El amigo americano

Por Venezuela Real - 17 de Junio, 2008, 18:27, Categoría: Política Nacional

ANDRÉS CAÑIZÁLEZ
El Nacional
17 de junio de 2008

El cineasta alemán Win Wenders le puso rostros a los personajes de la novela de Patricia Highsmith en la inolvidable película El amigo americano. Desarrollada a ritmo vertiginoso en emblemáticas ciudades de Europa, todo parecía girar tanto en la cinta como en el libro en torno a la pastosa personalidad de Tom Ripley. El título viene dándome vueltas a propósito de la postrera gira de George W. Bush por varios países europeos. Bush terminará su mandato en breve, y poco entusiasmo ha despertado la visita, pues en realidad la expectativa general parece centrada en quién pasará a ocupar la Casa Blanca. Todas las miradas están en la carrera presidencial que culmina en noviembre.

Bush se acerca al final de ocho años de mandato que han sido desastrosos no sólo para los ciudadanos de Estados Unidos, sino para la comunidad internacional. La política unilateral de Washington ha demostrado sus límites, y la situación literalmente desborda la capacidad estadounidense para resolver la crisis de Medio Oriente, el atolladero de Irak junto con el inescrutable porvenir de Afganistán. Simbólico de su gestión: la gira más extensa por el territorio de sus socios europeos tiene lugar ahora, cuando ya nada puede decidir o resolver con éstos. Al menos en Europa, Bush tendrá una visita de cortesía, una suerte de triste despedida.

Hacia América Latina, y en particular hacia Venezuela, la política estadounidense ha sido aliada del presidente Chávez.

Durante los ochos años del gobierno de Bush, trayecto largo también recorrido por nuestro jefe del Estado ejerciendo el poder, Washington careció de una política mínima hacia América Latina, y qué decir de Venezuela. Con Caracas, en estos años, no se movió un ápice de la relación comercial, que basada en el petróleo la convierte en mutua dependencia. A fin de cuentas, Venezuela con todo y su socialismo del siglo XXI, ha sido un seguro proveedor de crudo de la potencia imperial.

Entretanto, las importaciones venezolanas, siguen teniendo al norte como abastecedor para las necesidades materiales, pero especialmente simbólicas. Nada parece haber cambiado allí. Los discursos amenazadores, que se emiten en Caracas o en Washington, parecen ser parte de una rutina humorística.

La diplomacia del micrófono ayudó al que grita más. Los continuos señalamientos de infinidad de dependencias estadounidenses, un día el Departamento de Estado, otro el de Defensa, alguna vez la CIA, más que obedecer a una política consistente de Estados Unidos, pasaron a formar parte de la justificación necesaria para la dosis de nacionalismo de la revolución bolivariana. En realidad, dichas declaraciones ayudaron a Chávez en lugar de castigarlo. Lo convirtieron en el héroe antiimperialista de la barriada latinoamericana.

La ausencia de una política global de Estados Unidos hacia América Latina también terminó favoreciendo a Chávez y sus proyectos integracionistas al estilo del ALBA. Washington terminó castigando a sus socios estratégicos en la región.

A México le construyó un muro para atajar a los inmigrantes, una verdadera vergüenza; entretanto a Colombia le dejó sin tratado de libre comercio, luego de que Bogotá fuese su principal aliado regional; toda una contradicción. Sin una política estadounidense, un Brasil consumido en sus crisis políticas de corrupción internas en los dos mandatos de Lula, Venezuela ha terminando erigiéndose en un actor de peso (y con buena chequera) para una política que, de modo grueso, podríamos catalogar de contrahegemónica.

Bush se va, pero es difícil no considerarlo el amigo americano del presidente Chávez.





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