La patanería como estrategia

Por Venezuela Real - 18 de Mayo, 2008, 15:14, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
18 de mayo de 2008

El acto de comparar a la canciller alemana Angela Merkel con el líder nazi Adolfo Hitler, oficiado por el presidente Hugo Chávez el domingo, se convirtió inmediatamente en paisaje entre los venezolanos, acostumbrados como estamos a su incontinencia verbal y su inmensa capacidad para escupir odio hacia todas partes.

Pero tal y como lo cuentan los reportes de prensa, en Alemania, en donde la política se vive de otra manera y figuras como Chávez son en el presente simplemente inimaginables, el desplante ha suscitado una especie de desagrado colectivo y un conjunto de respuestas institucionales que dejan ver la profunda irritación que semejante acto produce en una población que todavía seis décadas después no termina de digerir el trauma histórico que significó el nazismo y la Segunda Guerra Mundial que con él vino.

En un acto de inconmensurable patanería, es decir, si seguimos el diccionario, de "grosería, rustiquez, simpleza e ignorancia", Hugo Chávez, a la manera de quien llega a una casa extraña y hace sus necesidades en la sala, frente a la mirada atónita de todos, se ha metido con algo que durante mucho tiempo ha sido sagrado y sólo en las últimas dos décadas procesado abiertamente para la memoria colectiva del pueblo alemán.

Pero eso, para el Presidente, el trasfondo no tiene mucha importancia. Desde su lógica totalitaria de dividir el mundo en sólo dos bandos –los buenos, aquellos que están incondicionalmente con él, y los malos, los demás–, todo el que se atreva a asomar una crítica, especialmente si es una figura con presencia mediática, debe ser severamente castigado. Y el castigo, para seguir con la lógica totalitaria, no consiste en responder las críticas a través de una sólida argumentación, sino en un acto de descalificación moral del oponente, lo que emocionaliza el debate, lo convierte en espectáculo y hace que la razón de fondo por la que se inició, en este caso la opinión de que Hugo Chávez no tiene representatividad para hablar por América Latina, quede en un segundo lugar.

Es ese exactamente el papel de la patanería en la lógica del actual gobierno. Un instrumento de guerra sucia hecho para enturbiar cualquier tipo de debate racional. Estamos ante una estrategia política, no ante el resultado de problemas psicológicos personales. No se trata, como creen algunos, que el general Acosta Carlez eructa ante las cámaras porque no recibió una buena educación en su infancia. Que el diputado Carlos Escarrá goza describiendo morbosamente en La Hojilla los detalles genitales en referencia al asesinato de un sacerdote porque tiene problemas de indefinición sexual. Que la diputada Iris Valera irrumpe en una televisora de San Cristóbal y le entra a bofetadas frente a las cámaras al periodista Gustavo Azócar porque puede haber tenido una infancia desgraciada.

O que el alcalde Juan Barreto insulte y trate de golpear a un espectador en un estadio de béisbol porque sufre algún tipo de disfunción psiquiátrica.

No desestimo las explicaciones científicas, pero la patanería como técnica de tratamiento de conflictos políticos es una gramática aprendida en el seno del movimiento bolivariano por imitación del líder, quien al recurrir a ella la legitima como conducta normal.

La patanería tiene además un componente teatral que ratifica otro de los rasgos de todo discurso fanático, toda conducta sectaria y toda lógica autoritaria: la supremacía moral. Así como Hitler y sus seguidores, o Pinochet y los suyos, necesitaron deshumanizar a los enemigos para poder lesionarles con la muerte, la cárcel o el exilio – "les maltrato porque no tienen dignidad, no tienen humanidad, son traidores, en el fondo no son gente, no merecen respeto"–, la patanería bolivariana cumple al pie de la letra aquello que Theodor Adorno sostenía en contra de la propaganda fascista. "La propaganda fascista ataca a espectros más que a opositores reales, construye una imagen del judío o del comunista y la destroza, sin preocuparse mucho por la correspondencia entre esa imagen y la realidad".

Y si nos queda alguna duda sobre las analogías, en su libro Ensayo sobre la propaganda fascista. Psicoanálisis del antisemitismo, el conocido pensador alemán, sostenía: "Hitler no atraía a la gente a pesar de sus burdas bufonadas, sino a causa de ellas, gracias a sus falsos tonos y a sus payasadas".

A quién nos recuerda más esta imagen, ¿a Angela Merkel o a Hugo Chávez Frías?






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