Mayo del 68

Por Venezuela Real - 13 de Mayo, 2008, 20:40, Categoría: Política Internacional

RAMÓN ESCOVAR SALOM
El Nacional
13 de mayo de 2008

Se conmemoran cuarenta años de Mayo del 68, alusión a los acontecimientos que ocurrieron durante esos días en París, convertidos en inmediata y resonante referencia mundial. A esta distancia, tenemos derecho a intentar reflexiones más serias, menos cómodas e ingenuas o sesgadas que las predominantes durante gran parte de este tiempo. Lo de mayo es un hecho importante como confluencia de símbolos y reflexiones, de reacciones y de actitudes, que en muchos sentidos indicaron que se estaba produciendo un cambio en la historia y en la percepción de la realidad inmediata a la Segunda Guerra Mundial.

Fue, además, el anuncio de un clima animado por la música, por el arte, por un nuevo aire de la rebeldía. Tal vez lo más notable es la presencia de nuevos bríos juveniles que se anunciaron con una consigna atrevida: pretender lo imposible. ¿Cómo no aludir a lo imposible si estaba tan próximo el primer viaje a la Luna? En 1968 se empezó a ver claro que el comunismo no sería el ideal de las sociedades desarrolladas y que lo tenido como occidental no seguiría siendo el ambiente seguro e ideológicamente confortable que pareció al comienzo de la posguerra. En cortas palabras: el comunismo era una aberración y los sistemas occidentales insuficientes respuestas a las grandes preguntas y necesidades concretas del género humano. No fue que todo esto fue producido por Mayo del 68, sino que en esa fecha se abrieron las cortinas, el aire tomó velocidad y resopló fuertemente en la frente.

En Francia y en Alemania, ejes de la futura Unión Europea, y en Estados Unidos, la más compleja sociedad de Occidente, sonaron las trompetas de algo que todavía no tenía definición, pero que se podría representar con una sola palabra: inconformidad. El pueblo americano rechazaba la guerra de Vietnam, la población de color alzaba la voz de Martin Luther King y manos criminales que eran instrumentos de oscuros pasillos de poder asesinaron al presidente Kennedy y cinco años más tarde a su hermano Robert, quien seguramente habría sido el nuevo líder nacional, retirado el presidente Jonhson, por voluntad propia, de la aspiración presidencial. Tres grandes líderes fueron inmolados: John F. Kennedy, Martin Luther King y Robert F. Kennedy.

Estos hechos muestran la gran violencia acumulada y reflejan el enorme costo emocional que significó la lucha por los derechos civiles. La gran sociedad de Lindon Johnson, aunque golpeada en muchos aspectos, fue un avance gigantesco en el crecimiento de la democracia. Con contradicciones, frustraciones y desafíos en el presente, la norteamericana continúa siendo la más dinámica sociedad del planeta, aunque no dejamos de ver que el progreso se desplaza y está pasando a otros lugares.

No sólo es el Pacífico, es el golfo Pérsico, es Kuala Lumpur en Malasia, es Singapur, es Corea del Sur. No es América del Sur ni del Centro, con el culto a sus héroes locales del siglo XIX y a sus presuntas o reales glorias del pasado. No es Cuba, que ahora parece dar los primeros pasos para moverse fuera de la arqueología, para tomar, a su manera, el aire del tiempo histórico.

La primavera de París en 1968 no fue ninguna revolución. No pasó de ser una animación de la historia, una muestra del rostro de una nueva generación, que quería sus prioridades, que vivía su música y sus gustos y que rechazaba el embrutecimiento comunista y los simplismos del capitalismo. Algo que quería mover la historia y que tenía su propia postura sobre el amor, la vida y la libertad.

A esta distancia mi generación recuerda relativamente poco de aquellos días. La juventud del siglo XXI, la gente que mueve el mundo que estamos viviendo, sabe menos de esa época. Pero sería sano, recomendable y pedagógico trasmitir a las promociones de ahora que mucho de lo que hoy disfrutamos se comenzó a animar en esa segunda mitad del siglo XX, la cual culminó con la sepultura histórica del comunismo y todo aquello que comience con el nombre de revolución. Los progresos de esta última etapa de la modernidad son complejos, no son simultáneos y obviamente contradictorios. Y nos colocan enfrente una advertencia dramática: no se puede ser posmoderno sin haber sido moderno. Verdad simple, no expresada en iguales palabras pero sí en múltiples ocasiones por aquel maestro insustituible de la claridad mental a quienes algunos todavía recordamos como Perogrullo.

Mayo del 68 es tiempo de primavera. Nuestro tiempo cibernético, que se mueve en el mundo transversal de hoy es eficaz, pero le falta alegría interior. Para que el mundo vaya en la dirección más armónica con el progreso humano tiene que ser un portador universal de la alegría.






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