La importancia política del culillo

Por Venezuela Real - 11 de Mayo, 2008, 16:21, Categoría: Política Nacional

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
11 de mayo de 2008

"A medida que pasa el tiempo, todo indica que las elecciones regionales de noviembre han sometido al poder a una angustiosa perturbación del ánimo"

Culillo es una palabra peculiar.

Tiene la delicadeza de la raza de los diminutivos, pero también está ligada a una raíz redonda, a una grosería que retumba con peso propio en el lenguaje. Culillo es un injerto. No posee la ambigua elegancia del flequillo, pero tampoco pertenece a la simple vulgaridad del rabo. Es una mitad de difícil clasificación. Otro híbrido tropical.

Por eso me encanta. Porque su definición está más acá o más allá del miedo. Tiene otra sutileza. Se trata de un temor administrado. De un cosquilleo en la sangre, que puede esconderse pero que, tarde o temprano, termina expresándose de muy diferentes maneras. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos ofrece un puntualidad excelente: "perturbación angustiosa del ánimo". Hay que saber vivir con eso puesto.

No es tan sencillo. El culillo no es un grito. Disfraza el pavor pero mantiene una ansiedad encajada en la respiración. No sabe dónde poner los nervios mientras está obligado a aparentar que no tiene nervios.

Sonríe y jadea, al mismo tiempo. Se contradice. El culillo no es un grito, pero vive a punto, está siempre domesticando su propio alarido.

La palabra ha estado repicando a mi alrededor desde hace muchos días. No es un saboteo caprichoso. Ella sabe que estamos en su hora, que la realidad la necesita, que tal vez, en estos momentos, ella sea una eficaz manera de nombrar un pedazo de estos días. Porque, según parece, eso es justamente lo que le ocurre al Gobierno. Sí. Este gobierno tan recio y tan radical, tan militar y tan pomposo tiene culillo. Mucho culillo. Muchísimo culillo.

A medida que pasa el tiempo, todo indica que las elecciones regionales de noviembre han sometido al poder a una "angustiosa perturbación del ánimo". Ni siquiera todo el dinero que derrochan, sin pudor y sin control, parece calmarlos. Su inseguridad es cada vez más obvia, más torpe. El caso de la inhabilitación política a Leopoldo López, y a otros dirigentes de la oposición, es una muestra demasiado evidente.

La fragilidad legal de la medida, las debilidades y lagunas que han marcado todo el proceso, sólo pueden sonar a desespero, a susto, a culillo envasado al vacío, a culillo químicamente puro.

De nuevo, la experiencia política del partido Podemos ha destacado y, esta semana, Ismael García, con el simple ejemplo de Régulo Hernández, ha propuesto un desarme de todo el engorroso andamiaje con el que los poderes públicos y las instituciones buscan complacer al Gobierno.

La insistencia del poder, sin embargo, sólo sirve para desnudar su propia fragilidad.

Probablemente, victimizar al alcalde de Chacao de esta forma, transformarlo en héroe de la pluralidad civil y popular frente al abuso autoritario, sólo logrará darle a Leopoldo López más poder que el pudiera alcanzar si llegara a triunfar en las elecciones, si llegara a ganar la Alcaldía Mayor.

Otra muestra evidente de este ánimo angustioso que envuelve ahora al oficialismo es lo ocurrido en el estado Lara con Henry Falcón.

La arrogancia del poder central sentenció de manera inmediata su expulsión del partido. Muller Rojas estaba, en rigor, cumpliendo estrictamente con las tantas amenazas que tanto había derramado Chávez en varias de sus alocuciones públicas. Se portó como un militar. Ordene, comandante, ordene. Sin consultar.

Reaccionó devotamente, siguiendo una instrucción.

Pero, pocos días después, esa misma arrogancia se trabucó en balbuceo. Pasaron de la furia militante a un confuso sí pero no, no pero sí, quién dijo qué... El recién estrenado PSUV, entonces, de pronto, dejó de ser un partido y, sin mayor explicación, apareció ante el país como un gran club de culillúos.

Pero ya no le tienen miedo a Chávez. O mejor: ahora le tienen más miedo a la realidad. Y todo esto, además, devela otra gran herida en las pretensiones históricas del Gobierno ¿A qué responde, en verdad, la llamada revolución bolivariana? ¿Frente a qué reacciona? Su culillo nos revela, ahora, que no la mueve un proyecto político, que su motor tampoco es esencialmente una agenda de país, ni siquiera un pensamiento de izquierda, articulado, dinámico... estamos ante un gobierno que sólo atiende a las encuestas. Que actúa, que cambia y se muda, de acuerdo con los resultados de sus encuestas. Más que ideología, tiene estudios de opinión; más que bolivarianismo, tienen sondeos.

La mano invisible del mercado también está detrás de la revolución.





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