El teatro del absurdo toma la escena

Por Venezuela Real - 23 de Mayo, 2008, 12:46, Categoría: Política Internacional

SIMÓN ALBERTO CONSALVI
El Nacional
23 de mayo de 2008

En un momento de tensiones, divisiones y concepciones antagónicas sobre el papel y el destino de América del Sur y de sus relaciones con el mundo, presidentes de los doce países que representan (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela), deben suscribir hoy el tratado constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

La historia comenzó en la antigua ciudad peruana de Cusco, donde el 8 de diciembre de 2004 se postuló (sería difícil entender que se creó) la Comunidad de Naciones Suramericanas, propuesta por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva de Brasil. La I Cumbre de la Comunidad Suramericana se realizó entre los días 29 y 30 de septiembre de 2005 en Brasilia. La declaración de principios definió la Agenda y el Programa de Acción de la Comunidad, al tiempo que se aprobaron documentos sobre la convergencia de los procesos de integración de América del Sur.

En Montevideo se llevó a cabo una cumbre extraordinaria (en diciembre) donde se creó una comisión "estratégica para la reflexión" sobre lo que, obviamente, era prioritario y urgente, como los procesos regional y subregionales de integración. En Bolivia se celebró la II Cumbre en 2006. Sus decisiones fueron tan retóricas como si la claridad de propósitos y las decisiones de fondo navegaran en la incertidumbre. En Margarita tuvo lugar en 2007 la Cumbre Energética. Más retórica y más fantasías que hidrocarburos. Allá se le cambió el nombre a la Comunidad Suramericana de Naciones para darle el de Unasur, que tiene resonancias de franquicia.

A grandes rasgos, estos son los antecedentes de Unasur. La lentitud de la marcha quizás ilustra los innumerables escollos con que ha ido tropezando. No imagino cuán profundas fueron las reflexiones estratégicas de la comisión creada en Montevideo.

Quien quiera meditar o especular sobre los procesos de integración en América del Sur pronto podrá concluir que pocas veces las contradicciones y las disputas ideológicas perturbaron más los procesos como en estos años. Ni cuando Augusto Pinochet separó a Chile del Grupo Andino. Lo que sucede en Mercosur se refleja en la CAN. El discurso político impertinente rompió la estructura de la CAN, y Venezuela tomó una decisión tan inexplicable y tan absurda que nadie la entiende si no es a través de la aplicación de dogmas económicos, y posiciones incompatibles con quienes tienen tratados de libre comercio con Estados Unidos.

Dentro de Unasur sucederá lo mismo. Se dice que la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, será elegida presidenta de la instancia. Pues, bien, Chile es el campeón de los tratados de libre comercio. De modo que no descartemos de antemano el ataque o la objeción que ya se hizo contra quienes andan en vías de tenerlos, Colombia y Perú. Para echarle un manto piadoso a la realidad, los estrategas de Unasur dicen abogar por la convergencia de Mercosur y CAN.

Pero, hablando en serio, ¿quién le pone el cascabel al gato? Si no se ha podido marchar a través de estos mecanismos sub-regionales que se supone susceptibles de mejor manejo de modo individual, ¿cómo puede prometerse que Unasur será el Ábrete Sésamo de la integración, y que bajo su paraguas todo marchará por carriles y pronto confluirán ambos mecanismos en uno solo, que albergue a los doce países?

La creación de Unasur forma parte de tantos ensayos llevados a cabo en los últimos tiempos, concertados fuera del conocimiento y del debate público, como si los Estados pudieran disponer de las sociedades y los ciudadanos no contaran. Según algunos portavoces, Unasur sería una especie de OEA sin Estados Unidos. Una respuesta al imperialismo. Hay tanta distancia entre la estructura jurídica de la OEA y sus distintos mecanismos que esto es dudoso. Vale la pena indagar cuáles serán las alternativas que ha de ofrecer la Unión de Naciones del Sur en materias tan sustanciales como la legitimidad de los gobiernos, el respeto al Estado de Derecho, a los tratados internacionales, a los derechos humanos, y cómo se insertará en la comunidad mundial, sus relaciones con la ONU y con la propia OEA que muy difícilmente los prohombres de Unasur podrán desechar.

Se supone que como todos los mecanismos políticos o económicos, Unasur contará con protocolos democráticos que preserven a la institución de la presencia de gobiernos que resulten incompatibles con el régimen legítimo que debe presidir todas las decisiones del ente multilateral. Se prometió que no habría duplicaciones, en una zona donde ya proliferan las duplicaciones. No es signo de buenos tiempos lo que parece ser la primera decisión de Unasur: la creación del Consejo Suramericano de Defensa, propuesto por Brasil. Que tratará de coordinar los ejércitos y probablemente los incitará a la carrera armamentista (porque para eso existen). Esto nos advierte oscuramente sobre los "tiempos nublados" que esperan a nuestros países. Un camino inverso al que nos podría llevar al programa "Hambre Cero".

Postdata: La renuncia de quien sería el secretario general, Rodrigo Borja, indica que el ex presidente ecuatoriano prefirió no embarcarse en algo que podría terminar como en un teatro del absurdo.






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