El Editorial
El Nacional
27 de junio de 2008
Los profesionales de la prensa venezolana celebramos este día con nuevo orgullo: hemos elegido el 19 de junio, a pesar del boicot del Gobierno, nuevas directivas tanto del Colegio Nacional como de las 26 seccionales de todo el país. Fue un proceso amplio y, fundamentalmente, democrático. Quienes acudieron a votar no fueron impulsados por roscas de profesores universitarios, o supuestos movimientos estudiantiles creados para la ocasión, o partidos que se infiltraban en el gremio para manejar y manipular la voz de los periodistas.
Daba pena ver, en el pasado, como se "ponían al día" las cotizaciones atrasadas de los afiliados para que votaran por determinada plancha. Y era deleznable observar como una corriente de izquierda se vestía de honorabilidad para engañar a incautos periodistas que, desde luego, desconocían los tejemanejes que se llevaban a cabo tras bastidores con países donde la libertad de prensa estaba severamente cuestionada, cuando no prohibida.
Que esto sirva de lección a los periodistas es lo más importante: nadie debe llevar una máscara para complacer a alguna parcialidad política o empresarial, ni roscas personales, dentro de las cuales se reparten premios nacionales y municipales como retribución a los favores recibidos. Esta práctica debe ser abolida para siempre porque el trabajo de los periodistas está a la vista de todos, y no necesita ser etiquetado ni mucho menos falsamente premiado.
La historia del gremio está llena de grandes victorias y momentos gloriosos, pero también de pasajes oscuros tanto de los sectores de la derecha como de la izquierda, de la policía y de los militares contra los periodistas. En nuestros períodos de democracia y de dictadura, la prensa no ha dejado ser blanco de los poderosos, y con ello se ha vulnerado permanentemente el derecho de informar, de investigar y hacer luz sobre los escándalos de corrupción, las masacres y las torturas, el acceso a las fuentes y el reparto equitativo de la publicidad en los medios.
El Nacional fue objeto en los años sesenta de un bloqueo publicitario, y hoy también es blanco del mismo boicot de parte de las empresas y ministerios bolivarianos, comenzando por Pdvsa y terminando con toda la administración pública, con escasas y honrosas excepciones. No queremos ni nos hacen falta esos avisos oficiales porque hemos salido adelante con inteligencia, creatividad y nuevas formas de negocios. No nos van a vencer, ni a esta empresa ni a los periodistas que laboramos honradamente aquí. La razón es sencilla: tenemos dignidad.
Pero sí vamos a exigir, cuando se den las condiciones históricas, que se establezcan las plenas responsabilidades de aquellos altos funcionarios que manejaron a su antojo el presupuesto público. Así lo hicimos con Pérez Jiménez, y más rápidamente lo haremos con este mamotreto de revolución que lo único que persigue es el enriquecimiento de facciones partidistas y militares de alta graduación.