Confesiones a granel - Inteligencia malvada

Por Venezuela Real - 6 de Junio, 2008, 10:29, Categoría: Derechos Humanos

El Editorial
El Nacional
06 de junio de 2008

Toda Venezuela debe acompañar, con la urgencia del caso, a las organizaciones civiles y movimientos democráticos que impugnan en la calle, en los centros cívicos y culturales, en los medios de comunicación y en las universidades y liceos, la nueva ley de inteligencia y contrainteligencia, aprobada por un grupo de militares de orientación castro comunista. No se trata de algo que jamás llegará a tocarnos en carne propia, o que es un peligro extraño y lejano. No, muy al contrario, ya está tocando a la puerta de todos nuestros hogares de una u otra forma.

¿Sabía, apreciado lector, que si los órganos de inteligencia militar lo requieren, usted "debe colaborar" como un confidente de los cuerpos de seguridad y dar, sin chistar, testimonio contra su vecino, o su compañero de trabajo, o quien regenta un negocio en la esquina de su cuadra? ¿Se imagina usted siendo el dedo delator y acusador de la gente que le rodea, de sus amigos, compañeros deportistas de fin de semana, o de quienes son sus proveedores habituales de servicios? Pero lo que es aún más terrorífico y malvado: un sacerdote puede ser obligado a revelar los secretos de la confesión en la iglesia, si a un agente de inteligencia militar se le ocurre que ello tiene que ver con la seguridad de la nación. Igual puede suceder y sucederá con los médicos y sus pacientes, con los abogados y sus defendidos, con los bancos y sus clientes, con las aseguradoras y sus asegurados, y con los comerciantes y sus clientes. No existirá más nunca la confianza y la confidencialidad que priva en las relaciones familiares, entre amigos de toda la vida y entre compañeros de trabajo o de estudios.

Según la ley Gestapo venezolana, muy al estilo militar nazi, todos somos, en principio, delatores potenciales que sólo esperamos por el inevitable llamado de los cuerpos de seguridad para abrir la boca y cantar cual Pavarotti en los sótanos de la ex Disip. Es decir, nos quieren rebajar ética y humanamente, al prolongar como una red cancerosa que hace metástasis en el cuerpo social venezolano, toda una armazón de confidencias y delaciones manejada desde Miraflores. Ya sabemos que el Presidente es un paranoico de librito, pero no puede sembrar en la población, a través de una nueva ley, esta forma colectiva de locura.

¿Qué le pasa al Presidente de la República con la vida privada del resto de los venezolanos? ¿Acaso nosotros, civiles pacíficos y desarmados, nos metemos en la vida privada del jefe del Estado? Al contrario, somos hasta donde es posible, respetuosos de su vida privada que, por lo demás, no es ejemplo para nadie. Allá él si se quiere comportar como ciertos mandatarios de la tan criticada cuarta república.

Pero ese respeto debe alcanzar a quienes sí cumplimos con la ley, no usamos los dineros públicos para cubrir nuestras andanzas y exigimos que nuestra vida, nuestras acciones y amistades, nuestros sacerdotes y médicos, abogados y profesores, no se convierta en delatores bolivarianos. Eso nunca.
 





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