Cada vecino un sapo, Cada Juez un delator

Por Venezuela Real - 9 de Junio, 2008, 12:12, Categoría: Derechos Humanos

Ibsen Martínez
TalCual
09 de junio de 2008

La única respuesta política que a Chávez ha dado a la derrota de su pretendida reforma constitucional el pasado 2 de diciembre de 2007, ha sido conducirse como si esa derrota no hubiese ocurrido.

Chávez y los suyos actúan, más bien, como si el electorado les hubiese dado el mandato de conducir a Venezuela hacia un modelo de sociedad estatizante, confiscatorio, autócrata y totalitario. Universalmente se acepta que lo que un referéndum zanja no debe proponérsele de nuevo a una sociedad democrática. Para Chávez, esas reglas de terreno no valen nada.

En diciembre pasado, Venezuela rechazó inequívocamente el modelo de "organización" del estado que Chávez le propuso y que desde hace cuatro años llama "socialismo del siglo XXI", sin haberse molestado jamás en definirlo cabalmente. Sin duda, la bien ganada "mala prensa" de los socialismos reales del pasado siglo XX tuvo mucho que ver con el primer triunfo electoral de la oposición en casi diez años de desgobierno chavista.

Pero, tanto o más que al socialismo a la cubana, los venezolanos rechazaron la intención de Chávez de perpetuarse en el poder mediante la aprobación refrendaria de la reelección indefinida.

Con todo, ni Chávez ni su más cercano círculo de incondicionales, han mostrado sensibilidad ni reacción eficaz alguna ante el hecho inocultablemente de que tres millones y medio de electores que, apenas en diciembre de 2006, volcaron más de siete millones de votos en las urnas para elegir por tercera vez a Chávez, no se hicieron presentes a la hora de sancionar con sus votos el modelo estatizante, totalitario y confiscatorio que se les ofrecía.

Se ha especulado que los dueños de los votos que le faltaron al SI en el referéndum siguen siendo pura y duramente "chavistas", que siguen imbuidos de una lealtad ciega al líder carismático. Y que, puesto que en el referéndum de diciembre pasado no estaba en juego el cargo del jefe, la molicie caribeña explicaría por sí sola la altísima abstención registrada entre el electorado natural de Chávez.

Según este modo de ver, en las venideras elecciones para gobernadores de estados y alcaldías, la conducta del chavismo realengo y "de base" sería distinta. Acaso haya quien todavía espere que los tres millones y medios de renegados de la reforma regresen al redil.

"Vendrán por mi en noviembre", ha advertido Chávez a los suyos, tratando de hacer valer una vez más su carisma entre los desposeídos.

Sea como fuere, una cosa es cierta: al chavismo "de a pie" le atrae tanto el socialismo a la cubana como dejarse picar de una mapanare. Esa es, para este cronista, entre otras, una buena razón de la deserción de gran parte del electorado chavista electorado hace ya seis meses.

Si al rechazo a la perpetuación en el poder y a la regimentación estatizante, se añade el desencanto de diez años de ineptitud gubernamental, de ostensible despilfarro e indignantes corruptelas en mitad del boom de precios petrolero más duradero del último medio siglo, no luce descabellado augurar serios reveses en las elecciones regionales de noviembre. Resultados que reproduzcan, a escala estatal y de alcaldías, y con mayor contundencia lo ocurrido en el 2-D. Este cronista piensa que una parte importante de la base social del Chávez lo ha abandonado definitivamente.

Indicio de ello está en que, de los 6 millones y pico de "militantes" con que Chávez afirmaba contar en su recién creado Partido Socialista Unico de Venezuela, apenas un millón –la cifra comúnmente asociada con la administración pública de bajo nivel, sujeta a extorsión política– se presentó a elegir los candidatos del "socialismo del siglo XXI" para gobernaciones y alcaldías. Los descalabros de la petropolítica chavista, expresados en los sucesivos reveses que han empavado la proterva relación de Chávez con las FARC colombianas, por ejemplo, no serían nada comparados con el cataclismo que para Chávez significaría perder, como algunos cálculos señalan que puede perder, hasta diez gobernaciones.

Para colmo, como resultado del fracaso de su reforma, y para usar la expresión popular, "Chávez ya tiene fecha de vencimiento, como la leche": 2012. Esta certidumbre ha desatado una dura "guerra de sucesión" al interior del chavismo.

Todas estas circunstancias explican por sí solas la última provocación con que Chávez desafía hoy a toda la sociedad venezolana: la aprobación, entre gallos y media noche, de una llamada "Ley De Inteligencia y Contrainteligencia" que explícitamente pone potestades de policía política totalitaria en las manos del mismísimo Chávez. Con esta ley, Chávez se anticipa en plan intimidador y con bárbara torpeza, a lo que sabe que se avecina: una creciente disposición mayoritaria de enfrentar sus arbitrariedades y desatinos y, más aún, derrotar a sus candidatos en noviembre.

La ley del sapeo y contrasapeo dispone que el aparato de administración de justicia se rija por ella y convierte los tribunales de la república en virtuales salas de interrogatorios al servicio de la policía política que ahora responderá directamente a Chávez y no al Ministerio de Interior y Justicia Los jueces no podrán invocar, si siquiera teóricamente, su ya desportillada "independencia" y negarse a brindar –o a fraguar o a retener– información sobre sus encausados a las autoridades de inteligencia y contrainteligencia cuando así se les ordene.

Las formas que esta sujeción "legal", que agrava la sujeción política del sistema judicial venezolano al ejecutivo, pueda cobrar sólo pueden imaginarse, toda vez que esta ley –en vigencia desde el lunes pasado– deja en el propio Chávez , ya ni siqiuera en sus ministros, la potestad de penalizar el sólo hecho de disponerse a ofrecer oposición pacíficamente. Tan grave como lo anterior es la explícita provisión que hace obligatorio el "espionaje de vecindario", remembranza ominosa de los Comités de Defensa de la Revolución cubanos.

Otras "leyes-madrugonazo" no han dejado de indignar a los venezolanos cuando todavía no salen del estupor que brindan las revelaciones del laptop del fallecido jefe de las FARC, Raúl Reyes.

Me refiero con esto a la directiva, emanada del Ministerio del Poder Popular para la Cultura, que ordena la conversión de más de 22 espacios culturales públicos –teatros, museos, salas de música, etc–, incluyendo el teatro "Teresa Carreño", como ámbitos declaradamente al servicio del ideario del régimen, pues se les define como obligados, para el cumplimiento de sus objetivos, "a implementar medidas que garanticen la participación protagónica y la corresponsabilidad activa del pueblo en la formulación, ejecución y control de su gestión, orientada a la construcción de una sociedad socialista". Y se dispone, para el caso particular del teatro Teresa Carreño, que "los programas artísticos y culturales que allí se ofrezcan deben seguir "valores de soberanía e igualdad orientada [sic] a la construcción de una sociedad socialista".

Y todo esto en un país que, hace apenas seis meses, le dijo mayoritariamente "No" a la sola idea de un vagaroso pero no menos amenazante "socialismo del siglo XXI." Esta escalada de provocación viene aconsejada por la misma arrogancia que llevó al cierre de RCTV con resultados por completo inesperados y contraproducentes para el régimen. Esta vez el agraviado no es un canal de tv, sino toda una sociedad que aspira a vivir en libertad y democracia.

Perder es cuestión de método y Chávez– hay que reconocérselo– es un sujeto sumamente metódico.






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