¿Alerta naranja o alerta roja? - El fin de la era del petróleo: un debate indispensable

Por Venezuela Real - 3 de Julio, 2008, 12:06, Categoría: Dimensión Social

Henrique Hernández  / Alejandro López / Alfredo Roffé
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03 de julio de 2008

Farruco, de los amores de la literatura y la poesía a los dolores del ladrillo y del concreto armado. Ojalá que los tremendos monstruos de la corrupción y de la incapacidad no se lo traguen vivo.

A juicio de muchos especialistas, investigadores y expertos, no hay problema más importante y traumático en este mundo del siglo XXI, que el del fin de la era del petróleo y el del cambio climático. Problema energético y trauma de la calidad de vida, conectados entre sí de manera inextricable. Se trata de una emergencia colosal, de una dimensión, gravedad y trascendencia histórica como nunca antes se le había presentado a la humanidad.

Pero en Venezuela, país que vive de sus reservas petroleras -reservas grandes pero finitaséste parece ser un tema tabú.

Que se sepa, se le ha oído mencionar -de manera precisa y científica- únicamente a Fernando Travieso en algunas intervenciones en TV.

En esta página hemos insistido, en cambio, que el asunto del agotamiento próximo, en términos históricos, de los hidrocarburos, debe convertirse, más pronto que tarde, en una discusión colectiva, generadora de conocimiento y conciencia política.

Este país nos pertenece, funciona porque tiene petróleo, éste no nos va durar para siempre, un día bastante próximo se va a acabar, y nosotros tan pánfilos, como si nada. Eso sí, vamos a ser una potencia. Con pies de barro será, si no advertimos el pequeño detalle de que ser potencia no significa tener muchos dólares, ni poseer muchos recursos. Sino el estar a la altura de los valores que civilizan y emancipan, con inteligencia y ética, con capacidad de previsión a largo alcance.

Vean, si no, lo de Suecia e Islandia. Dos países capitalistas.

Pero que ya tienen sus planes inmediatos de política para programar el pase o transición del petróleo a energías alternativas. Y Cuba también los tiene desde hace tiempo. Demostración de que es indispensable, como país, pensar desde ya en lo que va a ocurrir cuando el petróleo se nos acabe, a pesar de la abundancia de nuestras reservas de pesados y superpesados.

En la vida de un país unas décadas no son nada. Y las investigaciones más serias indican que el famoso pico del petróleo (el pico de Hubbert, el punto en el cual comienza la bajada, no se halla más petróleo del que se consume), ya está aquí, entre nosotros. Subida de los precios, desabastecimiento mundial, crisis del transporte aéreo, incremento de los peligros de conflictos armados, todos los síntomas están presentes.

Ahora bien, dentro del marco de esta situación cada vez más apremiante, cabe preguntarse si nuestro sistema nacional de planificación socialista está siendo previsivo. Uno de los aspectos que más va a ser afectado por la crisis del petróleo es el de transporte automotor, por razones evidentes: con gasolina es que se mueve el mundo. La estructura de las ciudades, nuevas o existentes, redes urbanas e interurbanas de comunicación, formas intermodales de transporte público, deben ser planificadas en previsión de la caída de petróleo, insistimos, a pesar de nuestra circunstancial abundancia.

El concepto de ahorro de energía, en todos los niveles, y el de aprovechamiento inmediato de fuentes alternativas, debería convertirse en mandato de ley y objeto de estudio desde primaria. Nuestra mentalidad de derroche e imprevisión debe ser borrada de nuestra cotidianidad. El riesgo a que estamos sometidos de seguir viviendo (mal) en nuestras ciudades, mal concebidas y sobre todo improvisadas bajo la presión de la pobreza y la injusticia social, debe ser asumida por toda la población, como ser colectivo, como nación, frente a unas perspectivas de peligro de supervivencia.

Un ejemplo, los especialistas afirman que el hidrógeno va a ser, dentro de unas cuantas décadas, tal vez la solución, lo que va a sustituir a los hidrocarburos.

¿Pero alguien puede decir dónde, cómo o cuándo sabremos, en Venezuela, reconstruir nuestros sistemas de energía a partir de tecnologías tan sofisticadas, que no conocemos ni controlamos en absoluto? La perspectiva, como dijo una vez Fidel Castro, es la de agotar el petróleo y quedarnos a la vez sin la alta tecnología que los países industrializados ya habrán desarrollado.

Y si hablamos de CIUDAD, tendríamos que comenzar a aplicar enseguida recomendaciones que ya son frecuentes en el ámbito internacional.

Suspender de inmediato las inversiones en autopistas y supercarreteras para trasladarlas a todas las redes de transporte públicos. Buses, metros y trenes.

Convertir a las ciudades, donde sea posible, a la mentalidad diaria del peatón o de quien va en bicicleta. Por lo tanto aceras, aceras y más aceras.

Densificación de las ciudades existentes para evitar su extensión en forma de mancha de aceite. Rezonificar para permitir y fomentar la mezcla de usos.

Sin mencionar lo que todo esto implica en lo que se refiere a la agricultura y sus relaciones con el mercado urbano, sí conviene además recordar que tendremos una magnífica oportunidad de repensar por fin a la ciudad desde el punto de vista de nuestra ubicación geográfica: sol y lluvia, ventilación, temperatura y sombra, arborización.

Un reto inmenso. Una emergencia nacional.

Una tarea prioritaria para el gobierno revolucionario.






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