Economía por decreto y fallas de gobierno

Por Venezuela Real - 2 de Junio, 2008, 12:05, Categoría: Economía

Enrique R. González Porras
El Universal
02 de junio de 2008

La oferta de productos regulados ha mermado en comparación con la de productos no-regulados

En las declaraciones oficiales se manifiesta el fracaso de las políticas de control de precios y de la Ley contra la Especulación. La economía por decreto y las fallas generadas por las propias intervenciones estatales están haciendo colapsar la economía nacional.

El Universal el 22-5-08 destaca que: "efectivos de la Policía Metropolitana de Caracas, acompañados por funcionarios de Seguridad Integral de Mercados de Alimentos (Mercal), decomisaron aproximadamente siete toneladas de productos alimenticios de la red estatal, en un galpón ubicado en la calle Brasil de Catia". Asimismo, se precisa que: "productos como lentejas, aceite, leche, pollo, sal, arroz, pasta y azúcar estaban siendo desempacados y luego embalados en sacos de diez kilos, para posteriormente expenderlos en mercados libres, a través de buhoneros".

En una economía donde supuestamente ha habido cierta recuperación sostenida del poder adquisitivo, los controles de precios incrementan la brecha entre la oferta y la demanda. Ante una inflación recurrente y alta, los controles de precios anulan cualquier incentivo a la producción, reduciendo la oferta y alejándola de la demanda. No obstante este hecho irrebatible, y que la oferta de productos regulados ha mermado en comparación con la de productos no-regulados, el Ejecutivo Nacional insiste en mantener el control de productos regulados.

Tal dinámica debe modificarla el Gobierno, pues el único responsable de esa situación es el Ejecutivo, al haber trastocado los esquemas de incentivos relativos de la gama de productos de las empresas. La destrucción de incentivos a la producción de bienes sujetos a la regulación, igualmente impulsa a las empresas a desplegar estrategias comerciales de "descreme del mercado", por medio de las cuales se presta mayor atención a la producción de aquellos productos diferenciados, en los cuales los márgenes relativos suelen ser mayores.

La ingenuidad regulatoria y las continuas elecciones explican la "inflación regulatoria" que ha terminado elevando los controles, así como los precios generales, resultado de la suma del precio monetario más los costos de búsqueda y tiempo perdido en colas para adquirir los productos escasos.

Así las cosas, muchos consumidores podrían estar dispuestos a pagar precios superiores a los regulados por el simple hecho de encontrar los productos o ahorrarse los costos de búsqueda. Aquí aparecen los incentivos al arbitraje, una vez que la brecha entre la demanda y la oferta aumenta, y la disponibilidad a pagar supera los precios regulados.

Luego, no son los "desalmados" y grandes capitalistas los que están desplegando estas prácticas. Más bien son los vendedores informales, quienes ante la dificultad en su fiscalización, perciben ganancias esperadas positivas al desviar productos regulados a un mercado "negro".

Otro drama de las políticas desatinadas se vive en el mercado de dinero. El Ejecutivo pretende activar el ahorro y frenar el supuesto "consumismo capitalista". En este sentido, la Comisión Nacional de Valores ha decidido lanzar su Primer Concurso de Estímulo al Investigador en el Mercado de Valores para fomentar el diseño de instrumentos que incentiven al ahorro. Sin embargo, el Ejecutivo, "con tan buena voz y mandando a cantar", en tiempo de vacas gordas, ha dado al traste con cualquier iniciativa que tenga como centro el fondo de estabilización macroeconómica.

No en vano el ahorro depende de la capacidad y de sus incentivos. Una constante inflación producto del exceso de liquidez apuntalado por el gasto público no productivo y la contracción de la oferta de bienes y servicios nacionales, reduce la capacidad de ahorro de los hogares. Adicionalmente, los bajos niveles nominales de las tasas pasivas, conjuntamente con los altos niveles de inflación, determinan tasas reales negativas que convierten al ahorro en una promesa de deterioro de consumo futuro.

Las soluciones podrían apuntar a una política fiscal que no sólo sirva de ejemplo, sino que reduzca las presiones inflacionarias. Asimismo, una manera de contrarrestar el capitalismo de Estado, que mantiene a la sociedad en el feudalismo, es nacionalizar verdaderamente las empresas estatizadas.

Lanzar a la Bolsa de Valores estas empresas, podría implicar la emisión de acciones de fracciones accesibles por los hogares, lo que introduciría incentivos privados de ganancia y eficiencia que combatan las rentabilidades reales negativas del ahorro y la burocratización.





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