Venezuela diez años después

Por Venezuela Real - 8 de Junio, 2008, 10:14, Categoría: Testimonios

MORI PONSOWY
LA NACIÓN/ELUNIVERSAL
08 de junio de 2008

La autora relata el país que encontró: polarizado e intolerante
La frase "Por ahora" tiene otras connotaciones distintas a las que se dieron tras el 4 de feberero de 1992

Viajé a Venezuela hace pocas semanas, años después de haberme ido de ahí, el país donde viví la mayor parte de mi vida. Cuando nos fuimos, mi hijo tenía tres años; en estos días está por cumplir 13. Dicen que para la historia diez años no son nada, que solamente a los ojos del hombre ese lapso puede parecer eterno. No estoy de acuerdo. Diez años es mucho, no sólo para quien con dosis simultáneas de orgullo y nostalgia ve crecer a una criatura, sino también para las sociedades. Entre 1993 y 2003, España dejó de ser un país en vías de desarrollo y se convirtió en la octava economía mundial. En apenas tres años, entre 1959 y 1962, el gobierno de Fidel Castro puso en vigor la Ley de Reforma Agraria, eliminó la propiedad privada y nacionalizó las grandes industrias cubanas. El resurgimiento de Japón tras la guerra es otro ejemplo memorable de cómo, en poco tiempo, una sociedad puede protagonizar una transformación radical.

¿Qué había cambiado en Venezuela desde que mi hijo y yo nos ausentamos? Responder esa pregunta fue uno de los motivos del viaje. Las versiones que me llegaban, tanto por los medios de comunicación como por correos de amigos, eran tan dispares que resultaba imposible tener una idea clara del rumbo que había tomado el país.

La noche de nuestra llegada, me sorprendió ver en el aeropuerto a un hombre que parecía estar vestido con la Bandera Nacional. Los colores amarillo, azul y rojo de su campera, en anchas bandas diagonales, hacían imposible no reparar en él. Había otra Bandera inmensa pintada sobre una pared, a la salida de Inmigración. Debía de medir unos veinte metros. Pero lo que más me sorprendió esa noche fue una gigantesca valla publicitaria, cuando ya entrábamos en Caracas. Sobre las viviendas populares del barrio 23 de Enero había un gigantesco cartel en mayúsculas rojas que decía: "Por ahora...".

Lo habían puesto ahí pocos días después del primer revés electoral de Chávez, cuando, en diciembre último, los venezolanos rechazaron su reforma constitucional.

"Por ahora". Esas dos palabras forman parte de la memoria colectiva de millones de venezolanos. El 5 de febrero de 1992, después de haber estado desde la madrugada escuchando helicópteros y aviones disparar sobre distintas partes de Caracas, vimos en las pantallas de nuestros televisores a Hugo Chávez. Él asumía la responsabilidad del alzamiento militar que acababa de fracasar.

Milan Kundera dice que las acciones humanas dejan de ser livianas, cobran peso cuando se repiten. Una agresión realizada una sola vez se olvida pronto; un acto violento reiterado se convierte en un bloque que sobresale y perdura, y su estupidez se hace irreparable. Si en los días siguientes a mi llegada no hubiera vuelto a ver la Bandera todos los días sin excepción -en el subte, en la publicidad oficial en los medios, en las paredes de las escuelas-, si no hubiera visto reproducido ese "por ahora" a lo largo y ancho del país, su significado para mí sería distinto. Pero la repetición de esas palabras y símbolos obliga a indagar por su sentido más profundo.

¿Qué diferencia hay entre el "por ahora" pronunciado en 1992 y éste de 2008? ¿Qué diferencia hay entre decirle a mi hijo que por ahora no puede ir a un boliche, y decirme que, por ahora, mientras él no salga, yo puedo dormir tranquila? Más aun: ¿valen lo mismo las palabras de una madre, las de un militar insurrecto y las de un Presidente? ¿Qué detalle, qué gesto, qué circunstancia hace que las mismas palabras signifiquen optimismo en un caso y, en otros, dilación, peligro o amenaza?

Hoy sabemos que cuando, en 1992, Chávez fracasó en su intento de derrocar al gobierno constitucional y dijo: "Por ahora, los objetivos que nos planteamos no fueron logrados", su mensaje no era sólo informativo, sino que transmitía esperanza a los insurgentes que, junto con él, habían preparado el golpe de Estado. La situación en 2008 es radicalmente distinta. Chávez ya no es un militar a punto de ir preso por un crimen, sino un presidente que cuenta con mayoría absoluta en la Asamblea Nacional, que destituye y nombra jueces, toma decisiones con independencia de su gabinete y maneja a discreción el presupuesto. Perdido el referéndum en diciembre, al único grupo al que podría haber querido transmitirle esperanza era a la minoría que lo apoyó en los comicios. Pero en caso de que fuera así, ¿no se trataría de una esperanza profundamente antidemocrática al insistir en un camino que la mayoría ha rechazado? ¿Y qué significa que las palabras sigan ahí todavía hoy, meses después del referendo? El color rojo, el tipo de letra elegido, el carácter sintético del mensaje y, sobre todo, su repetición, ¿no lo convierten, más bien, en una amenaza?

Mis amigos me habían dicho que Caracas estaba sucia y descuidada. Varias personas se molestaron cuando dije que la encontraba igual a como la había dejado: ni muy limpia, ni muy sucia, con muchos huecos en las calles y un tránsito brutal. También se molestaron cuando afirmé que los centros de salud, los locales de Internet gratuitos y la campaña de alfabetización me parecían un logro. Y es que para los opositores al Gobierno todo está necesariamente mucho peor. El diálogo entre las partes se ha vuelto imposible: en cada crítica, Chávez ve un asomo de conspiración imperialista y, por su lado, la oposición se muestra tan obsesionada por denunciar las fallas del Presidente que parece no reconocer que la ineficiencia de los partidos y la ceguera de las clases más favorecidas fueron las responsables de que el pueblo depositara sus esperanzas en el chavismo.

Con los días, me fui dando cuenta de que la diferencia más grande entre el país que había dejado y el que veía ahora no era la disminución de la pobreza ni la concentración del poder en manos del Presidente ni las irregularidades en la administración de la justicia, sino algo que podría parecer más sutil: una sociedad antes amistosa se ha convertido en malhumorada y revanchista. Una sociedad que antes miraba con interés hacia el resto del mundo ahora está ensimismada, casi morbosamente obsesionada con la política interna. La gente está enojada. Iracunda, más bien. Unos se sienten ultrajados por los permanentes insultos, desmanes y agravios del Presidente; los otros están convencidos de que sólo ellos conocen el camino que conducirá al bien y de que los opositores representan lo más vil del género humano. "Si no ganamos las elecciones regionales de noviembre -le escuché decir por televisión a Chávez-, el país tendrá que prepararse para una guerra." Cuando el máximo representante de un país habla así, es fácil entender que los ánimos estén a punto de ebullición.

Creo que, como todo gobernante, Hugo Chávez ha hecho algunas cosas bien y otras no tanto. Pero también creo que las que ha hecho bien podría haberlas hecho sin necesidad de maltratar, agredir e injuriar constantemente a sus adversarios. ¿Acaso era necesario sembrar odio para que prosperaran sus campañas de salud y alfabetización? No hay día en que no se lo escuche por radio y televisión tildando de oligarcas, golpistas, fascistas o traidores a la Patria a todos cuantos se le oponen. ¿Cómo pueden ser oligarcas millones de personas de diverso origen étnico y social que votaron en contra de la reforma constitucional? ¿Cómo pueden ser golpistas los ciudadanos que, sin armas y sin recurrir a la ilegalidad, se manifiestan a través del voto popular?

Simón Bolívar escribió: "Huid del país donde un solo hombre ejerce todos los poderes: es un país de esclavos". La experiencia de la socialdemocracia europea nos enseña que no es necesario recurrir a altas dosis de autoritarismo y arbitrariedad para lograr una sociedad que conjugue exitosamente libertad y equidad. Pregonar, desde el nivel más alto del poder no ya la lucha de clases, sino el odio de clases y la intolerancia, es cercenar la democracia.

Tomado de La Nación de Argentina





TOME NOTA
de la dirección del
Nuevo Portal Principal

www.venezuelareal.org

Más información ...

Calendario

<<   Junio 2008  >>
LMMiJVSD
            1
2 3 4 5 6 7 8
9 10 11 12 13 14 15
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30       

Archivos

Suscríbete

Escribe tu email:

Delivered by FeedBurner

Sindicación

Alojado en
ZoomBlog