Golpes de pecho

Por Venezuela Real - 15 de Junio, 2008, 11:52, Categoría: Política Nacional

Fernando Ochoa Antich
15 de junio de 2009
El Universal

Definitivamente, Hugo Chávez cree que los venezolanos no tenemos memoria. Durante estos diez años de desgobierno no es la primera vez que pone cara de yo no fui y empieza a darse golpes de pecho. Recuerden la alocución que dio al regresar a Miraflores, inmediatamente después del golpe de Estado que lo derrocó durante los trágicos días de abril de 2002, pero no olviden que ninguna de las promesas que nos hizo, en ese momento, se transformó en realidad al sentirse fortalecido por el triunfo en el referendo revocatorio. Siempre actúa de la misma manera. Es una táctica que los militares conocemos bien. Se llama Acción Retardatriz. En ella, el comandante cede terreno para ganar tiempo, mientras espera la llegada de refuerzos no comprometidos en el combate para iniciar una nueva ofensiva.

El chavismo tiene que ganar las elecciones de noviembre  de este año a toda costa. Una segunda derrota comprometería definitivamente el destino de "la revolución". Esta verdad la conoce claramente Hugo Chávez y sus conmilitones. No pueden arriesgarse.  Los análisis realizados en la sala situacional de Miraflores deben haber concluido que la situación electoral es bastante delicada. Las posibilidades de una derrota son ciertas. El tiempo empieza a ser demasiado corto. Se necesita con urgencia restablecer la antigua empatía que existía entre la palabra presidencial y los sectores populares. Eso ya no es fácil. La decepción es demasiado grande. Para lograrlo se requiere de hechos que verdaderamente impacten a la opinión pública.

Analicemos tres de las últimas acciones del gobierno para descifrar su verdadero sentido. La ley de inteligencia y contrainteligencia fue aprobada de manera sorprendente por Hugo Chávez. Como era de esperarse, tuvo de inmediato un importante rechazo en la opinión pública. No era para menos. Se vulneraban derechos humanos fundamentales. Las críticas que de inmediato surgieron, fueron rechazadas con soberbia por Ramón Rodríguez Chacín, el fracasado ministro del Interior. Parecía que el gobierno estaba dispuesto a dar una gran batalla para imponerle a la sociedad sus puntos de vista. De repente, sin mayores explicaciones y en franca contradicción con altos personeros del gobierno, Hugo Chávez reconoce que la ley tiene problemas y decide revocarla. Una verdadera obra de teatro.
 
Hugo Chávez trató durante algunos meses de utilizar el tradicional sentimiento nacionalista venezolano con relación a Colombia para fortalecer la unidad nacional y su ascendiente popular. La campaña dio buenos resultados. Todo parecía bien orientado hasta que aparecieron las benditas computadoras de Raúl Reyes. Las estrechas vinculaciones de Hugo Chávez con las FARC quedaron al descubierto. El rechazo nacional e internacional se volvió una realidad. Era necesario rectificar. Las encuestas señalaban que más de 75% de los venezolanos consideraban las acciones de las FARC, principalmente los secuestros, como algo inaceptable. Mantener esa vinculación era demasiado costosa. Podía transformarse en una gran bandera para la oposición. De la noche a la mañana todo cambió: "La lucha guerrillera ya no tiene justificación en la América Latina".  Las FARC dejaron de ser un verdadero ejército que lucha por la reivindicación del pueblo colombiano, para transformarse en un grupo subversivo sin destino.

La gota que rebozó el vaso fue la reunión con los empresarios. Tuve la paciencia de escucharlo en su larga perorata. Regalar el dinero de los venezolanos en un conjunto de proyectos fantasiosos para enriquecer a algunos privilegiados fue el objetivo de la reunión. La indiscutible caída de la economía y el fracaso en general del chavismo en todos sus esfuerzos administrativos  obligaba a recomponer la relación del gobierno con los empresarios. Repetir el fenómeno chino: una economía capitalista con un gobierno de ideología socialista. Ese fue el planteamiento presidencial. La sonrisa que capté en algunos empresarios me hizo comprender que todos los allí presentes conocían de antemano que la única idea realmente socialista que aspira imponer Hugo Chávez en Venezuela es su permanencia indefinida en la Presidencia de la República. Al final de la reunión, el caramelo de rigor: la suspensión del impuesto a las transacciones bancarias y el ofrecimiento de no establecer nuevos tributos. En fin, un gobierno más neoliberal que el de Ronald Reagan.

En definitiva, tres acciones que sólo buscan ganar las elecciones de noviembre. El único problema que tiene que enfrentar Hugo Chávez para tener éxito en su maniobra es lograr que los venezolanos, cansados como estamos de tantas promesas incumplidas, vuelvan a creer en lo que él dice. Creo que esto es ya imposible.  Diez años de engaño son más que suficientes.






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