¿Partido o cuartel?

Por Venezuela Real - 16 de Mayo, 2008, 14:12, Categoría: Gente de Chávez

Alberto Lovera
TalCual
16 de mayo de 2008

El tortuoso nacimiento del PSUV ha mostrado la imposibilidad de gestar un partido democrático cuando es sometido a una sola voluntad que no acepta sino acatamiento, a la usanza militar. Ello en contraste con el deseo de muchos de sus adherentes que deseaban tener, por fin, un foro de debate y decisión colectivos.

No logró el presidente Chávez colocar a todos sus partidarios bajo su égida, lo que convirtió desde sus inicios al PSUV en una variante del MVR, cuyos primeras promesas de mayor participación de las bases han sido confiscadas por diferentes coartadas que las anulan, de allí la insatisfacción que desde temprano han mostrado sus integrantes.

Los postulados a los cargos de dirección que habían sido seleccionados por las bases, terminaron filtrados en la oficina presidencial, y después de ello, la votación que se realizó con los nombres que sobrevivieron, fue neutralizada por decisiones del caudillo que cambió a su antojo la ponderación que quienes tuvieron derecho a votar le habían dado. De igual forma se han venido introduciendo modificaciones estatutarias sin que medien sino decisiones desde la cúpula.

Como todo cuerpo colectivo el PSUV no ha podido ignorar el malestar entre sus filas, que explica que busque una nueva coartada, que simula participación de las bases, pero que en la práctica terminará dejando la decisión final en el mismo dedo que ha designado los candidatos del chavismo en anteriores oportunidades. Si nos referimos a estos asuntos a pesar de nuestra oposición al gobierno actual es por varias razones.

Porque defensores como somos del régimen democrático, aspiramos a que todos los partidos también lo sean, respetando formas y fórmulas diversas, pero que garanticen que no se convertirán en oligarquías políticas o autocracias políticas.

Porque es conocido el empeño del actual régimen de tratar de borrar toda diferenciación entre Presidencia de la República, Estado y partido de gobierno, incluso intentando estatizar las organizaciones sociales y ciudadanas, todo lo cual conspira contra el ejercicio democrático, que requiere no sólo separación y autonomía de poderes, sino diferenciar entre las organizaciones políticas y el gobierno y el Estado, pues aquellas son diversas en sus ópticas e ideologías, al menos en democracia.

Lo contrario, es conducirnos a lo que fue la experiencia de los regímenes totalitarios con partido único, indiferenciado del Estado y sometiendo a las organizaciones sociales a ser correas de transmisión del partido y del Estado, sin ningún tipo de autonomía.

Porque no se puede concebir partidos políticos democráticos que se pretenda dirigir y manejar como un cuartel, donde alguien ordena, según la lógica castrense, y el resto obedece sin chistar.

La democracia es diversidad y debate, y sus organizaciones no pueden evadir esa característica a riesgo de desvirtuarlas, obteniendo como respuesta la rebelión de las bases, una manifestación de la cultura democrática, tan alejada de la cultura del cuartel.





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