La segunda revolución cubana

Por Venezuela Real - 5 de Mayo, 2008, 13:20, Categoría: Política Internacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
05 de mayo de 2008

Durante estas últimas semanas, los cubanos han comenzado a adentrarse en la modernidad. Computadoras con acceso a Internet, telefonía móvil, la transmisión de populares series de televisión como Los Sopranos, la posibilidad de hospedarse en cualquier hotel de la isla, el derecho de viajar al exterior sin las limitaciones absolutas del pasado. Servicios y productos que forman parte indivisible de la vida cotidiana de todos nosotros, pero que para ellos, sometidos a los rigores de una inexorable vida espartana, de desquiciada escasez material y espiritual, representan un salto cualitativo sin precedentes.

La importancia de estos cambios, risibles en el resto del mundo, son de tal magnitud para el futuro de Cuba que sus gobernantes creyeron oportuno organizar un Congreso de la Uneac, Unión de Escritores y Artistas Cubanos, no para alabar una vez más la política cultural del régimen, sino para que ese cónclave fuera foro propicio donde fijar las líneas maestras del nuevo Gobierno cubano en una materia tan delicada como la teoría y la práctica del socialismo a la cubana. Por esta razón estuvieron presentes en el encuentro el nuevo presidente cubano y real animador de los cambios, Raúl Castro, y la plana mayor del gobierno revolucionario. Y por esta misma razón también, Eusebio Leal, historiador, artífice de la restauración física de la Habana Vieja y uno de los hombres de mayor confianza intelectual y política de los hermanos Castro, fue el encargado de resumir en un largo discurso la naturaleza de esta nueva etapa del proceso cubano.

"Todos estamos esperanzados" ante estos cambios, señaló Leal. "¿Por qué? Porque el país, efectivamente, asume que lo que hasta ayer no fue conveniente o prudente, hoy es necesario". Tras este pragmático reconocimiento de la realidad, Leal definió el posible alcance, ¿inalcanzable?, de los cambios. "No es, como dicen nuestros mortales enemigos (el Gobierno de Estados Unidos), un tema cosmético. Se están tocando cosas profundas".

Al parecer, tan profundas que desde el refugio donde escribe sus periódicas reflexiones que se publican en Granma, antes Reflexiones del Comandante en Jefe ahora sólo del compañero Fidel, el líder de la Revolución Cubana lanzó una voz de alerta sobre los peligros que acarrea para la revolución hacer concesiones a la ideología enemiga y caer en la tentación consumista. En ningún momento se refirió directamente a las medidas adoptadas por el gobierno de su hermano, pero todo el mundo entendió el sentido de su mensaje. De acuerdo con Fidel Castro, inconmoviblemente subordinado a sus principios socialistas, cualquier desviación ideológica constituye un peligro de muerte para la revolución: según su concepción y su experiencia de la historia cubana, sólo la aplicación a rajatabla de un inflexible rigor ético, más jesuita que marxista aunque él no lo admita, le ha permitido a Cuba resistir el acoso y los ataques de Washington durante medio siglo de confrontación.

Por supuesto, los cambios que hoy comienzan a producirse en Cuba, y que sin la menor duda se acelerarán después de la muerte de Fidel Castro, afectan la ya de por sí muy debilitada conciencia revolucionaria del país. Pero por otra parte, sobre todo después de sufrir los agobios y las crudezas del llamado período especial, la extenuada lealtad de los cubanos a un sistema que no le brinda ninguna ilusión sobre el futuro individual y colectivo de la población, había colocado la paciencia del país en un punto de riesgo excesivo.

Como decía Leal, lo que antes no era conveniente o prudente, eufemismo para disimular la mentalidad absolutista del régimen, ahora se hacía necesario. Es decir, que las cosas o comenzaban de inmediato a cambiar en Cuba, por muy elementales que fueran esos cambios, o el estado de insatisfacción general podía llegar a provocar una catástrofe de consecuencias imprevisibles.

Fidel Castro tiene motivos para exigir la aplicación de una defensa numantina de los principios de su revolución. Al fin y al cabo, es lo que siempre ha hecho. Todo o nada, al precio incluso de llevar el planeta a una guerra nuclear. Pero el sentido práctico de Raúl Castro, más apegado a la tierra que su hermano, le indica otro camino. Mejor, mucho mejor, atemperar, por ahora bajo control oficial, el carácter de la Revolución Cubana, que perderlo todo y, de muy mala manera caribe, en un solo suspiro. De eso se tratan estos cambios. En definitiva, así no se lo crean sus promotores, estos días se inicia una segunda Revolución Cubana.
 
 





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