¿Qué pasó con los carros nuevos?

Por Venezuela Real - 27 de Junio, 2008, 14:31, Categoría: Economía

Ricardo Villasmil Bond
TalCual
27 de junio de 2008

El último boom en la venta de automóviles representó un excelente negocio para los "fabricantes" locales y los importadores de vehículos terminados. Un millón de personas (1.017.941) pudo adquirir un carro nuevo entre enero del 2005 y diciembre del 2007, cuando la escasez de alimentos básicos en un contexto de alta inflación, llevó al Gobierno revisar la asignación de divisas para el sector automotriz. Como resultado, entre enero y mayo del 2008 las ventas de automóviles han caído 23% respecto al mismo periodo del año anterior

Entre el año 2004 y el año 2007 las ventas de automóviles en el país experimentaron un crecimiento de 332 por ciento al pasar de 113.934 a 491.899 unidades. La importación directa de automóviles representó el 86 por ciento de este incremento, dejándole a la "fabricación" nacional (lo colocamos entre comillas porque el bajo valor de los componentes nacionales hace que el proceso de "fabricación" sea en realidad uno de ensamblaje de piezas importadas), el 14 por ciento restante.

Este boom en las ventas de automóviles representó un excelente negocio para los "fabricantes" locales y para los importadores de automóviles terminados, por una parte, pero también para el millón de personas (1.017.941) que pudo adquirir un automóvil nuevo entre enero del 2005 y diciembre del 2007 en Venezuela.

Los "fabricantes" locales contaban con la ventaja de recibir divisas a la tasa oficial para importar componentes que combinados con un puñado de partes locales producían vehículos para un mercado con exceso de demanda, no obstante el crecimiento ya mencionado en las importaciones directas.

EL GRAN NEGOCIO

Para quienes hicieron esto último, el negocio fue aún mejor, ya que carecía de riesgos y dificultades asociadas a producir en Venezuela: inseguridad jurídica y personal, regulaciones excesivas, altos costos y conflictos laborales, etc. Su negocio consistía simplemente en solicitar dólares oficiales para importar vehículos, traerlos al país, y entregarlos a los compradores en cantidades muy por debajo de la demanda.

Había, por tanto, riesgo alguno ni la necesidad de arriesgar capital, ya que la compra de los dólares para importar los vehículos podía financiarse por vía crediticia o mediante la emisión de papeles comerciales que se cancelarían una vez vendidos los vehículos. La ganancia era inmediata, en el peor de los casos puntual y seguramente repetida (como ya dijimos el boom duró poco más de dos años), pero en cualquier con una exposición financiera insignificante.

Para los compradores, representaba la oportunidad de adquirir un producto contentivo de los tres subsidios más importantes del Estado: el subsidio a la adquisición de divisas a tasa oficial, el financiamiento a tasas de interés reales negativas, y la gasolina más barata del mundo. Y lo que es más, el exceso de demanda permitía la posibilidad de adquirir un bien que podía venderse inmediatamente con una ganancia importante en el mercado secundario.

LA ESCASEZ DE ALIMENTOS

A finales de 2007, el escenario de escasez de alimentos básicos en un contexto de alta inflación llevó al Gobierno considerar la conveniencia de seguir otorgando divisas al sector automotriz. Y como resultado, entre enero y mayo del 2008 las ventas de automóviles han caído 23 por ciento con respecto al mismo período del año anterior.

La lógica, fundamentalmente política, podría describirse de la siguiente manera: la escasez y la inflación en alimentos básicos trae como resultado inmediato el descontento de la población, particularmente en los sectores populares en momentos en los cuales el mayor consumidor de divisas es el sector automotriz.

En pocas palabras, para poder importar un vehículo para un venezolano de clase media o alta el Estado destina divisas que bien podrían servir para importar alimentos básicos (que se requieren para atender los requerimientos nutricionales de toda la sociedad) los cuales podrían ser distribuidos a muchos ciudadanos provenientes de los sectores populares a precios altamente subsidiados.

Más aún, la situación demuestra una evidente falta de lógica política. Es harto conocido que las preferencias electorales de la población están altamente correlacionadas con su posición socioeconómica: A pe! sar del beneficio recibido, el comprador del vehículo seguramente votará en contra del partido de gobierno, y de continuar la situación escasez con alta inflación, una buena proporción de los habitantes de los sectores populares dejarán de votar o votarán en contra del Gobierno.

NO HABÍA SALIDA

Desde una perspectiva político-electoral, entonces, la decisión es obvia: restringir divisas al sector automotriz, desviarlos para la adquisición de alimentos básicos en el exterior -por intermedio del sector privado o de manera directa a través de la Corporación de Abastecimiento y Servicios Agrícolas (CASA) y de Pdvsa para ser vendidos a precios subsidiados a través de redes públicas como Mercal y Pdval.

Dicho sea de paso, las empresas ensambladoras demostraron haber tomado la decisión correcta al decidir importar vehículos terminados para satisfacer el aumento en la demanda y no invertir en ampliar su capacidad de "producción" local. Al finalizar por una u otra razón el boom, perderían el capital invertido.

En cualquier caso, además, las limitantes locales habrían impedido cualquier expansión de los niveles de "producción" local: las regulaciones y los conflictos laborales, las deficiencias en materia de infraestructura y servicios, etc. En definitiva, crónica de una caída anunciada. Pero para quienes la disfrutaron, la fiesta fue muy buena mientras duró.



 

 







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