Inflación del Estado

Por Venezuela Real - 12 de Junio, 2008, 11:43, Categoría: Cultura e Ideas

OVIDIO PÉREZ MORALES
El Nacional
12 de junio de 2008

El Estado debe interpretarse como un ente al servicio de la persona y de la comunidad

Resulta contradictorio dentro de una concepción socialista definida marxista, el crecimiento monstruoso e irreversible del Estado, junto con la teórica afirmación de su desaparición en la etapa final de la historia.

El "socialismo real", del cual el siglo pasado ofrece un ingente inventario de trágicas experiencias, registró una progresiva inflación del Estado. Y lo que prometió como liberación de alienaciones, se convirtió en sistemas máximamente opresivos y represivos. El proclamado reino de la libertad resultó en monolito asfixiante.

El "socialismo", que de por sí sugeriría una convivencia en fraterna interrelación, corresponsabilidad asumida y frutos compartidos, ha conducido, en su dogmática versión leninista-estalinista-castrista, a una organización social caracterizada por el verticalismo impositivo, el dirigismo centralizado; a una "planificación" convertida en herramienta homogenizante. ¿Resultado? Se ahoga la subjetividad de los miembros de la sociedad y a ésta se la convierte en masa de gentes sin rostro genuino, comandada por una nomenclatura manipuladora de todo (economía, poder político, cultura).

El socialismo (totalitario, no el democrático) funde los propietarios, los patrones, en uno solo, frente al cual no queda la posibilidad de un ejercicio autónomo de los trabajadores y de sus organizaciones, ni el despliegue, por tanto, de una iniciativa personal y grupal, expresión de auténtica libertad, abierta siempre a perspectivas renovadoras.

Por ello el socialismo-estatismo es una mentira de redención social, de poder del pueblo para el pueblo. Lleva a una alienación peor. Y el "paraíso" propuesto como plenitud histórica resulta una patente involución.

Así como lo individual no puede cerrarse a la necesaria apertura social de la persona, so pena de agostarse en un gélido egoísmo, de igual modo, lo social no puede diluir lo sujetivo de las personas en una informe masa de "material humano".

El Estado debe interpretarse como un ente al servicio de la persona y de la comunidad; con una funcionalidad históricamente moldeable. Tiene un papel importante que jugar, pero ha de conjugarse con una subsidiaridad, que lo relativice complementariamente con los demás cuerpos sociales y las personas singularmente tomadas. La función reguladora y promotora del Estado es necesaria. Sus atribuciones tienen, sin embargo, que escribirse con minúscula, como por ejemplo: autoridad, maestro, comunicador. Cuando se pretende erigirlo en "el Maestro" y cosas por el estilo, se distorsiona radicalmente su sentido y finalidad.

El proyecto "socialismo del siglo XXI" lamentablemente va por el camino ya conocido del "socialismo real" (entre cuyos herederos figuran el castrista y el norcoreano). Si se continúa por esta senda, tarde o temprano se tendrá que regresar, recogiendo escombros, para rehacer caminos.

El verdadero desafío ahora, en los inicios de siglo y de milenio, reside en construir una sociedad realmente "nueva", un "nuevo humanismo", que integre justicia y libertad, solidaridad y paz, fraternidad y calidad espiritual. Una nueva sociedad, pluralista, en que no haya ecuaciones tales como Estado=gobierno=partido=je fe, ni culturas del amedrentamiento y del temor, sino que se oriente con decisión, verdad, perseverancia y humildad a la edificación de una "civilización del amor".
 
 
 
 
 





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