Sujetos políticos en construcción

Por Venezuela Real - 1 de Junio, 2008, 12:20, Categoría: Política Nacional

Margarita López Maya
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01 de junio de 2008

Desde que la democracia llamada de Punto Fijo perdiera su legitimidad para expresar y canalizar la diversidad de quejas, demandas y aspiraciones de los venezolanos, las relaciones entre sociedad y Estado en nuestro país no han logrado volver a ser fluidas, estables o eficientes.

El derrumbe de los partidos, que fueron sujetos políticos excluyentes y prácticamente exclusivos en nuestro sistema político, dejó un gran vacío, una crisis de representación y mediaciones que sigue sin ser superada.

En los años noventa el proceso de descentralización, los fallidos golpes de Estado de 1992 y los comicios de 1993, cuando el bipartidismo no pudo ganar la Presidencia, revelaron nuestra entrada a un tiempo de transición. Se abrió un proceso de reacomodo del sistema político, apareciendo nuevos sujetos en gobiernos locales y regionales y en el nivel nacional.

Ellos buscaban reconstruir los vasos comunicantes perdidos entre sociedad y Estado. Desde entonces experimentamos procesos sumamente dinámicos de movilización, organización y participación social y política. Nuestra sociedad, asfixiada en las décadas previas por la cooptación de sus organizaciones por parte del bipartidismo, salió a la calle en busca de nuevas formas de organización, identidades, liderazgos y modalidades de participación que le permitiesen dibujar mejor sus demandas y hacerlas llegar al poder.

Con el triunfo en 1998 del movimiento bolivariano se dio un paso adelante en la reconstrucción del orden político. Llegaba al poder un nuevo sujeto, expresado en el Polo Patriótico liderado por Hugo Chávez. En los primeros años de gobierno bolivariano se hicieron esfuerzos por recomponer las articulaciones entre lo social y lo político.

Partidos como el MVR, el PPT y Primero Justicia, todos recién fundados, buscaban consistencia y coherencia como mediadores de intereses distintos entre sociedad y Estado. Junto a ellos se desarrollaba una dinámica de organización social y movilización callejera que ensanchaba la política de mediaciones y representaciones. Los venezolanos, en un marco cultural fuertemente antipartidista, ensayaban nuevas articulaciones de lo social con lo político, buscando no repetir el excesivo partidismo del pasado, que había secado la savia de nuestra democracia.

Desafortunadamente, la intensa conflictividad vivida desde 2001 entre fuerzas de gobierno y oposición tendió a debilitar este proceso, fortaleciendo más bien el liderazgo personalista y carismático de Chávez. Los partidos políticos fueron poco relevantes durante la confrontación política ocurrida entre 2001 y 2003, cuando por un lado Chávez como líder carismático y por otro, factores de poder como militares, empresarios, medios de comunicación y jerarquía de la Iglesia Católica se arrogaron la representación política. Las organizaciones populares, que jugaron un rol importante en la supervivencia del gobierno bolivariano, se inclinaban por sustituir a los partidos como sujetos políticos. Fue a partir de allí cuando una parte del bolivarianismo ideó reemplazar la democracia participativa y protagónica por un socialismo del siglo XXI, donde los sujetos políticos serían el líder, el partido único y el poder popular, todos partes del petro-Estado recentralizado. Como el partido socialista único usaría los recursos públicos, la competencia política se haría asimétrica y con el tiempo irrelevante. Fuerzas sociales y políticas que no aceptaran la propuesta quedarían como residuos de lo viejo, en proceso de extinción.

Si en diciembre de 2007 hubiera ganado la propuesta de reforma constitucional, el escenario político actual podría ser bastante duro. Partidos de la plataforma bolivariana como PPT y PCV estarían prácticamente desaparecidos. El gobierno estaría avanzando como ahora en la construcción de dos instrumentos políticos para canalizar la mediación y representación popular: el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y el Poder Popular. Pero en ambos casos la dinámica vendría desde arriba, estilo operativo militar, impuesta por decisiones del Presidente o en consulta a personas de su entorno más leal y personal. La intolerancia interna y el sectarismo estarían exacerbados por el predominio de las corrientes más intransigentes. Las organizaciones sociales y políticas de la oposición jugarían en espacios cada vez más estrechos. Estaríamos avizorando la emergencia de un régimen de partido mayoritario, parecido al esquema aplicado por el PRI en México por sesenta años del siglo XX.

El Poder Popular sería bolivariano –rojo, rojito–, tendiendo a convertirse en brazo del Estado, estructurado para que los sectores populares organizados participen en las decisiones y gestión de espacios micros pero sin chance de incidir en decisiones mayores. Los consejos populares estarían constituyéndose como la base de una nueva estructura territorial –no electa por sufragio– y controlada por la Presidencia. La descentralización estaría de salida. Esto estaría ocurriendo en un probable clima de inestabilidad y desobediencia.

Pero esto no pasó. La reforma rechazada nos coloca hoy en un escenario distinto, con más opciones abiertas para la articulación de lo social con lo político. La descentralización revive como posibilidad de activar niveles intermedios de gobierno, permitiendo la construcción de sujetos políticos que expresen desde abajo la pluralidad que somos y faciliten el acceso de múltiples intereses a espacios de decisión local, regional y nacional. Actores políticos se esfuerzan por estructurarse para expresar distintas demandas y aspiraciones. De aquí a noviembre se desarrollará el primer acto de una obra interesante. Y es probable que en noviembre, después de las elecciones regionales y municipales, el segundo acto sea más interesante aún.

La Constitución de 1999 está llena de recursos para la profundización de la democracia venezolana. Luego de nueve años metidos en un laboratorio de experiencias de organización y participación, es necesario asentar institucionalmente algunas articulaciones entre lo social y lo político que han probado ser convenientes. La debilidad de sujetos políticos sólidos y democráticos, tanto por parte del bolivarianismo como de los sectores y organizaciones que se le oponen, deja abierta incertidumbres sobre el futuro democrático de nuestra sociedad. Por ello, pese a todas sus tensiones, contradicciones y flaquezas, creo sumamente importante y positivo el proceso de construcción del Psuv, la reconocida vigencia del Polo Patriótico por parte del Presidente y los esfuerzos que hacen organizaciones políticas de la oposición por unirse sin perder sus distintas identidades, para jugar en las venideras elecciones y obtener espacios de gobierno desde donde construirse como alternativas políticas. Todo ello permitirá ir saliendo del sujeto político único, del liderazgo carismático que hemos padecido en años recientes, para ir hacia un sistema de mediaciones plural y cónsono con la democracia profunda a la que aspiramos.





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