La universidad democrática

Por Venezuela Real - 8 de Junio, 2008, 12:37, Categoría: Educación

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
08 de junio de 2008

"La UCV es ciudadela de la reacción, del pensamiento único y oscuro (sic), de la nostalgia obsesiva por los privilegios de la academia derechista".
 E. Hernández, J. P. Posani, A. López, A. Roffé. Últimas Noticias. 15-05-2008


Independientemente de las interpretaciones a posteriori hay un hecho objetivo: en todas las grandes universidades autónomas de Venezuela tanto los estudiantes como los profesores rechazan sin ocultarlo el proyecto político que capitanea el teniente coronel Hugo Chávez Frías.

Así lo demuestran las apabullantes derrotas que han sufrido las planchas oficialistas en las recientes elecciones estudiantiles y de autoridades rectorales en la UCV. También, la que en el momento en que escribo estas notas, noche del miércoles 4 de junio de 2008, termina de verificarse en las elecciones de autoridades rectorales en la ULA. Y aguarda su turno la que, sin duda, ocurrirá en la Universidad del Zulia.

No es poca cosa. Que un importante sector de la sociedad venezolana, el que se dedica a la investigación científica, la reflexión social y la formación del mayor número de profesionales del país, se oponga en bloque a las ideas y prácticas que Chávez y su equipo tratan de imponer por cualquier vía, es una señal a la que todos, sobre todo el Gobierno, deberíamos prestarle atención.

Pero la lógica oficial en lugar de poner las barbas en remojo e indagar inteligentemente en las causas profundas de este rechazo ha tratado de minimizarlo intentando convencer al país de que las universidades públicas autónomas son la guarida de una caterva de reaccionarios cuyo único interés en la vida es el de proteger sus privilegios personales.

Supongamos que así fuera.

Juguemos a creer que opiniones de ucevistas jubilados –y desagradecidos– como la que sirve de epígrafe a esta columna no son juicios fanáticos, y en buena medida policiales, de subjetividades perturbadas por los resultados electorales adversos. Aceptemos por un instante que son verdades científicamente verificables y que los miles y miles de profesores y estudiantes que votan reiteradamente desde hace diez años contra el Gobierno son, efectivamente, una gran mafia de sinvergüenzas al servicio de la CIA, Bush, el Imperio y la oligarquía nacional.

Pues igual da. En pragmática política, no pasa nada. Porque lo cierto es que estaríamos nada más y nada menos que frente al grupo de sinvergüenzas venezolanos mejor formados académica, científica y profesionalmente que junto con otros –quienes laboran en el mundo privado, y los que han emigrado a otras naciones o sobreviven camuflajeados en cargos de gobierno–, constituyen cuantitativa y cualitativamente una vasta red profesional e intelectual que en cualquier nación del mundo resulta indispensable, sobre todo, para echar adelante proyectos nacionales auténticamente innovadores. Y en Venezuela, esa red informal está allí plantada sólidamente para hacerle resistencia al autoritarismo del siglo XXI.

Si yo formara parte de la élite cívico-militar que hoy nos gobierna me lo tomaría en serio y me preguntaría por qué los universitarios, que en América Latina generalmente están del lado de las más sentidas causas populares y de los grandes movimientos transformadores –por ejemplo, la caída de Pérez Jiménez en Venezuela, el triunfo del proyecto socialista de Allende, la derrota del somocismo en Nicaragua, el combate contra el PRI en México–, frente al proyecto bolivariano guardan tan gran rechazo. De allí la importancia de lo que viene. Los nuevos equipos electos tienen la obligación de convocar a un gran proceso de movilización nacional que apunte a sacar de una vez por todas a la academia de la larga somnolencia política que ha padecido para colocarla, al menos ética e intelectualmente, al frente de la gran tarea venezolana del presente: generar un proceso de transición política, lo más pacífico posible, que nos ayude a superar de una vez por todas, tanto las profundas lesiones que dejó el bipartidismo, como el desastre institucional y las heridas sociales legado de la mal llamada V República.

No basta sólo con hacerle resistencia al autoritarismo del siglo XXI. En medio del vacío institucional que hoy existe, las universidades deberían asumir un papel decisivo contribuyendo a restituir el diálogo, restaurar el debate de ideas, no de consignas, e impulsar la imaginación política que en algún momento todos perdimos.





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