Se acabó lo que se daba

Por Venezuela Real - 16 de Junio, 2008, 15:46, Categoría: Política Nacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
16 de junio de 2008

Según la versión oficial de la realidad, las llamadas "rectificaciones" de Hugo Chávez en materias tan determinantes para la marcha de su presunta revolución socialista como el currículo bolivariano, la Ley de Inteligencia y Contrainteligencia o la lucha guerrillera de las FARC en Colombia, no son pataleos de ahogado sino demostraciones muy palpables del firme espíritu democrático de nuestro comandante-presidente. Todos sabemos, sin embargo, que la verdad es otra. El abandono sistemático de posiciones fundamentales para la "revolución" en todos los frentes de batalla responde a necesidades que cada día son menos tácticas y comienzan a ser, sobre todo de cara al malestar que crece sin cesar en los cuarteles, más estratégicas y de-sesperadas. Disparates tras disparates que al fin han terminado por colocar a Chávez delante de su propio y muy angustioso dilema: todo o nada. Y ya sabemos también que puesto a escoger entre el socialismo y la muerte, Chávez siempre ha preferido no inmolarse.

Esta triste historia de sálvese quien pueda arrancó con el cierre de RCTV, punto de inflexión del proceso, cuando, cegado por su triunfo electoral del 6 de diciembre, Chávez se creyó invencible e infalible y se entregó, ya sin ninguna prudencia ni mesura, a gobernar en solitario. Desde entonces, la improvisación continua de un sprinter que pasa por alto las rigurosas exigencias de una carrera de fondo, ha sido la pauta de su toma de decisiones durante los últimos doce meses.

Una ofuscación, alimentada por el verbo encendido de sus más ardientes aduladores, recuérdense los argumentos de Calixto Ortega, Ramón Carrizales o Carlos Escarrá en el caso de la ley de todos los sapos, que ha traído estas tempestades. Hasta entonces, Chávez había podido salir medio ileso de sus absurdos desvaríos, ordenándole, por ejemplo, a su ministro de Comunicaciones e Información cargar con la culpa y sacrificarse por la patria para poder corregir su error de ponerle precio a la retransmisión de materiales informativos del canal 8, o forzando a sus ministros de Infraestructura y de Industrias Ligeras y Comercio a hacerse el harakiri para encubrir el desliz presidencial de reducir el precio de los pasajes interurbanos y suburbanos.

Esta obstinada carrera de Chávez hacia ninguna parte con tal de hacerse la ilusión de que aún el pueblo escucha con cierta claridad su voz de mando, ha tenido su más pobretona manifestación en esta maniobra sin el menor sentido revolucionario de buscar una alianza táctica con el sector privado de la economía y las finanzas, encaminada exclusivamente a suavizar temporalmente los devastadores efectos de la actual crisis económica (frenazo substancial en la tasa de desarrollo) y social (aumento igualmente substancial de la tasa de inflación y caída en los niveles de consumo) antes de las elecciones regionales. Todo, cualquier cosa, incluso un eventual pacto con un diablo que muy pronto se vestirá de negro, eso lo señaló Heinz Dieterich la semana pasada, para evitar a toda costa que en las urnas de noviembre se repita el estruendoso fracaso del 2-D.

Aunque como nos lo advirtió el pasado jueves, primera vez que lo admite en público, siempre le queda el recurso de abandonar lo que él llamó plan electoral y aplicar un plan B, cuya naturaleza prefirió no definir.

Las reacciones en las filas del chavismo no han tardado en producirse. Disculpa, amigo, escribió un forista en las páginas digitales de Aporrea.

com, pero eso se llama reformismo. O como se pregunta otro rojo rojito desconcertado: ¿Decisión sabia o retroceso ante la putrefacta burguesía que siempre ha conspirado contra el pueblo? O como sentencia otro: si los revolucionarios asumimos el camino de la socialdemocracia estamos jodidos y la derecha estará en el poder en un dos por tres. O como proclama un escéptico socialista del siglo XXI, Patria, Consumismo o Muerte, como cínica explicación para interpretar la visión del líder máximo de la revolución haciéndose el simpático con "la más rancia burguesía" y aderezándole la píldora con dos regalitos inesperados: la eliminación del impuesto a las transacciones financieras y la flexibilización de Cadivi para satisfacer las solicitudes empresariales.

Suerte tiene Chávez, porque si bien para chavistas y antichavistas aquí se acabó lo que se daba, por ahora, los hechos parecen darle la razón a Alberto Barrera Tyszka, quien hace dos domingos, en estas mismas páginas, se preguntaba: "¿Qué se puede esperar de un país que tiene la capacidad de indignación bajo cero?".

¡Que Dios nos agarre confesados!





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