Aló, nos equivocamos - Buenas y malas

Por Venezuela Real - 9 de Junio, 2008, 12:22, Categoría: Política Nacional

El Editorial
El Nacional
09 de junio de 2008

En el marco de tantas cosas malas que nos agobian y nos hacen pensar que somos un pueblo elegido, pero no para disfrutar de la vida sino para padecer los disparates de los gobernantes, el presidente Chávez renegó de la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia, que él mismo aprobó por decreto en Miraflores. Se trata de un gesto que debe ser examinado, como tienen que ser las cosas en este Gobierno tan dado a los dislates y las incoherencias.

El Jefe del Estado se vio obligado a reconocer que "algo malo" habitaba en la famosa ley que intentaba convertir a los venezolanos en una legión de sapos y delatores. Lo cierto es que esa proposición legal desconoce la verdadera naturaleza patriótica de los venezolanos, poco dados a transigir con los extranjeros a la hora de las cuestiones que tratan y rigen nuestra vida social, militar y política.

Históricamente, los venezolanos, desde muchos antes del gesto del 19 de abril de 1810, se habían complotado para garantizar una república soberana e independiente de cualquier potencia extranjera. De manera que hoy nadie nos puede "obligar" a ser patriotas. Lo somos y lo seremos en la misma medida en que reivindicamos una Venezuela andina y del Sur, sin que esa comunidad dependa de una estrechez ideológica, de un regreso al pasado y de una enemistad con nuestros vecinos. Esa tendencia oficial y esa actitud burocrática tan persistente en encuadrar y señalar a los venezolanos como traidores (si no somos, como quiere el Gobierno, hijos dilectos de la revolución bolivariana) no solo aísla a Venezuela en lo internacional, sino también en lo nacional. Un ciudadano puede preguntarse si su amor al país debe transitar por un amor sin condiciones con Chávez. Ese es el dilema.

Mientras el primer mandatario afirma, en Aló, Presidente, que "el Gobierno y el Estado bolivariano no van a atropellar la libertad de los venezolanos independientemente de su posición política", al resto de los ciudadanos que no conviven con su alternativa socialista le cuesta comprar ese arrepentimiento.

¿Cómo es eso de que un Presidente tan mandón y autoritario le pasan leyes bajo la mesa, y salen en Gaceta Oficial? Vamos a tener un poquito de seriedad y de convivencia, incluso para entendernos tanto los civiles como los militares. A cada quien, en lo justo, lo suyo.

Cuando el presidente Chávez admite (y repetimos para obviar dudas) que la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia "tiene algo malo", uno se pregunta qué es aquello que puede preocuparle entre tantas cuestiones de máxima urgencia en su agenda.

La respuesta directa es ésta y vale la pena que reflexionemos sobre ella: "A mí nadie puede obligarme a convertirme en delator", dijo. Recordó que cuando encabezó el intento golpista de 1992 lo interrogaron sobre sus enlaces civiles. "A mí me tuvieron preso y me preguntaron sobre mis contactos. Tengan la seguridad los venezolanos que aquí nuestro gobierno y el Estado bolivariano no van a atropellar su libertadT".





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