El poder ha devaluado las palabras.

Por Venezuela Real - 1 de Junio, 2008, 13:45, Categoría: Imagen gobierno / Chávez

ALBERTO BARRERA TYSZKA
El Nacional
01 de junio de 2008

En el exterior, en el ámbito internacional, tal vez se encuentren perplejos, pero ya nosotros, como sociedad, al parecer, nos hemos apaciguado

Mira que te estoy hablando de un buen negocio. No te va a exigir demasiado. Tampoco requieres de una inversión muy grande. Cuatro o cinco lavamanos, un mesón largo, muy pocas empleadas. Es un tiro al piso, te lo juro. Vas y pones en la entrada un letrero así, enorme, con letras brillantes: "Se lavan y se planchan orejas".

No necesitas nada más. Te aseguro que con eso se te llena el local de clientes.

Cualquier estudio de mercado te lo puede certificar. Los venezolanos necesitamos urgentemente de un comercio de ese tipo. Te digo más: si hubiera, incluso, un servicio de recambio de orejas, sería lo ideal.

No sé cómo, no me preguntes cómo. Sólo te doy la idea. Alguien tendría que inventar la oreja quita y pon. Llévela ya.

Nuevecita. Dos por el precio de una. La oreja desechable.

Dura una semana completa. El domingo en la noche, usted la arruga, la bota, y san se acabó ¿No te parece una maravilla? Piensa en todos nosotros, cada día, a cada rato, todos los días, todos los ratos. Oyendo, escuchando, otra vez oyendo, escuchando de nuevo. Ese es el verbo nacional. Esa es la verdadera nuez de la revolución, su motor, su esencia. Chávez habla y los demás tienen que escuchar. Chávez nombra, Chávez cuenta, Chávez repite; Chávez dice, desdice, contradice. Su gobierno es un continuo ejercicio de la oralidad. La historia no se hace, no se construye; la historia se habla. La revolución bolivariana es sobre todo eso: el idioma del petróleo, un exceso de palabras.

Te apuesto que te sorprenderías si intentaras enumerar los proyectos y los planes gubernamentales que, a lo largo de estos nueve años, han ido permanentemente cambiado de nombre ¿Qué fue o qué es el Plan Bolívar 2000?, por ejemplo. ¿Dónde están, qué pasó con los círculos bolivarianos? Trata de recordar tanto nombre distinto que suena a la misma cosa. Frente a cualquier fracaso, la única eficacia que parece mostrar el Gobierno es el lenguaje. Es asombrosa la cantidad de relanzamientos y de refundaciones que –a todo pulmón– se anuncian constantemente. Las palabras son su mejor acción política. Todo siempre es nuevo. El socialismo es tan instantáneo como el Alka Seltzer: basta que Chávez lo pronuncie para que exista.

El poder ha devaluado las palabras. Ha abusado de ellas en extremo. En el exterior, en el ámbito internacional, tal vez se encuentren perplejos, pero ya nosotros, como sociedad, al parecer, nos hemos apaciguado, estamos sometidos por esta obligación doméstica, ya nos acostumbramos a vivir con esta pérdida. El lenguaje no tiene valor.

Tenemos un Presidente que hoy vocifera contra el Gobierno colombiano, pone a brincar verbos en el aire, insulta a Uribe... y mañana, cuando se lo encuentra de frente, actúa y habla como si el Dalai Lama hubiera nacido en Sabaneta. Incluso, se excede.

Sin que nadie se lo pida. Casi se pone cursi. Usa otro vocabulario, otro tono. Es Chávez al revés. Fíjate que hay quien piensa que el flux lo amanera, que cada vez que se cuelga una corbata, Chávez se transforma. Yo, más bien, creo que todo es parte de lo mismo. No importa decir esto o decir lo otro. Nada importa. El verbo se hizo farsa y habitó entre nosotros.

Se trata de una gimnasia cotidiana, de un modo de vida pública, de una política. El chavismo es genéticamente verbal. Sin las cuerdas vocales del líder, hasta el novísimo partido queda desnudo, se trabuca en una experiencia vacía. Igual pasa con su gobierno, con su proyecto de país. Depende totalmente del Presidente, de su actuación oral, de su hechizo parlante.

Por eso, tal vez, lo importante no es lo que se dice sino el decir. Los contenidos son la parte variable del espectáculo: pueden mutar, agigantarse, desvanecerse, cambiar de manera radical...lo fundamental es hablar, siempre, de lo que sea. Chávez confunde la historia con una tertulia. Y pretende hacer historia todo el tiempo, a toda hora. Quiere hablar y condenarnos a ser su público. Hasta el 2021, ha vuelto a anunciarlo, desea ser eso: nuestro único sonido.

Lo leí anoche, en un cuaderno de anotaciones de Elías Canetti. Era una sola frase, escrita como al voleo. "Un país donde se planchen orejas", decía. Inmediatamente se me ocurrió. Hazme caso. Mira que te lo digo completamente en serio. Puede ser tu gran oportunidad. Sí, ya sé. Ellos dicen que ser rico es malo, pero tú y yo sabemos que ser pobre es peor, es malísimo. Por eso te digo. Piénsalo bien. De pronto hasta sacas una fortuna con esto, así, así de simple, planchando orejas.






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