¿Para qué sirve la Asamblea?

Por Venezuela Real - 1 de Junio, 2008, 13:04, Categoría: Política Nacional

Pedro García Otero
El Universal
31 de mayo de 2008

Hacen bien en cuidarse de los estudiantes: En ciertos sitios, las ideas son peligrosas

Está de anteojito: La misma Asamblea Nacional que hace unos meses rechazó las pretensiones "secesionistas" (?) del Tíbet, condenó la incursión colombiana que se cargó a Raúl Reyes en Ecuador, y pidió mil policías para protegerse de una marcha de estudiantes -armados sólo con ideas- apenas anteayer, no ha debatido, y ni siquiera considerado, el asesinato del fiscal falconiano Carlos Lugo.

El recordado Cabrujas hablaba siempre sobre "peluquín", un diputado conservado en formol que no se enteraba de nada de lo que sucedía en el Congreso Nacional. Si viviera, podría retar a cualquiera a que nombre más de quince asambleístas actuales a los que haya visto hacer algo, alguna vez.

En aquellos tiempos, más de cuatro le calentaban la oreja a Pérez para que siguiera el ejemplo de Fujimori, y cerrara el Parlamento. Posteriormente, también se lo propusieron más de una vez a Caldera; demócratas convencidos, ninguno de los dos les hicieron caso.

Según el artículo 187 de la Constitución, corresponde a la Asamblea Nacional legislar en las materias de competencia nacional (¿cómo, si hace un año y medio que las leyes las hace el Presidente?); proponer enmiendas y reformas a la Constitución (eficacísimos, a juzgar por el ejemplo de 2007); ejercer funciones de control sobre el Gobierno y la administración pública (parece un mal chiste); organizar y promover la participación ciudadana (otro cuento); decretar amnistías (sin comentarios); autorizar los créditos adicionales (bosque de manos alzadas); autorizar al Ejecutivo a celebrar contratos de interés nacional (¿recuerdan cuándo fue la última vez?) y un largo etcétera, en el que destacan "velar por la autonomía de los estados" y "aprobar por ley los tratados y convenios internacionales suscritos por el Estado".

Mi admirado Cabrujas, la Asamblea se nos llenó de peluquines, y no nos hemos dado cuenta. Cilia sólo ejerce de Cilia, Saúl Ortega se interpreta a sí mismo, y Albornoz, como el oboe en las orquestas sinfónicas, jamás dice demasiado. Detrás de ellos, los de Podemos, legislando desde el jardín, y 62 parlamentarios que presuntamente se quieren salir del PSUV a ver si dejan de ser segundones y reconocen, aunque tarde, el pertinaz fascismo del "proceso".

Lo cierto es que cualquier posibilidad de autogolpe, por parte del jefe de Estado, tendría que pasar por cualquier sitio menos por la Asamblea Nacional, porque esa decidió cerrarse a sí misma hace mucho tiempo. Tanto, que el Presidente lanza una Ley de Inteligencia y Contrainteligencia (más de la segunda que de la primera) que nos convierte a todos en potenciales sapos, y los presuntos representantes del pueblo ni siquiera dicen esta boca es mía.

En el fondo, hacen bien en cuidarse tanto de una simple marcha de estudiantes. Y es que en ciertos ambientes, y entre ciertos políticos, nada es más peligroso que una idea propia.






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