Chávez, Colombia y Cuba

Por Venezuela Real - 23 de Junio, 2008, 11:29, Categoría: Política Internacional

ARMANDO DURÁN
El Nacional
23 de junio de 2008

Las imágenes, apenas tres minutos de video silente, nos muestran a Fidel Castro expresando sus argumentos con enérgica vehemencia. Raúl Castro y Hugo Chávez lo escuchan complacidos y sonríen. Según el cuento cubano, la conversación de los tres jefes revolucionarios giró en torno a la crisis alimentaria mundial.

Ahora bien, ¿a alguien le cabe de veras en la cabeza que Chávez haya hecho este rápido viaje a La Habana sólo para sostener una charla de café con los hermanos Castro a la sombra de unos árboles en la amable placidez de algún bucólico paraje cubano? ¡Por favor! De ningún modo parece plausible que en medio de los innumerables obstáculos que amenazan su futuro político, Chávez haya decidido tomarse unas horas de reposo para entregarse, junto con su mentor cubano, a una especulación filosófica sobre la producción de alimentos o sobre el misterioso sexo de los ángeles.

Desde los primeros tiempos de su revolución, Castro comprendió que su proyecto político dependía de su capacidad para promover la reproducción del fenómeno cubano en el resto del continente.

El fracaso de los movimientos guerrilleros alentados desde La Habana, el rechazo soviético a esa estrategia, la muerte de Ernesto Guevara en Bolivia y el desenlace de la experiencia de Salvador Allende en Chile marcaron el final del sueño. Años después, el derrocamiento de la dinastía Somoza en Nicaragua y la toma del poder por el movimiento sandinista le devolvió momentáneamente la vida al viejo propósito expansionista de Castro, pero Daniel Ortega no estuvo a la altura de esa difícil circunstancia y Cuba, de nuevo, se hundió en las estrecheces de la más amarga soledad. Hasta que en Venezuela se produjo el triunfo electoral de Chávez.

A partir de ese instante todo cambió para la Revolución Cubana. No sólo porque Castro contó desde entonces con un aliado fiel e inesperado, sino porque la personalidad carismática y desenfadada de Chávez, la naturaleza despótica de su manera de gobernar y la extraordinaria riqueza petrolera de Venezuela le daban consistencia material a la posibilidad de acceder al poder y poner en marcha procesos revolucionarios por la vía estrecha de la circunvalación electoral, sin violentar excesivamente la superficie formal de la democracia. A pesar del fracaso de esta novedosa opción en Perú y en México, los triunfos de Evo Morales en Bolivia y de Rafael Correa en Ecuador, el retorno de Daniel Ortega a la Presidencia de Nicaragua, la victoria de Fernando Lugo en Paraguay y los éxitos electorales de un socialismo mucho más moderado, pero socialismo al fin y al cabo, en Brasil primero y en Chile y Uruguay después, le han transmitido al anciano caudillo revolucionario cubano un poderoso soplo de esperanza. Con el único y permanente contratiempo de la política venezolana en Colombia: aunque Castro le aconsejó una y otra vez mantenerse alejado de las FARC, convertida por las circunstancias en simple grupo terrorista y narcotraficante, Chávez decidió jugarse el todo por el todo a la carta incierta de alias Marulanda y compañía. Tres factores han obligado ahora a Chávez a darle un dramático vuelco a esta relación.

El primero fue, por supuesto, la muerte de Raúl Reyes y las devastadoras revelaciones que no cesan de esparcir a los cuatro vientos los discos duros de sus computadoras. El segundo, la muerte de Marulanda. El tercero ha sido el éxito militar de Álvaro Uribe en su campaña por acorralar a las FARC en el campo de batalla. Bajo estas condiciones, el insensato apoyo de Chávez a las FARC, más que carecer de sentido, resultaba de pronto contraproducente. De ahí su difícilmente digerible vuelvan caras que significa pedirle a sus aliados de ayer rendir sus armas hoy, dura pérdida de credibilidad de Chávez en el universo de la izquierda radical, cuya primera consecuencia ha sido la negativa de Correa a ingresar en el proyecto cubano-venezolano del ALBA.

¿Viajó Chávez a Cuba para tratar de minimizar los efectos de esta gran derrota suya en el frente colombiano? ¿Fue a buscar consejos y comprensión, porque en definitiva este traspié tiene el valor abrumador de una derrota estratégica irreversible? ¿Fue a esto, rendirle a los Castro estas malas cuentas de su gestión continental, que viajó Chávez a Cuba? ¿Será posible, en fin, que el complejo desarrollo de sus relaciones con Colombia lo haya convertido, ante los ojos pragmáticos de Raúl Castro, inasible sucesor de su hermano Fidel, en un fiasco muy parecido al de Daniel Ortega a finales de los ochenta? ¿Será posible?





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