es una montaña rusa. Hoy nos dicen una cosa y mañana dicen lo opuesto. Hoy imponen algo, a los días lo dejan de hacer; se proponen normas y reglamentos que después no se cumplen; nos informan de asuntos que son todo lo contrario; se toman situaciones objetivas y tangibles, como subjetivas y manipuladas.

Los otrora decentes, hoy no lo son, y quienes fueron luchadores, rebeldes y democráticos, hoy son considerados asalariados sumisos del imperio perpetrador.

Errar es de humanos, pero errar tanto y tan frecuente, sin corregir ni enmendar, es una actitud política autoritaria, desvinculada del ciudadano común y obtusamente obstinada.

El Gobierno actúa con improvisación y premura; las emociones inútiles como el revanchismo, la envidia y la rabia, les llevan a precipitarse y plantear cuestiones inconclusas, apresuradas y reveladoras del desconocimiento de las realidades que pretenden modificar.

Por años criticamos a los adecos por sectarios. Realmente, nunca supimos con exactitud, hasta ahora, qué era ser sectario y parcializado.

Criticamos a los copeyanos porque pusieron uniformes a los estudiantes y porque no repartían con todos las bondades del poder. Hoy, el rojo es el color oficial y la lista Tascón ha dado paso al PSUV.

Los venezolanos somos ciudadanos irrespetados en demasía; somos objeto de experimentos educativos con teorías inéditas, incompletas y no bien elaboradas, que además persiguen la ideologización política y no la formación para el conocimiento amplio, útil y productivo; estamos sometidos al desprecio de nuestras decisiones, y se pretende imponernos aquellos conceptos que rechazamos con nuestros votos en diciembre de 2007; somos víctimas de las mentiras y los montajes urdidos por quienes, supuestamente, representan la justicia y la legalidad.

Las acciones del Gobierno, al sustituir o asumir la industria privada, han sido un fracaso. Empresa del Estado no es igual a empresa privada, y no son conceptos intercambiables. No es cuestión de dueños distintos, es cuestión de esencia. Es hora de que el Gobierno entienda eso y deje de intentar esos cambios de propiedad tan inútiles.

Terrible ha sido la merma en la producción de alimentos y la desinversión agropecuaria. Al asumir el Estado la producción y la distribución de alimentos, además de la regulación sanitaria y la planificación económica, se paga, se da el vuelto y no tiene dolientes. Cae la producción o no aumenta, se instituye la escasez y se incrementan las importaciones en paralelo al crecimiento de la población y de su poder adquisitivo.

Esta breve e incompleta lista de abusos e inconsistencias refleja, más que la incapacidad gubernamental, la inacción de los conciudadanos que inclinan la cabeza o se quejan, pero que no están reaccionando ante la evidente imposición y falta de respeto. Gritar por un dolor no cura el dolor, aunque disminuya momentáneamente la tensión causada por el problema. Quejarse repetidamente alivia, pero la causa del dolor sigue allí; hay que tratar el problema, hay que buscar la manera de impedir el abuso y la falta de respeto. Si quienes representan la justicia y la ley no lo hacen, tendremos que hacerlo los demás por las vías que conozcamos mejor. Las mías son y seguirán siendo: la expresión pública de mis opiniones, la resistencia activa no violenta, la participación activa en la comunidad y el ejercicio a ultranza de mis derechos ciudadanos.
 
 
 
 






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