Víctor Rodríguez CedeñoEl Nacional27 de mayo de 2008El
silencio, una actitud reactiva ante un hecho determinado, no es
precisamente el comportamiento más común de los revolucionarios
bolivarianos incluido, desde luego, su máximo dirigente, Hugo Chávez.
Por el contrario, la práctica de los promotores del disparatado
proyecto socialista del siglo XXI se basa en los excesos verbales y en
las imprudencias.El
silencio de Chávez y de las autoridades bolivarianas ante la muerte del
terrorista Marulanda, brazo armado de un movimiento internacional que
pretende destruir la democracia en la región y establecer sistemas
ineficientes, afortundamente superados, es tan grave y lamentable, como
elocuente. Un silencio patético que confirma la postura del régimen
bolivariano ante prácticas terroristas de las FARC, que buscan destruir
las instituciones y el sistema democrático en Colombia y más allá.Ver artículo completo en sección Política Internacional