"Nuestro famoso Bello"

Por Venezuela Real - 5 de Junio, 2008, 12:47, Categoría: Cultura e Ideas

LUIS UGALDE
El Nacional
05 de junio de 2008

Bello fue admirado en Chile por las cosas que hizo

Una de las necias exclusiones de la reforma curricular que se quiere imponer es la de don Andrés, a quien Bolívar calificó como "nuestro famoso Bello". Por lo visto este caraqueño universal, convertido en lumbrera educativa en Chile, para ciertos bolivarianos ni es nuestro, ni famoso, ni bello.

¿Cuándo tendremos un clima de sensatez civilizada, de apertura sin fanatismos, que nos permita valorar en el currículo educativo diversas corrientes y sobresalientes figuras venezolanas y universales? ¿Por qué no hay más amplitud mental y sindéresis a estas alturas de la historia, para afrontar con éxito la formidable tarea de educar a más de 10 millones de venezolanos? Es lamentable que Zamora, Simón Rodríguez y Bolívar, convertidos en mitos educativos, sean usados sin justa valoración y para excluir a otros.

En Chile no se había visto un funeral tan multitudinario ni una despedida tan sentida como la que le hicieron a Andrés Bello cuando murió en 1865. La prensa lo calificó como "el sabio más universal y más distinguido que haya producido nuestro continente". Su obra, asombrosa y multifacética en la diplomacia, en estudios lingüísticos y gramaticales, en la creación y rectoría de la Universidad Nacional de Chile, vive hoy en la gratitud de los chilenos por su papel en la fundamentación de la vida civil y del sistema educativo de ese país.

Obligado por la insostenible pobreza familiar en Londres, Bello se trasladó a Chile en 1829, considerado en ese momento por Bolívar (no sin razón) como "el país de la anarquía". Cuando el caraqueño murió en 1865, Chile era uno de los países con mejores bases civiles y republicanas de América, gracias en buena parte a la labor de nuestro ilustre compatriota, autor principal de la recopilación del Código Civil, que fue adoptado por la mayoría de los países americanos ¿Por qué ignorar a este educador nuestro, del que justamente se escribió: "Dudaría que en una sola vida, un solo hombre pudiera saber tanto, hacer tanto y amar tanto"(Domeyko)? Los intolerantes que expulsaron al Libertador y lo obligaron a morir en la amargura del exilio, igual que a Páez y a otros presidentes de la República, hoy tienen fervorosos seguidores.

Simón Rodríguez tiene mucho que enseñarnos, pero hay que apreciarlo en lo que vale, y no seguir su ejemplo en lo que fue un desastre. Creo que Bolívar lo valoró, no tanto por lo que le enseñó en su infancia, como por el acompañamiento que le dio a él en su gran transformación espiritual en París y Roma hasta el Juramento del Monte Sacro; este cambio llevó al veinteañero patiquín caraqueño a consagrar su vida a la libertad de la América española, y le dio un nuevo sentido y compromiso.

Veinte años después, Bolívar lo reconoció en carta al maestro: "Ud. formó mi corazón para la libertad, para la justicia, para lo grande...". La necesidad de formar hoy a los jóvenes para la libertad, la justicia y la solidaridad grande, justifica la inclusión de Simón Rodríguez en el currículo escolar.

Pero no es sensato ni beneficioso ignorar que don Simón Rodríguez en muchos aspectos educativos fue un desastre. Bolívar, con poco sentido y nulo acierto, le impuso al presidente de Bolivia, José Antonio Sucre, el nombramiento de Simón Rodríguez como director de Educación Pública, pero fue tal el fracaso y el caos administrativo de éste, que pronto se vio obligado a renunciar. Por falta de espacio me limitaré a presentar lo que un historiador tan equilibrado y autorizado como John Lynch dice en su excelente biografía de Bolívar de este "profesor loco y sus proyectos chiflados": "Pronto empezaría (Sucre) a quejarse de la falta de juicio de don Simón, como le llamaba, que había nombrado hordas de maestros sin contar con medios para pagarles y había creado refugios para indigentes con más funcionarios que internos. Rodríguez se convirtió en un lastre y una fuente de problemas; quería independencia para hacer lo que quisiera, insultaba a los nativos, a quienes consideraba unos salvajes ignorantes, y era provocador. Con cautela y temeroso de ofender a Bolívar, Sucre aceptaría finalmente con alivio la renuncia de este personaje irascible e impredecible".

¿Por qué absolutizar a Simón Rodríguez y perder el aporte educativo de Andrés Bello?

 





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