ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA : «Venezuela atraviesa la crisis existencial más grave de su historia»

Por Venezuela Real - 9 de Junio, 2008, 11:52, Categoría: Política Nacional

MILAGROS SOCORRO
El Nacional
09 de junio de 2008

Sostiene que la revolución de Chávez es reaccionaria El Nacional, llamado La izquierda real y la nueva
En ocasión de cumplirse un centenario del nacimiento de Salvador Allende, el primer marxista que llegó democráticamente al poder en el mundo, el intelectual chileno-venezolano le dedica uno de los textos incluidos en su libro, de próxima aparición en el catálogo de Los Libros de izquierda Cinco ensayos de interpretación histórica.

El próximo martes 10 de junio, la Sala de Conciertos de la UCV será escenario de la conmemoración del centenario del nacimiento de Salvador Allende (Valparaíso, Chile, 26 de junio de 1908 –Santiago 11 de septiembre de 1973), organizado por la Embajada de Chile y la UCV. Ahí estará Antonio Sánchez García, intelectual, miembro del Movimiento 2-D.

–¿Cómo ve usted a Salvador Allende hoy?
–Lo veo hoy como lo veía entonces: un tribuno profundamente civilista, un caballero, un hombre culto, de un muy arraigado sentimiento de solidaridad con las clases oprimidas. Un hombre de proveniencia aristocrática, médico que apenas ejerció por dedicarse a la política; un bon vivant, que amaba la vida. Lo vi entonces, y todavía, como una figura trágica, en el sentido de que llevaba en sí una contradicción irresoluble entre el demócrata y el revolucionario. No se puede ser ambas cosas a la vez. Él quiso serlo y fracasó.

–¿Murió de eso?
–Murió de esa contradicción.

Ya en su discurso de toma de posesión deja clara esa profunda contradicción: dice que ha logrado llegar a la Presidencia de la República liderando una alianza de centro-izquierda porque el país ha permitido a lo largo de su historia resolver sus contradicciones de manera institucional, política, consensuada; y que ése era el resultado de las estructuras sociopolíticas y económicas chilenas.

Pero más tarde, en el mismo discurso, señala que venía a terminar con esas estructuras que habían hecho posible su triunfo electoral. Ya estaba preso de una trágica contradicción entre el reconocimiento a la tradición, que le había permitido ser senador desde comienzos de los 40 hasta el 70 y presidente de ese Senado, el más tradicionalista de América Latina; y le había permitido participar en cuatro procesos electorales, pero al obtener el triunfo se puso al frente de un movimiento que se le escaparía de las manos.

–¿Cuál es el legado de Allende, a su juicio?
–Es un legado de doble naturaleza. Por una parte, la comprensión de las máximas posibilidades que el régimen democrático permitía llevar a cabo para socializar los conflictos y encontrar una solución consensuada; y, al mismo tiempo, un límite insuperable, porque no es posible la revolución socialista con rostro democrático, ya que eso equivaldría a la cuadratura del círculo. Allende es la prueba palpable de que el socialismo marxista-leninista, que él perseguía, no es obtenible por vías democráticas: es una contradictio in abyecto.

Pero él intentó por todos los medios jugar limpio. La gran enseñanza de Allende es su estatura humana, existencial.

Fue un hombre que rechazó toda vinculación con el militarismo; que no aceptó las injerencias del G-2 cubano; que quiso resolver el conflicto en el que se vio inmerso, pero de manera consensuada y pacífica, mediante un plebiscito, y las circunstancias no lo dejaron: no lo permitió ni la izquierda, que se opuso a darle el poder suficiente para que negociara ese plebiscito, ni la derecha y el centro, que ya se habían dado cuenta de que ya el arma de la crítica había pasado, como diría Marx, a la crítica de las armas. Allende murió deseando la realización de un plebiscito que sabía que perdería, pero no le interesaba ganarlo sino resolver ese conflicto pacíficamente y evitar lo que pasó.

–¿Cuál es la escena que, a su juicio, retrata mejor a Allende en esas horas finales?
–Cuando está en La Moneda (sede del Presidente de la República de Chile) llegaron sus propios edecanes, concertados ya con Pinochet, a pedirle que se entregara y se marchara del país con su familia y colaboradores en un avión dispuesto para tal fin.

Allende les contestó: "Díganle a sus jefes que tengan el coraje de venir a pedírmelo personalmente. Y díganles que Allende es un hombre digno y no se va a rendir. ¿Ven esto? (dijo mostrando una ametralladora que le había regalado Fidel Castro). La última ráfaga me la dispararé aquí (se tocó el mentón)".

Y fue lo que hizo. No se le hubiera ocurrido pedir una sotana que lo protegiera ni entregarse a sus enemigos.

Más aún, ordenó a su gente que saliera del despacho presidencial. Y cuando salían todos se escuchó decir: ¡Allende no se rinde!, y luego el sonido de un disparo. En ese sentido, el legado de Allende es el de la integridad política, de la fidelidad a la tradición. Más allá de los equívocos, fue un hombre que creyó en el socialismo, creyó posible implementarlo democráticamente, topó con la imposibilidad de logarlo y pagó con su vida por ese grave error.

–¿Con qué figura es comparable la de Allende?
–Allende no es comparable con ninguno de los líderes revolucionarios del continente. Ni con el Che Guevara ni muchísimo menos con Fidel Castro: Allende jamás hubiera utilizado la mentira, la represión y la tortura como instrumentos de poder. Por eso mismo, cuando los soviéticos lo conocieron supieron que ese hombre no podía hacer la revolución en Chile. Y considero que es un despropósito y una falta de respeto compararlo con el teniente coronel.

–¿Cómo definiría el actual momento venezolano?
–Venezuela atraviesa la crisis existencial más grave de su historia; incluso más que la Guerra Federal. Cuando la sociedad venezolana requería con urgencia dar un paso hacia la modernidad, Carlos Andrés Pérez atendió ese reclamo parcialmente, pero con importantes logros, como la descentralización, pero la sociedad no estaba preparada para esa modernidad y optó por irse al otro extremo, a la regresión más absoluta: Chávez es la revolución contrarrevolucionaria. Es la revolución reaccionaria; es el esfuerzo último de los sectores más retardatarios de la sociedad venezolana por impedir que ésta asuma su necesidad de modernizarse, que está tan viva que si Chávez no ha logrado imponer su proyecto retrógrado es porque, a pesar de los pesares, 40 años de democracia crearon las bases sociales, políticas y económicas para que la sociedad venezolana aspire a un salto adelante y a modernizarse. Esto se expresa en la gente que ha estado en la calle y que ha impedido a brazo partido que se imponga un régimen totalitario.

–¿Cuál es el espíritu del Movimiento 2 de diciembre?
–Es un grupo que, sin ser un partido político ni tener aspiraciones de poder ni de intervenir en ningún proceso electoral, y sin otra pretensión que el ejercicio de su ciudadanía, ha decidido dirigirse al país y decirle, sin mediaciones pero sin medias tintas, lo que está pasando, la gravedad del momento que vivimos y la necesidad de despertar.
 







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