Cinismo y protestas - Granos argentinos

Por Venezuela Real - 20 de Junio, 2008, 11:02, Categoría: Política Nacional

El Editorial
El Nacional
20 de junio de 2008

" Con cacerolazos y cortes de rutas no se arregla nada", dijo la presidente de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, en la manifestación de apoyo de sus seguidores, como respuesta a las protestas que, durante varias semanas, han llevado a cabo los agricultores de su país. Alegó que con la obstrucción de la vías "se estaba socavando la democracia". A lo mejor esto es correcto, pero resulta totalmente contradictorio con la actitud de gracia y apoyo mantenida tanto por su gobierno como por el de su marido, Néstor Kirchner, con los "piqueteros" mafiosos, cuya especialidad consiste también en tomar las carreteras y vías públicas, pero a favor del régimen peronista.

Si la política oficial argentina es hacer la vista gorda ante la acción de los piqueteros cuando impiden el tránsito por las carreteras, con el apoyo además de petrodólares venezolanos (el jefe de esos bandidos estuvo en Miraflores y salió con la valija llena, como Antonini), nadie se explica por qué ahora, cuando son los agricultores quienes utilizan métodos similares, resulta necesario impulsar y organizar manifestaciones con militantes peronistas, acompañando este acto oficial con ataques furibundos contra los medios de comunicación.

Este caso, por lo cínico, constituye un ejemplo de lo peligroso que resulta olvidarse de las instituciones en busca de beneficios político-electorales inmediatos. Las protestas de los piqueteros son y fueron toleradas porque se presumía que, en el fondo, eran un respaldo al gobierno K (de los Kirchner) y, en todo caso, constituían una amenaza para quienes del alguna manera los contrariaban.

A los piqueteros se les utilizó y se les utilizará de manera similar a como en Venezuela Chávez amenazó sobre el peligro de que "bajaran los cerros". Él se propuso como el remedio y la represa militar de las protestas y las inquietudes populares.

Pero tanto en Argentina como en Venezuela, ya las manifestaciones no tiene un signo partidista ni político, sino que están íntimamente unidas a los impuestos, a la carestía de la vida, a la inseguridad y la corrupción, al desabastecimiento y a la perversión en la calidad de los servicios públicos. El mismo gobierno que permitió que se desataran las pasiones, se encuentra ahora acorralado por ellas.

Como dice acertadamente el diario La Nación, de Buenos Aires, en un editorial de esta semana: "Es un grave error creer que la democracia se limita al voto y que el triunfo en las elecciones da derecho al ganador para hacer lo que quiera. Una auténtica democracia, como la que sostiene nuestra Constitución, reposa en el respeto de mecanismos institucionales que, lejos de ser obstáculos para el buen gobierno, garantizan la legitimidad de los actos administrativos".

Y concluye: "Se torna necesario, pues, dejar de sembrar odio y resentimiento y, de una vez por todas, abandonar la absurda pretensión de que las diferencias políticas sólo pueden dirimirse en la calle". Sin duda.





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