A mis compatriotas solamente

Por Venezuela Real - 13 de Mayo, 2008, 16:43, Categoría: Cultura e Ideas

Asdrúbal Aguiar
El Universal
13 de mayo de 2008

Nuestro país vive una fractura social e institucional severa

La democracia, decía bien Norberto Bobbio, es o equivale al gobierno del poder visible. Lo afirmaba para enfatizar el reclamo de transparencia en la política. Pero la figura sirve para recordarme, y para recordar a los venezolanos, que nuestro objetivo inmediato no son sólo las elecciones de gobernadores y alcaldes. Dada la hora, el quehacer por Venezuela, como nación y proyecto común, ha de hacerse también evidente.

La singladura de la tarea democrática, dada la difícil circunstancia que transitamos, exige, pues, de algo más que de la oferta vecinal y proselitista o de la interpretación de las necesidades propias -que son muchas y hasta vergonzantes- de los habitantes de los estados y de los municipios.

Soy consciente de que es difícil pedirle a la gente que piense en el país como un todo cuando su "patria de campanario" arde por los costados, dado el fracaso del misionerismo revolucionario. Pero el sentido de lo venezolano, si no urge al común mal puede escaparse a la angustia de quienes en la hora presente aspiran y luchan por ser nuestros conductores desde la localidad.

Puedo decir, con la perspectiva amplia que me da la distancia en la observación de nuestro cuadro doméstico, que el momento reclama más de líderes que de candidatos; siendo lo deseable que contemos con candidatos con el fuete y la mirada aguda de los liderazgos. La reflexión no es ociosa.

Cuatro circunstancias horadantes penden sobre el destino la República y casi que anuncian su final bajo la enfermedad de la indiferencia o del cansancio de la opinión, que es hija, aquélla, del atomismo y de la pérdida del sentido de la "comunidad" política.

Una es, que a pesar del claro mensaje refrendario del pueblo al Presidente, para que olvide su proyecto personal, autoritario, excluyente y socialista, el mismo sigue adelante con desprecio del "todo" nacional, sin que las instituciones encargadas de proteger al Estado de Derecho y de resguardar a la democracia se inmuten.

Otra, que sus querencias por la guerrilla colombiana no son pasiones de solitario. La documentación que emerge cada día muestra su veracidad, su naturaleza turbia e incluso atentatoria de la seguridad de los venezolanos.

La siguiente, que el armamentismo y la movilización de su gente para la guerra de guerrillas, no son una especulación. Finalmente, que no bastando lo anterior, recién amenazó con intervenir en Bolivia, y al costo que fuese.

Dada la experiencia y el agua corrida no sugiero a nuestro liderazgo democrático que corra a tocarle las puertas al señor Insulza, suerte de "médico forense" internacional. Su actitud parcial y lerda ante la crisis colombo-ecuatoriana atizada desde Miraflores, y ante Bolivia, es patética.

De modo que, vuelvo al principio de mi perorata. La democracia es poder visible y la nación el consenso sobre lo esencial. Practicar la democracia es votar. Pero ella comprende una suma de actitudes y actuaciones más complejas, para la forja de la opinión, la movilización social y de calle, la tarea pedagógica de convencimiento de la gente para que asuma la "ciudadanía" sin desmedro de la cotidianidad.

La nación, a su vez, pide lo contrario del egoísmo, lo partisano, y el clientelismo partidario. En suma, si nos preocupan la democracia y Venezuela como el todo, la voluntad concordante de nuestros "líderes" tiene que hacerse visible al respecto, más allá del protagonismo estéril o del militantismo cibernético.

El Presidente ha amenazado con usar la fuerza contra otro pueblo y por una razón ajena. Predica lo que ayer criticó a su homólogo Uribe, quien ejerció la fuerza por razón nada ajena.

Su anuncio de "guerra" no es menos grave que la realización de ella. Su sola amenaza violenta el orden público internacional, sitúa al país de espaldas a las Cartas de la ONU y de la OEA, y patea a nuestra Constitución como República. La fórmula para el freno de tanta práctica disoluta y desdorosa, no la tengo a mano.

Sí tengo claro, que nuestro país vive una fractura social e institucional severa, y que la opinión pública percibe a nuestros dirigentes, en la hora y por la urgencia, más preocupados por lo inmediato y electoral. Y sin pensarlo, quizá por agotamiento en una lucha que ha sido larga y no pocas veces frustrante, todos a uno -gobierno y oposición- nos estamos abriendo a la "alternativa boliviana" del morales-chavismo: las "autonomías" y las "autonosuyas".

De ser así, y quiero equivocarme, habremos perdido a Venezuela como unidad en su diversidad, por huérfana de nuevos consensos sobre lo nacional y acerca de lo venezolano. Marcharíamos hacia lo que el mismo Bobbio, quizás mirando hacia el medioevo y también al siglo en curso, calificó de "edad de la decadencia".






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