Chávez y Uribe - Lágrimas de cocodrilo

Por Venezuela Real - 4 de Julio, 2008, 12:18, Categoría: Política Internacional

El Editorial
El Nacional
04 de julio de 2008

El haber podido presenciar, a través de la televisión, el hermoso abrazo de Ingrid Betancourt con sus hijos luego de 6 años de cruel separación por culpa de los guerrilleros de las FARC, nos obliga a reflexionar no sólo sobre la valentía de esta mujer y su lucha contra la adversidad y la violencia, sino en aquellos factores que desde el interior de Colombia, y desde fuera de sus fronteras, contribuyeron malsana y permanentemente a que la señora Betancourt permaneciera secuestrada y ofendida en su condición de mujer y luchadora política.

No podemos olvidar la complicidad del Gobierno venezolano y del ecuatoriano, que durante años permitieron tanto la permanencia de integrantes de las FARC en sus territorios, como el establecimiento de campos de descanso y recuperación de los guerrilleros heridos o con fatiga de combate en Venezuela y Ecuador, así como la existencia de vastas redes de aprovisionamiento y lavado de dinero producto de los secuestros y el narcotráfico.

No olvidemos tampoco que aquí en Venezuela estaba residenciado quien fuera llamado en mala hora canciller de las FARC, cuya casa de campo con todas las comodidades (subvencionado por agentes oficialistas) quedaba en una urbanización en las afueras de La Victoria, en el estado Aragua, y que era vecino en ese sitio de lujo de un militar chavista, hoy desgracia en el PSUV.

El canciller de las FARC se paseaba por los salones del antiguo hotel Hilton, y todo el mundo oficialista lo saludaba como si ya formara parte de la vida diaria del país. Para evitarle muchos viajes, se le alquiló un apartamento en La Candelaria, pagado por un amigo del Gobierno. Cuando lo capturaron, gracias a un general de la Guardia Nacional (hoy preso en Ramo Verde), entonces se le descubrió documentación comprometedora, como cédulas, licencias de conducir, pasaporte y RIF, todo ello con apoyo bolivariano.

Salir hoy a decir que Venezuela y su gobierno están contentos por la libertad de Ingrid Betancourt es mentirle al país. Una cosa muy diferente son los venezolanos que nunca creímos en unos guerrilleros que hacían parte de las redes del narcotráfico internacional y de la cadena binacional de secuestros, y otra muy diferente es la de aquellos militantes del socialismo bolivariano que apoyaron y le dieron rienda suelta en el país a esos bandidos capaces, entre otras cosas, de hacer oídos sordos a la opinión mundial para que liberaran a Ingrid Betancourt.

Hoy el Presidente de la República suelta lágrimas de cocodrilo al felicitar a Álvaro Uribe por la liberación de Ingrid Betancourt, cuando en verdad pidió públicamente el reconocimiento como fuerzas beligerantes para las FARC, de forma que estos secuestradores y socios de los narcotraficantes obtuvieran un estatus al cual sólo pueden aspirar aquellas fuerzas rebeldes que luchan contra una dictadura. ¿Por qué no ha hecho su mea culpa? ¿Por qué no ha dicho con coraje "Me equivoqué"?






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