Juan Carlos Rey: "Este gobierno es peligroso porque es inestable por naturaleza"

Por Venezuela Real - 15 de Junio, 2008, 11:25, Categoría: Política Nacional

JAVIER CONDE
El Nacionanl
15 de junio de 2008

El ex director del Instituto de Estudios Políticos de la UCV cree que la historia de la democracia venezolana es la de sus partidos políticos, que fueron un ejemplo de dinamismo y luego se convirtieron en fósiles: "Si no hay organizaciones sólidas, no hay solución. No confío en liderazgos carismáticos".

Juan Carlos Rey acaba de publicar Personalismo o liderazgo democrático: el caso de Rómulo Betancourt, un texto de 120 páginas en el que da curso a su obsesión: encontrar las causas de la crisis de la democracia venezolana.

Ha llegado con antelación a la cita y espera en la pequeña sala de la quinta Pacairigua de Altamira, donde Rómulo Betancourt recibía a sus visitas y donde hoy funciona la fundación que lleva el nombre del líder histórico de Acción Democrática. En esta antesala, que hoy es una pequeña biblioteca, hombres poderosos aguardaron por la palabra definitiva del fundador adeco. Una imagen de los ochenta congeló a Jaime Lusinchi saliendo, furtivo, una noche de esta casa, donde la política siempre estaba invitada a la mesa.

Rey se siente cómodo rodeado de libros. Es su hábitat natural. Graduado en Derecho en la Universidad Central de Venezuela en 1960, se especializó después en Derecho Público y Ciencias Políticas.

Fue profesor del Instituto de Estudios Políticos de la UCV durante 25 años y su director durante otros 6 años más. Tiene 7 libros publicados y más de 60 ensayos y artículos, en los cuales la política es asunto fundamental.

–¿Es posible identificar el momento que provocó el deterioro del proceso democrático en Venezuela?
–Las cosas no ocurren de la noche a la mañana. La crisis comienza en los años setenta. Yo creo que empezó en la primera presidencia de Rafael Caldera, cuando se acabó la guerrilla y desapareció el peligro contra el sistema. El Pacto de Punto Fijo se puede entender como un acuerdo provisional para evitar las amenazas contra la democracia, para que luego los partidos pudieran volver a su orientación ideológica original. Pero no, los partidos se movieron por el poder y entonces se empezaron a escuchar críticas al pragmatismo creciente de los partidos, que habían abandonado sus principios ideológicos. El poder es, ciertamente, esencial para hacer las transformaciones, pero se modifica la relación programa-poder, poder-programa.

–Nunca llegaron a convertirse en partidos modernos. ¿Cree usted que abandonaron la formación ideológica y política?
–Totalmente. En los años cincuenta y sesenta era una maravilla la preocupación por la preparación ideológica en los partidos: seminarios, lecturas, agitación constante; ésa era la primera línea de preocupación. Pero eso se acabó.

–¿Y ese declive no se pudo revertir, ni siquiera con los esfuerzos de la Copre?
–Los dirigentes de los partidos eran conscientes de ese proceso de deterioro, sabían que la cosa iba al desastre. Uno hablaba con los líderes de Copei y AD sobre las propuestas para la democratización, y estaban de acuerdo, pero decían "ahora vienen las elecciones.

Mejor en el próximo período".
No eran sinceros, no querían democracia, porque se negaban a perder el poder que tenían. La gran masa en Venezuela tampoco quería que los partidos se democratizaran, lo que querían era destruirlos. Si uno le proponía organizar un movimiento de opinión a favor de la democratización de los partidos, lo rechazaban. La gente lo que deseaba era que se extinguieran.

–En 1992 había crecimiento económico, descentralización y, sin embargo, se produjeron los dos intentos fallidos de golpe de Estado.
–Ocurre la descentralización, pero ninguna democratización de los partidos. En la segunda presidencia de Carlos Andrés Pérez hubo una total sumisión del partido al Presidente, aunque puertas adentro estaban en su contra. Usted hablaba con la dirección del partido de las políticas de Pérez y se escandalizaban, pero decían que no podían hacer nada. Eso era lo formal, aunque en verdad los frenaba el poder que tenía Pérez dentro del Estado.


–¿Era igual ese Pérez de 1988 al de 1973, cuando ganó sus primeras elecciones?
–Era diferente en el estilo de política, pero no en la personalidad. Los dos eran igualmente antipartido. ¿Quiénes son los ministros del primer Pérez? Carmelo Lauría no era del partido, era un empresario; Gumersindo Rodríguez era un renegado, expulsado por Betancourt. La gente en la que confía no es del partido, es gente a la que se une por relaciones personales. Eso es típico de Pérez en los dos períodos.

–Usted también ha sido crítico del papel que desempeñaron los medios y aquel grupo conocido como Los Notables.
–Son dos grandes culpables, porque en lugar de criticar la falta de democracia, lo que querían era destruir a los partidos. Los medios se propusieron eso.


–Equivocadamente....
–Efímeramente.

–Y luego vino Chávez...
–Que es otro antipartido.

–¿Por qué lo define así?
–Primero porque es militar, y los militares venezolanos han sido, por su historia, gente que entiende los partidos como facciones con intereses parciales, enfrentados en la lucha por el poder. Ésa es una idea constante en el siglo XIX.

–Pero Chávez ha puesto el énfasis político de esta etapa de su gobierno en la creación de un partido político fuerte. –¿Cuál partido? El PSUV es un instrumento para gobernar, porque siente que no puede hacerlo solo. No puede con esa pequeña estructura de ex militares incompetentes, que no tienen captación de masas.

Por eso intenta crear un partido personal. Chávez no quiere un partido con sus dos características esenciales: dirección y responsabilidad colectiva. En este caso, el partido es él.

–Se solía decir que AD era el partido de Rómulo Betancourt.
–Sí, pero Betancourt no podía hacer lo que quisiera. Había una dirección, una ideología, unos cuadros políticos; había una organización que se podía imponer a Betancourt, que si bien era un hombre de una personalidad muy fuerte, también se esforzaba en ser un primus interpares, uno entre iguales. Había personas como Luis Beltrán Prieto Figueroa, Valmore Rodríguez, Gonzalo Barrios y Raúl Leoni, unos colosos políticos e intelectuales que no se reunían para aclamar lo que Betancourt quería.


–¿Tampoco es cierto la versión de que AD se hizo fuerte a partir del golpe de 1945?
–Eso lo ha dicho José Vicente Rangel, y es falso. Los militares buscaron a AD porque era el único partido de masas que existía. A diferencia del Partido Democrático Venezolano, la organización que el general Isaías Medina Angarita fundó desde el poder, que desapareció después de que un decreto lo ilegalizó. La Junta Militar persiguió a AD con una ferocidad sólo comparable con la desatada contra los comunistas, y sobrevivió.

–¿El golpe de 1945 fue un error?
–AD no tenía salida. Lo que fue un error es cómo administraron los adecos el poder, la persecución implacable contra los medinistas, los famosos juicios de responsabilidad civil carentes de toda legalidad.

–¿Qué diferencia hay entre el golpe de 1945 y las intentonas de 1992?
–En 1945 no había otra vía.

Chávez sí la tenía, y la prueba es que luego llegó al poder por la vía democrática. Pero él no creía en la democracia y desconozco si ahora cree. Organizó un grupo militar golpista, pensando en asaltar el poder por las armas, sin apoyo popular; y después de salir de la cárcel son Rangel y Luis Miquilena quienes lo convencen de organizar el aparato político para ganar las elecciones.

–Por estos días se vuelve a hablar de fases previas a una insurrección. ¿Cree usted que éste es un momento peligroso?
–Un gobierno como el de Chávez es peligroso, porque es inestable por naturaleza. Puede disfrutar de una relativa estabilidad, por los ingresos petroleros y porque no hay una oposición; pero está basado en un elemento personalista, sin ideas claras, improvisado y sin un aparato de partido. Es un gobierno totalmente inestable y no me extraña que en cualquier momento ocurra una desgracia. El gobierno de Chávez no tiene bases sólidas.

–¿El apoyo popular con el que ha contado no es una base sólida?
–Ése es un apoyo coyuntural que reflejan las encuestas, pero eso no basta. Si no hay partidos sólidos, permanentes y disciplinados, no hay solución.


No confío en liderazgos carismáticos. Hay que construir instituciones.
 
 
 
 
 





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