Días de lluvia

Por Venezuela Real - 11 de Mayo, 2008, 16:24, Categoría: Cultura e Ideas

MASSIMO DESIATO
El Nacional
11 de mayo de 2008

" La Revolución Francesa ha creado hasta ahora una sociedad nueva. Todavía está buscando su gobierno". Así escribe Nietzsche en 1884. En Venezuela, se ha creado un gobierno revolucionario que, sin embargo, todavía busca una sociedad nueva que se le corresponda. Gobierno y sociedad venezolana se encuentran desfasados.

Este desfase consiste en que los individuos de esta sociedad, sacudida por el gobierno revolucionario, no rebasan el nivel de las luchas y de los conflictos particulares; más bien, ven en ellos el amanecer de una "nueva sociedad". Sólo cuando chocarán contra el desconocido poder de una realidad que les resultará extraña, se percatarán de que las aspiraciones individuales, en el marco de un gobierno revolucionario, son el ocaso y no el amanecer de la "nueva sociedad". Revolución y aspiraciones individuales se rechazan mutuamente dando lugar a un "gobierno revolucionario" siempre a la zaga de sí mismo. Desde luego, "nuestros revolucionarios caseros" nada saben de todo esto, pero lo hacen: hacen lo que no saben...

¿Por qué hacen lo que no saben, puesto que el costo social es elevadísimo? ¿Puesto que la misma revolución es sólo un gobierno y no una sociedad? ¿Por qué gran parte de lo que debería corresponder a un "sujeto revolucionario" realmente inscrito en la sociedad no trata de corregir esta situación? En síntesis, ¿por qué Venezuela no comprende su propia historia, precisamente en el momento en el cual, si de revolución se trata, más necesita hacerlo? Creo que dos son las razones; razones de carácter cultural y existencial. Primera razón: "Es lo mismo, la misma piedad, la misma llamada de socorro, la misma debilidad de juicio, la misma superstición, digamos, que consiste en creer en la solución política del problema personal". La masa que debería ser "el sujeto revolucionario", anclado en la sociedad misma, espera que la política, tristemente reducida al gobierno revolucionario, le resuelva los problemas. Así son "el objeto de la revolución": su fachada.

Segunda razón: el común de los venezolanos se parece a la siguiente descripción: "Era por lo demás, uno de esos hombres que prefieren `asistir’ a su propia vida y consideran improcedente cualquier aspiración a `vivirla’. Habrán observado que son personas que contemplan su destino de la misma forma en que la mayoría acostumbra contemplar un día de lluvia".

Porque vivir la vida significa exponerse y cargar sobre los hombros la libertad. Asistir a la vida es practicar una suerte de fatalismo que se presta a la perfección para el juego preferido de gran parte de la población venezolana: el victimismo.

Si no se vive la propia vida, si no se acepta la propia parte de libertad en el entramado de la sociedad, se puede siempre decir, cuando las cosas no salen como uno creía, que la culpa la tiene el otro, el "malo": que uno es la víctima de un largo tiempo de explotación que sólo el gobierno revolucionario puede quebrar.

Se asiste a la propia vida y al gobierno revolucionario como se contempla un día de lluvia. Y llueve sobre el gobierno y la sociedad toda.

Una nueva educación debe preparar para que la vida sea vivida por cada cual; por una vida que no tema la libertad. Debe romper el hábito de asistir a los días lluviosos de una Venezuela cada vez más ahogada en sus petrodólares, y cada vez más narcotizada por este consumo a ráfagas, como cuando la lluvia arrecia, y, cafecito en la mano, uno, siempre la víctima, la contempla en su tropical furia.





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