PEDRO LLORENS
El Nacional
04 de mayo de 2008
El robusto bigotudo, mejor criado que cultivado, al que el Presidente -tan afectuoso él, tan confianzudo él, tan resentido él y tan racista él- llama el negro Rangel, y lo hace por televisión, o por cadena de radio y televisión, en lugar de llamarlo por su nombre, Gustavo, si acaso es "pana", o por sus apellidos Rangel Briceño, como sería lo normal, o por su rango, general en jefe (más que teniente coronel, por si acaso), es el protagonista del último intento de la cúpula militar de cerrar el paso a los que han sido llamados militares institucionalistas, que defienden la obligación de ajustar la actividad castrense a los mandatos de la Constitución. Nada de rojo rojito, más propio de funcionarios faltos de entereza y valor, tampoco de Patria, Socialismo o Muerte.
Guiado por un desesperado impulso de pegar muy duro o de jalar muy fuerte, de ser posible en la pata misma del badajo, el "soldado" (así se autodenominan, en un alarde de humildad balurda, cuando ya han superado la meta del millón de saludos con el "mi" delante, mi comandante, mi general, mi primero a bordo, mi...jefe máximo), defiende su última colina mientras tramita el aplazamiento de su pase a retiro, previsto para el próximo 5 de julio, pues desea seguir al servicio del autócrata (católico al fin) hasta que la muerte los separe: "Aquí se nos va la vida en lo que estamos haciendo y esto es hasta la muerte". Si no fuera tan bocón no tendría la panza que tiene.
Pero además, no contento con hacer sonar todas las campanas del reino para proclamar su condición de vasallo del autócrata, se permitió llamar cobardes y burros a sus colegas institucionalistas, influenciados por Baduel, por no enfrentar a una oposición que calificó de "pacíficamente violenta", haciendo gala de una vena que le habrá venido pegada del último mondongo que devoró, aunque no por aquello de que "tiene cara de..." podamos negarle aficiones culteranas. Las tienen muchos militares, tan apasionados por la opera clásica, que llegan al colmo de pedir por Internet una versión de Tannhäuser de Wagner doblada al español.
El Presidente, vivamente emocionado, elogió al negro Rangel, de quien alguna vez habrá dicho, tal como lo hace con todos los subalternos de color, "es más negro que yo...
pues en realidad lo que soy yo es (sic) indio". –El discurso, además de bueno, fue claro– dijo Chávez.
–No nos pisotearán nunca más– respondió Rangel. Hizo como el hombre del cuento de Mariano Rocha, que estaba sólo con su perro, y cuando le comentaban ¡bonito el perro!, se limitaba a responder, ¡y lo que le gusta el monte!