Homofobia y sectarismo

Por Venezuela Real - 29 de Junio, 2008, 22:11, Categoría: Política Nacional

TULIO HERNÁNDEZ
El Nacional
29 de junio de 2008

Como parece insuficiente la persecución desatada por la ya legendaria lista de Tascón, que dejó sin trabajo a miles de venezolanos; como si no tuviesen bastante con la vergüenza delatora que la ley sapo produjo entre sus filas; o con esa forma de apartheid político que constituye el maltrato y las humillaciones que han proferido el ministro de la Defensa y el propio Presidente contra los militares que se niegan a aceptar el despropósito inconstitucional de convertir a la Fuerza Armada en un aparato político de gobierno y no de Estado; ahora aparece Mario Silva, el conductor de esa náusea televisiva llamada La Hojilla, dedicándose a descalificar moralmente a un conocido comunicador de oposición no por el contenido de sus opiniones sino por su supuesta condición homosexual.

Este Gobierno trae consigo una larga tradición persecutoria. No debemos olvidarlo.

Años atrás la diputada Iris Valera solicitó a la Asamblea Nacional que se investigara a otro conocido grupo de periodistas opositores, entre los que se encontraba Napoleón Bravo, por su condición de extranjeros nacionalizados y pedía además que se les privara de su nacionalidad venezolana como castigo a la gran traición a la patria que significaba oponerse a las sacrosantas creencias políticas del "padrecito" Hugo Chávez. Y, hace cosa de un año, las cámaras registraron en una marcha de camisas rojas, en el tradicional barrio caraqueño de la Candelaria, a una mujer ya entrada en años que con una pancarta que rezaba algo así como "Malditos inmigrantes váyanse ya" vociferaba contra los "cochinos" españoles, portugueses e italianos capitalistas que explotan a los pobres de su país.

Unos meses antes, Francisco Sesto, el por entonces ministro de Cultura, por cierto nacido en Galicia, a propósito del despido por razones ideológicas de Fabiola Colmenares de la nómina de Venevisión, declaró que en las producciones cinematográficas financiadas por el Estado venezolano no se debían contratar a actores o actrices que se opusieran públicamente al Gobierno y, en general, gente que trabajara en telenovelas.

Y Eva Golinger, investigadora con pedigree macarthista, por esos mismos días, había presentado a la Asamblea Nacional otra lista de periodistas, entre los que se incluía al nuevo presidente del CNP, William Echeverría, a los que pedía investigar por traición a la patria, filiación con la CIA, asociación con el imperio y otros crímenes semejantes, toda vez que los incluidos habían aceptado realizar algún estudio invitados por diversas instituciones de Estados Unidos.

La lista es larga y podría seguir. Pero lo que resulta novedoso, y en buena medida vergonzoso –por atrasado, picapiedra y primitivo–, es que a estas alturas del siglo XXI, cuando países como España, por iniciativa del Gobierno socialista, han aprobado el matrimonio gay, un predicador oficialista venezolano venga a utilizar las preferencias sexuales de una persona para descalificarle como vocero de una posición política.

Ocurrió en una de las emisiones de La Hojilla de esta semana que termina. El predicador del odio hizo mofa, con gestualidad amanerada, de la persona cuestionada. Insinuó con burla su supuesta condición homosexual. Sugirió que seguramente al agraviado le gustaría que los uniformes de los militares y sus tanques y armamentos "fueran de color rosado". Fue grotesco. Eso sí, Silva aclaró que no es homofóbico.

Algo así como presenciar a una persona que nos dice que es vegetariana mientras devora entusiasmada 250 gramos de churrasco Carora.

Nada nuevo sobre la tierra. Los autoritarismos han sido siempre discriminadores de los diferentes, y perseguidores de las libertades sexuales.

Mussolini y los suyos persiguieron despiadadamente a los homosexuales. Allí queda como testimonio imborrable del oprobio esa joya del cine titulada Una giornata particolare, dirigida por Ettore Scola.

En la Cuba fidelista también se les discriminó hasta el hartazgo. Otra pieza cinematográfica, Antes que anochezca, protagonizada por Javier Bardem, también está allí para que nadie olvide el largo calvario padecido hasta el suicidio por el escritor Reynaldo Arenas, quien no era anticomunista pero sí homosexual.

No hay duda: los "duros" los prefieren machos. ¿Patria, socialismo o clóset? .






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