Errores y más errores

Por Venezuela Real - 8 de Junio, 2008, 10:23, Categoría: Política Nacional

Fernando Ochoa Antich
El Universal
08 de junio de 2008

No había logrado entender, hasta este momento, las razones que condujeron a Hugo Chávez a cometer el gravísimo error político de tratar de imponer, a trocha y moche, la reforma de la Constitución Nacional de 1999. Todas las encuestas indicaban el rechazo que el pueblo venezolano en general, y en particular amplios sectores simpatizantes del oficialismo, tenía a la orientación filosófica de dicho proyecto y  a las principales normas propuestas: el establecimiento de un régimen socialista, la reelección indefinida del Presidente de la República, la transformación de las Fuerzas Armada en una milicia al servicio del régimen, la modificación de la estructura territorial de Venezuela, el debilitamiento del derecho de propiedad, el fortalecimiento del centralismo y pare usted de contar. El riesgo de una derrota electoral era inmenso. Hugo Chávez había ganado las elecciones de diciembre, logrando legitimar el régimen. No era claro que se justificara arriesgar a perder lo ganado. Sin importarle las consecuencias aceptó el reto y fue derrotado por las fuerzas democráticas.

Hugo Chávez ha demostrado tener un desarrollado instinto político. Es verdad que el exagerado poder conduce a una total pérdida del sentido de la realidad. Es posible que los diez años de gobierno lo tengan obnubilado, aunque pienso que los errores que está cometiendo tienen otro origen: un inmenso temor. En una de sus peroratas dijo con razón que si la oposición ganaba las elecciones de gobernadores y alcaldes irían por él. Ciertamente, una derrota en dichas elecciones sería peor que un terremoto: se debilitarían totalmente las bases del régimen. La crisis sería de tal magnitud que el chavismo perdería también las elecciones parlamentarias del año que viene, y posiblemente el control de los poderes públicos. Si esto ocurre, Hugo Chávez se queda en el aire. Los juicios en su contra se iniciarían de inmediato. Este oscuro panorama, estoy seguro, debe haber sido analizado largamente en la sala situacional de Miraflores con presencia de Hugo Chávez. Esta es la explicación que encuentro al interés en reformar la Constitución de 1999 y, ahora, de aprobar la Ley del Sistema Nacional de Inteligencia y Contrainteligencia.

El consejo se lo debe haber dado Fidel Castro antes de enfermarse: controlar y atemorizar la sociedad es el único antídoto existente para morigerar la debilidad política. No encuentro otra explicación a la locura que significa aprobar esa ley en plena campaña electoral. La respuesta popular indica la gravedad de lo ocurrido. Llamarla de inmediato  "la ley sapo" muestra el rechazo  que tiene su contenido fascista y autoritario. La discusión ha comenzado. No es fácil que los pobres argumentos dados por el ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín, logren silenciar la inmensa protesta que todos los sectores democráticos empiezan a realizar tanto en Venezuela como en el exterior. Decir que la ley se justifica por encontrarse nuestro país en guerra con los Estados Unidos es una tontería que sólo produce una sonrisa de conmiseración. Todos sabemos que la relación comercial con los Estados Unidos alcanza a más cincuenta mil millones de dólares y que las dos economías tienen una importante dependencia una de la otra, aunque nadie duda que Venezuela necesita más del mercado norteamericano para vender nuestros productos que ellos de nuestro petróleo. 

Clodovaldo Hernández, en El País de Madrid, curiosamente la compara con la Ley Patriota de George Bush y muchos venezolanos han empezado a pensar en los Comités de Defensa de la revolución cubana. El caso es que la bendita ley obliga a un ciudadano, con pena de cárcel, a colaborar con los organismos de seguridad del Estado. Esta colaboración conducirá, sin lugar a dudas, a la denuncia de  familiares, de  vecinos, de compañeros de trabajo y terminará siendo un medio de venganza personal. El asunto no termina aquí. La ley permitirá abusos de todo tipo, ya que autoriza la detención de personas y la apertura de indagaciones penales sin que haya flagrancia, contradiciendo el principio constitucional de la presunción de inocencia. Uno de los aspectos de la ley que más me angustia es la vaguedad que existe al definir algunos conceptos fundamentales, tales como soberanía, lealtad institucional, seguridad nacional y algunos más. No tengo dudas que la ley será utilizada, como dijo el inteligente penalista Alberto Arteaga, como "arma para silenciar e intimidar a la oposición". Lo que no calculó Hugo Chávez es el costo político.  Al venezolano  no le gusta ser delator. El rechazo a esta ley será un factor que influirá decisivamente en el resultado electoral del mes de Noviembre.








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