Falsa salida al binomio violencia-inseguridad

Por Venezuela Real - 18 de Junio, 2008, 12:31, Categoría: Seguridad/Inseguridad

FREDDY BELLO*
El Nacional
18 de junio de 2008

En Venezuela, entre 1985 y 1995 hubo aproximadamente 40.000 muertes violentas, las cuales fueron fundamentalmente homicidios por arma de fuego. En la década anterior, las muertes violentas no ocupaban los primeros lugares de mortalidad.

Esto no significa que en esa época había una ausencia de violencia, más bien es un indicador de que, por una parte, el fin de la violencia para ese entonces no era la muerte del sujeto que se considera amenazante, y, por otra parte, nos permite observar que el sistema institucional estaba más identificado con su "deber ser", pues existía una sociedad con instituciones fortalecidas, reconocidas y aceptadas por todos los miembros –o por la mayoría–.

Hoy día, es posible plantearse que vivimos en una sociedad sin modelos institucionales que regulan la relación entre sus miembros, relación ésta marcada por la agresión permanente. Si asumimos lo anterior, entonces debemos entender como principio que Venezuela es una sociedad en guerra "intestina", esto es, fratricida, donde los enfrentados no sólo se catalogan con un criterio político de aliados circunstanciales o de adversos coyunturales sino como verdaderos enemigos, pero de orden social. Este enemigo de orden social no elimina o destruye a su contrario para quedarse, como se podría suponer, reinando sobre los bienes y satisfactores del otro, porque nuestra violencia, nuestra guerra cotidiana, no es una guerra por disputa del territorio donde hay que aniquilar al enemigo o hay que subordinarlo. Si esto fuera así, entonces una vez terminado cada episodio de guerra deberíamos revestirnos de sistemas de seguridad para el permanente resguardo del enemigo por posibles nuevos ataques. Si insistimos en ver nuestra guerra bajo los parámetros anteriores, caemos en una falsa apreciación de esta realidad, lo que conduciría y ha conducido a una salida también falsa.

Un ejemplo de falsas salidas basadas en la incapacidad institucional para comprender y tratar los problemas más emblemáticos y complejos, típicos de nuestra modernidad inconclusa, lo tenemos en el tratamiento dado al problema de la vivienda. El Estado ha asumido una posición ante la violencia, similar –o peor– a la que asumió con relación a la crisis habitacional en la segunda mitad del siglo XX, donde dejó en manos de los pobladores pobres la solución a dicho problema. Así, el rancho vino a ser no una salida transitoria sino una solución final, aportada por un Estado incapaz, con consecuencias insospechadas: no es casualidad que el rancho, como la base para orientar una política de vivienda por parte del Estado, propició la conversión de espacios comunitarios en lugares que presentan elevados niveles de violencia crónica. Ahora se repite la historia y se pretende dejar en manos de los pobladores, comunidades, organizaciones sociales paraestatales y parapoliciales la solución al problema de la violencia, convirtiendo a ésta en una simple expresión de inseguridad.

Señores: estamos ante falsas salidas que hacen de la violencia no la evolución de una estadística de tendencia, sino la cultura de una sociedad, tal y como se enquistó la cultura de rancho.

Para entender cómo es nuestra guerra, debemos tener una visión más vinculada al planteamiento de salidas acertadas a nuestro quiebre institucional y ello consiste en reconocer que siempre coexistirán la agresión, la violencia, junto con la paz y la estabilidad. Por lo tanto, la política de inseguridad basada en el exterminio jamás ha sido –ni será– la salida a la violencia, aun en aquellos estados de violencia generados por la guerra entre naciones. La reflexión para sobrevivir en este binomio violencia-inseguridad, no debe girar en torno a si al Estado le preocupe o no el problema de la violencia, sino que debe partir de la asunción de que es un problema que nos ha rebasado completamente, y que ya ni se registra, ni se entiende, y mucho menos se puede atacar. La única respuesta es la represiva función que cumplen los diversos cuerpos de seguridad, función ésta que en la actualidad es llevada muy precariamente, no sólo por la corrupción presente en ellos, sino por la anomia existente al interior de la misma sociedad.

* Universidad de Carabobo







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