VALENTINA OROPEZA
El Nacional
12 de mayo de 2008
Alí Rodríguez Araque afirmó que las relaciones personales entre Hugo Chávez y Raúl Castro son estrechas
Ex canciller asegura que los nuevos funcionarios renovarán la Casa Amarilla
Confirmó su retiro de la Embajada de Cuba. Las relaciones con el principal socio político de Venezuela están en manos de la ministra consejera Vivian Alvarado. Afirmó que un título universitario no hace a un diplomático
La construcción del Partido Socialista Unido de Venezuela sacó por completo a Alí Rodríguez Araque de la arena diplomática. Hoy se ocupa de pensar las bases programáticas de la organización y dirigir la vicepresidencia en los Andes, en lugar de coordinar la relación entre Venezuela y Cuba.
El ex canciller asegura que abandonó definitivamente la Embajada de Venezuela en La Habana y, por ahora, la ministra consejera Vivian Alvarado es la encargada de coordinar los vínculos con el aliado más cercano de Miraflores. No hay nombres para sustituirlo, pero acalla las especulaciones tajantemente: "El presidente Hugo Chávez escogerá un nuevo embajador cuando lo considere pertinente. Esto no es ningún signo de distanciamiento político con Raúl Castro".
Durante su estadía en la capital cubana siguió de cerca la preparación de los funcionarios jóvenes del Ministerio de Relaciones Exteriores que son enviados a la isla para hacer maestrías en Relaciones Internacionales, y ocupar puestos clave en la Cancillería cuando hayan aprendido la cartilla diplomática cubana.
Aunque este grupo de privilegiados, conocidos dentro de la Casa Amarilla como los "marielitos", despiertan recelos entre sus colegas por saltarse los rangos en la carrera diplomática y ascender a puestos de decisión en apenas uno o dos años, Rodríguez Araque apunta que la revolución los necesita.
–La Cancillería tiene un intercambio de formación muy dinámico con las entidades que forman diplomáticos en Cuba. ¿En qué consisten esos programas?, ¿qué tan arraigado está el modelo de diplomacia cubana en el Ministerio de Relaciones Exteriores?
–Los grupos son enviados para hacer maestrías en el Instituto de Relaciones Internacionales Raúl Roa. Estudian la historia de la diplomacia, de la economía, de las relaciones internacionales, idiomas, y todo lo que se ve en un posgrado.
–Los programas de intercambio son más fluidos con Cuba que con otras cancillerías altamente profesionalizadas como la brasileña.
–Hay acuerdos con varios países. Cuando fui canciller se habló de firmar convenios de intercambio con Brasil, todo eso debe estar concretándose.
–En marzo, la Cancillería publicó la lista de sus máximos representantes en el extranjero. En ella se revela que apenas 16% de los embajadores del servicio exterior son de carrera. ¿La nación corre peligro cuando escoge funcionarios por su color político y no por su calidad profesional?
–Desde luego que el estudio de la carrera diplomática es importante, pero no es esencial. Los mejores diplomáticos de la historia no estudiaron en la universidad. La diplomacia tiene que ser política porque eso es lo que hace un funcionario en el exterior. Las relaciones exteriores son las más políticas de todas las relaciones. El buen diplomático, antes que nada, tiene que tener una comprensión amplia y profunda de los intereses de la nación, para que pueda defenderlos. Además, debe tener conocimientos de la geopolítica mundial. A fin de cuentas, a la diplomacia le corresponde la tarea de proyectar la política interna.
–¿La Cancillería no se equivoca cuando arrincona a los funcionarios de carrera?
–No se trata sólo de afinidad ideológica. Se trata de intereses políticos y ni siquiera son partidistas. Hay que ver cuáles son hoy los intereses políticos de Venezuela. Todos los Estados envían funcionarios políticos para representarlos en el exterior. Un título universitario no hace a un diplomático.
–¿Qué referencias concretas está tomando la Cancillería venezolana de la cubana?
–Más de 80% de los diplomáticos cubanos, cuando empezó la revolución, venía de la calle, porque los empleados que había dentro de la Cancillería en esa época respondían al régimen de Fulgencio Batista. Y la nueva política requería de nuevos funcionarios. A pesar de todo lo que han hecho los grandes imperios del mundo para oprimir al régimen cubano, tienen relaciones con casi todos los países del mundo.
Tienen embajadas en África, incluso más que Europa.
–Desde 2005 no se hacen concursos de oposición en la Casa Amarilla. ¿Llegó el momento de que el socialismo del siglo XXI comience a profesionalizar a sus diplomáticos?
–No podría responder qué pasa con los concursos de oposición porque ya no soy el canciller. Sin embargo, puedo señalar que en el aparato público tienen que ingresar nuevas generaciones. Eso ocurre, más aún si hay un proceso revolucionario, con una nueva visión multipolar. La necesidad de los académicos y de carrera es un prejuicio tonto. No estoy negando a la academia, pero cada cosa en su sitio.
–Además de Cuba, ¿qué otras modelos de cancillerías debería tomar el servicio exterior venezolano?
–Creo que en todos los países hay siempre referencias.
En América Latina podría ser la legendaria Itamaraty, Colombia, y la nuestra también, porque estamos mejorando cada día.
–¿El Gobierno venezolano celebra la apertura económica que promueve Raúl Castro? Él parece estar tomando la dirección contraria a la que Chávez proclama para Venezuela.
–Son especulaciones, tonterías de gente ociosa. Este proceso comenzó con Fidel, quien resistió las situaciones más duras del cerco y ha ido superando la situación económica. Esa misma política es la que sigue Raúl.
–¿La relación entre Raúl y Chávez es tan estrecha como la que tiene con Fidel?
–Es una excelente relación.
No sólo es personal, va mucho más allá. Es la unión entre países hermanos, como lo somos con otras naciones de América Latina. Ahí está Bolivia, Nicaragua, y cada vez más el continente se gira en la misma dirección.