Distribuidores de gas se resisten a desaparecer del mercado

Por Venezuela Real - 26 de Mayo, 2008, 12:14, Categoría: Petróleo/Energía

MARIANNA PÁRRAGA
EL UNIVERSAL
26 de mayo de 2008

Los ingresos de las industrias en muchos casos no cubren los egresos

Sacando una cuenta veloz, Alfonso Gil, uno de los anfitriones de la reunión de distribuidores de gas en bombonas que se celebró esta semana en Mérida, calculó que el menos antiguo de un grupo de más de 40 compañías lleva 19 años gerenciando su empresa. Mientras esta distribuidora recién superó la "mayoría de edad", el resto acumula 30, 40 y 55 años en el negocio.

La venta al detal de combustibles en Venezuela es un negocio familiar que comenzó con la importación de gas de Curazao. Los dueños originales de las empresas han traspasado el mando a sus hijos y éstos a sus hijos, por lo que muchas de ellas están hoy bajo la tutoría de la tercera generación. Con esa trayectoria a cuestas, se declaran personas de bajo perfil y prefieren ser llamados distribuidores en lugar de empresarios. "No somos de sangre azul. Hemos sacado adelante estas empresas con esfuerzo y trabajo", exclama Alfredo Sánchez, de Emegas.

No dudan en decir, sin embargo, que preferirían seguir en la industria si no fuera porque casi todos -la excepción es un grupo más previsivo que ha decidido dedicarse a otras cosas- están al borde de la quiebra. No es una palabra escogida al azar. Quienes aún conservan una infraestructura funcional y les pagan puntualmente a sus empleados han tenido que recurrir a créditos a altas tasas para sobrevivir y ahora se enfrentan a las consecuencias de ello.

"Dicen que los empresarios del GLP (gas licuado de petróleo, el que se vende en bombonas) somos padres de nuestros empleados, pero es que tenemos a los padres y a los hijos trabajando en nuestras empresas. ¿Cómo les decimos ahora que no les vamos a pagar el aumento de sueldo?", dice Henry Martínez, de Servigas Barquisimeto.

Irreal

La palabra "flujo de caja" es un chiste común entre ellos. Sus ingresos muy pocas veces cubren sus egresos y de allí se genera un círculo que culmina con endeudamiento, incumplimientos laborales y medidas desesperadas como el cobro de sobreprecio de un producto cuyo importe (3,7 bolívares fuertes la bombona de 10 kilos) es menor al de un café grande en una panadería del este de Caracas.

Aunque la bombona de gas tiene desde 2004 un precio regulado entre 3,7 y 16 bolívares fuertes en Venezuela, en Colombia su precio es 17 veces superior. No son pocas las historias cotidianas de personas que pagan 10 y hasta 50 bolívares fuertes al taxi que los lleva hasta la planta para comprar la bombona porque, ante la carencia de mantenimiento, no hay suficientes camiones despachadores para cubrir las rutas que hace 10 años colocaban al gas en bombonas entre los productos con mayor penetración.

"Estamos llegando al punto de no poder llevarle el gas a la gente a su casa", dice José Luis Rodríguez, de Arsugas Mérida. Las colas de compradores que se forman con frecuencia a las puertas de las plantas lo confirman.

Algunos de los clientes de Cocigas Barinas han dicho que prefieren pagar más si tienen la garantía de la entrega y la directiva de Comercial Brito Gas, también en ese estado, ha tenido que recurrir al Indecu y a los consejos comunales para explicarles su situación económica. Sin embargo, los distribuidores tienen las manos atadas para ajustar unilateralmente el precio del producto.

José Luis Noguera, de Junior, en Villa de Cura, piensa que la fórmula para sobrevivir es que a los distribuidores se les permita cobrar aparte el servicio de entrega final del cilindro, que muchas veces involucra subir cerros o penetrar zonas inseguras, pero para esto se requiere la venia de las autoridades.

La compra de Vengas y Tropigas motivó más de un respiro de esperanza, pero al final la situación no ha cambiado. "Los problemas son los mismos. Creamos gremios para protegernos de los grandes y los grandes cambiaron de manos, pero la crisis no se ha solucionado. Seguridad, inversión, paz laboral. Estamos en un nivel bajísimo en todo eso", opina Javier Suescun, de Mérida Gas.

Néstor Rangel, de Cocigas Barinas, resume en varias frases más el hoyo donde se encuentran. "Tengo 74 años de edad y todavía trabajo 14 horas al día. Me estoy quedando ciego. Vengo de muy abajo, terminé el segundo grado y empecé a trabajar a los 11. Sé lo que es una madre llorando porque no tiene gas para cocinarles a sus hijos. Le presté mi ranchera al negocio para que se sigan repartiendo las bombonas, porque tengo los camiones accidentados. Gasté 5 millones de bolívares en 2007 en sustituir las bombonas vencidas pero necesito 180 millones para reemplazarlas todas. Tenemos temor, pero sé que si le explicamos a la gente, entenderá".
 
 







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