Superagente 86

Por Venezuela Real - 1 de Junio, 2008, 12:55, Categoría: Política Nacional

Gustavo Linares Benzo
El Universal
01 de junio de 2008

Llegamos a la joya de la ley: la Dirección de Contrainteligencia

El espionaje ha sido atención prioritaria de la revolución. Espías y sapos son ingrediente esencial del nuevo hombre socialista, aunque su actividad esté enfocada sobre todo hacia los compañeros, que son el sector más peligroso para el proceso cuando pierden el norte y la devoción por el presidente Chávez.

Esta pasión por los espías se ha coronado con una de las leyes más importantes de la historia venezolana y mundial: el Decreto Ley Orgánico del Recontraespionaje. De ese corpus destacan varias novedades, a cual más progresista y conveniente. Primero, su inspiración cubana. Cuba, que aunque no lo sabíamos hasta 1999, es uno de los países más avanzados de la Tierra, en áreas como la informática para la cedulación, la construcción de plantas eléctricas para Haití y la medicina posrural (barrioadéntrica), que ha logrado, por ejemplo, la inmunización total de la población contra la parotiditis (i.e., paperas), pues para finales del 2008 todos los habitantes le habrán sufrido o tendrán la enfermedad. Ahora emulamos al país bandera en el sapeo.

Sin embargo, los espías y mataharis criollos superarán a sus maestros, pues el reto es máximo. El avance galáctico de Cuba en los últimos cuarenta años se debe en primer lugar a que nadie puede salir ni entrar: el paraíso es allí. Entonces el problema del movimiento migratorio, objetivo prioritario de cualquier centro de espías, ha sido resuelto radicalmente. Otro elemento integrante del modelo de inteligencia isleño es la prohibición de los celulares. Los sapos venezolanos tienen ahora el reto de controlar los aparatitos golpistas, para no hablar de los puestos de alquiler: para el cubano común el medio más rápido de comunicación es el grito (o leco, en el jargón de la comunidad de inteligencia).

La ley de recontraespionaje muestra otro avance espectacular: la creación de dos agencias de espías. La Dirección de Inteligencia y la Dirección de Contrainteligencia. Con la inteligencia el proceso chavista ha hecho como ningún otro. La Misión Robinson, en la que enseña a leer a uno vale más que años de estudios en la UCV; la Misión Cultura, o cinco exposiciones por año en los museos; la Universidad Bolivariana, con la que sueñan todos los bachilleres venezolanos. La Dirección de Inteligencia deberá reunirlas en su seno, como núcleo de una cultura del chisme que no será difícil consolidar en Venezuela.

Llegamos así a la joya de la ley: la Dirección de Contrainteligencia. Al parecer fue diseño personal del experto norteamericano profesor Maxwell Smart. Así se garantiza una estructura adaptada a tener guillao al Imperio, pues su autor conoce la CIA, el FBI y la Casa Blanca por dentro. Por supuesto, la labor principal de la Dirección de Contrainteligencia es el sabotaje de la inteligencia, sustituyendo así con grandes ventajas a Lina Ron y a los cursos de la Misión Sucre.

La labor ciclópea toca ahora al Presidente, como siempre. El nombramiento de los directores de Inteligencia y de Contrainteligencia. Ayer se vio en Miraflores al Dr. Luis Alberto Machado, que en la Administración del Presidente Herrera ejerció como ministro de la Inteligencia: si fue ministro, más fácil será director. ¿Y el director de la Contrainteligencia? El general Rangel Briceño.






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