¿Gobernar contra?

Por Venezuela Real - 7 de Mayo, 2008, 16:29, Categoría: Cultura e Ideas

Antonio Cova Maduro
El Universal
07 de mayo de 2008

La única vía es la del "lulismo" de Brasil: gobernar sin acorralar, sin "leprosear" a los otros

Cuando se haga, por fin, la historia del atormentado siglo XX, aparecerá estelar un rasgo aterrador: la idea de gobierno como el intento por aplastar al otro, al que disiente, al que tuvo la mala pata de nacer con otro color de piel, de orar a un Dios distinto o, peor, al mismo Dios desde la acera de enfrente. Quizás por eso mismo ese siglo produjo a un hombre como Carl Schmitt quien definió la política, justamente, como un enfrentamiento definitivo entre mundos que se adversan y se odian. En una situación definida así, la política entonces es el intento por aplastar al otro.

Los resultados ya los conocemos: desde lo que el historiador alemán Ernst Nolte llamó la "guerra civil europea", que va de 1917 a 1945 y que enfrentó a esos dos fenómenos del siglo XX que fueron los partidos de masas: los comunistas y los fascistas que ensangrentaron, no sólo a Europa sino a todo lo que tenía que ver con ella; hasta las terribles guerras que se han prolongado hasta nuestro novel siglo.

El siglo XX fue el siglo de los campos de concentración y de su otra cara en el mundo comunista, los gulag. Fue el siglo de la "reeducación" y también el de la eliminación programada de grupos enteros de la población, como los que adornaron al estalinismo. Fue el siglo donde la lucha de clases dejó de ser un comentario de cafetín para convertirse en una política de Estado. Fue el siglo de los holocaustos y los appartheids. Fue, en resumidas cuentas, donde se conquistó el poder para acorralar y destruir a quienes no estaban de acuerdo.
Derechos Humanos

Pero también fue el siglo donde se denunció estentóreamente la inhumanidad de los poderosos y donde, por fin, se pudo crear una nueva concepción acerca de lo que implica -y obliga- el nacer humanos. Ha sido el siglo de los derechos humanos en todas las formas en que eso se expresa y también el de la liberación de las minorías acorraladas: el siglo que convirtió en una mala palabra el antisemitismo y que proclamó que los negros son absolutamente iguales a los blancos. Fue el siglo que descubrió -y denunció- la opresión de las mujeres y de los homosexuales.

Por eso podemos comprender que fuera otra alemana la que ofreciera la opinión contraria a lo que postulara Schmitt. Se trata de la gran filósofa política Hannah Arendt, muy familiar para esta columna. Tantos esfuerzos dedicó a redescubrir y enaltecer la política en un tiempo en que era de buen tono denigrar de ella, que bien ganado tiene el aprecio del que hoy goza. Fue ella la que nos insistió en que "por tener que vivir juntos los diversos es por lo que existe la política".

Si el mundo es cada vez más diverso y si todos se sienten con derecho a vivir y disfrutar de lo que él ofrece, entonces no hay más remedio que diseñar -y cuidar con esmero- un ámbito que todos podamos reconocer como nuestro. Pero hay más: para que la diversidad termine siendo beneficiosa y no el origen y la razón de la anarquía y el caos, es esencial que aprendamos a convivir, aun aceptando que no somos iguales. Por resistirse a ello es que los chinos ven desvanecerse la idea que tan exitosamente nos vendieron: todo el mundo feliz con el bozal de arepas que daban a tibetanos y otras minorías. La revuelta que hoy confrontan no dejará de extenderse hasta que acepten a los otros y respeten sus derechos.
Una lección

Hoy ha tocado encarar esa dura lección a los latinoamericanos. Prevalidos de un sentimiento viejo de exclusión y desamparo han brotado por doquier unas sectas radicales que nacieron torcidas. Creyeron que el "resentimiento", que tanto sirve para destruir, puede ser la base y la amalgama de sociedades felices. Creyeron, torpemente, que la felicidad común podía construirse desde la tumba desolada de gran parte de la población.

Que eso no es posible -nunca lo fue ni lo será- lo muestra la revuelta contra Evo Morales. Está allí, sonora y estruendosa, por más que toda la batería de medios del régimen chavista la desconozca. Y él tendrá que aprender que o reconoce y acepta a los que le adversan o sus días, trágicos y patéticos, están contados.

Ni allá ni acá hay chorro de real que lo evite si se lo distribuye con "criterio de exclusión". Es una lástima que el grueso de esta izquierda odiosa y resentida que hoy gana elecciones en países marginales, no entienda que la única vía es la del "lulismo" de Brasil: gobernar sin acorralar, sin "leprosear" a los otros. Vamos viendo que la izquierda que ha seguido al chavismo no es otra cosa que una izquierda suicida. Por eso la historia será implacable con ella.





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