Los habilitados y los que no

Por Venezuela Real - 30 de Junio, 2008, 13:26, Categoría: Política Nacional

Miguel Bahachille
El Universal
30 de junio de 2008

En ningún país democrático del mundo la representación del Contralor, o su equivalente, puede hacer alarde de una manera tan ostensible del poder como en el nuestro. Él decide quién puede o no disfrutar de los derechos civiles como por ejemplo competir en una elección libre. Ciertamente la anfibología de la ley nada tiene que ver con el fondo del problema. Es un asunto de despotismo. Nada le impide transgredir las formalidades representativas del régimen. Lo hace porque está autorizado por el jefe. Se apoya en una circunstancia ocasional y difusa de las leyes para abusar del poder. Ignora que no son buenos tiempos para la intolerancia. Los acuerdos internacionales dejan la puerta abierta para que, en su momento, cualquiera pueda pedir rendición de cuenta en cualquier país por los abusos impuestos por la alta coyuntura. Después del Juicio de Núremberg, a partir de noviembre de 1945, los acuerdos internacionales han afinado los mecanismos jurisdiccionales para juzgar en su justa medida las atrocidades que se cometen en cualquier país del mundo contra los derechos humanos. Por ejemplo, "las inhabilitaciones".

El Contralor está violando taxativamente el recién conquistado orgullo de la humanidad: los derechos civiles. Segrega a personas basado en sus ideas. Él ha decidido que los inhabilitados sean condenados a subsistir en un "buzón de supresión". Si al Gobierno no le gusta algún candidato, o sus ideas, podrá ser remitido sin derecho a la defensa al buzón referido. Bajo ese aserto el jefe podría declarar a todo el país como "zona de exclusión"; en cuyo caso sería una dictadura. Decía Edward R. Murrow (1908-1965), una de las grandes figuras del periodismo norteamericano, pionero de la televisión, que "jamás debemos confundir divergencia con alevosía; lo contrario nos convierte en un país de opresión o simplemente es que estamos enredados".

Para sobrepasar tanta discrepancia la revolución, mediante aparentes instrumentales democráticos, ha creado a su entender actores bajo una novedosa forma de curanderos o remenderos. De allí que la Contraloría, la Fiscalía, o el TSJ, siempre actúen casi de manera empírica a favor del régimen. Basta oír al ministro de Justicia para entender de qué se trata: "No hay inseguridad ciudadana cuando los asesinados son secuela de enfrentamiento entre bandas". Al nuevo socialismo poco le preocupa lo que los demás sientan. Sólo aguza los oídos ante los exaltes del jefe: "los venezolanos son mejores soldados porque tienen muchas iniciativas y un carácter independista innato"; "los niños buhoneros o pedigüeños, que pernoctan en las calles, son el arquetipo del capitalismo más craso". Asimismo todos los fracasos del régimen se refugian en expresiones similares. ¿No les suena el Contralor? "Los inhabilitados no pueden ser elegidos porque cometieron faltas graves"; y allí queda el asunto.

El Gobierno crea monomanías ocasionales en atención a sus penurias. Ahora son las elecciones regionales de noviembre en las que el estatalismo atraviesa uno de sus peores momentos. La ferocidad por el poder ha obnubilado la sindéresis del PSUV, si es que alguna vez existió, comenzando por el mismísimo Presidente que no escatima en encadenar a los medios privados y públicos para, desde su asiento, habilitar o inhabilitar, a capricho, alguna fracción de la sociedad venezolana como recientemente lo hizo con los empresarios que concurrieron a Miraflores.






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