La muerte le sienta bien

Por Venezuela Real - 19 de Junio, 2008, 11:56, Categoría: Gente de Chávez

ELIZABETH ARAUJO
TalCual
19 de junio de 2008

Lo de Rodríguez Chacín no tiene desperdicio. En su alocada carrera por arrebatarle el récord en declaraciones extravagantes al ya casi olvidado Pedro Carreño, el actual ministro del Interior y Justicia insiste en presentar una visión muy particular acerca del tema de la inseguridad, que nadie sabe si calificarla como producto de algún desvarío mental, o de excesiva ignorancia o sencillamente de un toque personal de cinismo. Desde que asumió la cartera del MIJ, este personaje enigmático, afectado ciertamente de un fanatismo ideológico que revolotea en su cabeza y no le permite ver la realidad, no ha hecho más que acentuar el miedo de los venezolanos frente a lo que se considera, según las encuestas, el problema de mayor preocupación en la sociedad.

Cada vez que el ministro habla, tanto el ciudadano de a pie, como el transportista de rutas troncales o el profesional residente de las urbanizaciones amuralladas y con vigilancia, tiemblan. Sus declaraciones no disipan el temor sino que lo acrecientan porque los operativos o planes especiales que inventa de la nada van en la dirección contraria y parecen enviarle un mensaje al hampa y a los sicarios de que Caracas -o cualquier ciudad del interior- es una zona de despeje. El inesperado choque de sus afirmaciones con la realidad demuestra que Rodríguez Chacín no debió ser el ministro que el Gobierno requería para afrontar con soluciones eficaces la oleada de homicidios y asaltos que convierte las morgues del país en sitio de reencuentro intrafamiliar. Lejos de ser removido, Rodríguez Chacín figura como el hombre clave, casi imprescindible, de la política policial, y su cadena de desaciertos termina por ser corregida por parlamentarios y otros funcionarios e inclusive santificada por la felicitación dominical del presidente Chávez.

La tesis insostenible de que los enfrentamientos entre bandas delictivas en los barrios, o que el secuestro y posterior asesinato del transportista de La Vega o, incluso, la muerte de Javier García no deberían ingresar en las estadísticas de la inseguridad, porque en el primer caso quienes mueren son delincuentes, o porque el conductor "estaba fuera de sus funciones laborales" en el momento del suceso, o porque la muerte del joven periodista "parece corresponder a un crimen pasional", indica que el ministro se burla de los venezolanos y que los medios, en su deseo de no querer informar más sobre asesinos y sicarios, han tomado demasiado en serio estos puntos de vista que rayan en el teatro del absurdo. Desde que asumió su rol de "camarada" de narcoguerrilleros, luego patrocinante de una Policía Metropolitana "insurgente y subversiva", o inspirador de la por ahora derogada ley del sapeo y autor de teorías criminalísticas novedosas, como esa de que los tiroteados con prontuarios policiales o en circunstancias no encasilladas como atracos, no corresponden al tema de la inseguridad, podrían convertir al ministro del Interior en un genuino promotor del humor negro, de no ser porque las escenas de tristeza e impotencia que desfilan a las puertas de la morgue nos hablan de un país que se desangra los fines de semana, mientras Rodríguez Chacín y los suyos corren presurosos a hacer su revolución.






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