Betancourt ha manifestado su rechazo a la violencia: con coraje y sin amargura

Por Venezuela Real - 6 de Julio, 2008, 21:43, Categoría: Política Internacional

ELSA CARDOZO
El Nacional
06 de julio de 2008

Con toda razón, y muchos argumentos, se ha celebrado, comentado y analizado la liberación de rehenes del 2 de julio en Colombia. Se trata de un hecho humanamente conmovedor y políticamente muy significativo. Anuncia el final de un ciclo: para quienes recién recuperaron su libertad y para el país que vislumbra la paz.

Las primeras palabras de Ingrid Betancourt, la más emblemática y elocuente entre los quince liberados, deben quedar grabadas para la memoria de un momento de tal trascendencia. Lo dicho por quien estuvo secuestrada seis años y medio remata, por una parte, el desnudamiento de las FARC, su impiedad y su negación de la dignidad humana en nombre de propósitos tan oscuros como inocultables. Por la otra, alienta con admirable entereza la actitud constructiva y de firme compromiso con la convivencia democrática, dentro y fuera de las fronteras de Colombia. Admirable discurso, porque después de tantos años de un cautiverio en el que a la privación de la libertad se sumaron los maltratos y la pérdida de parte de la vida, Betancourt ha manifestado su rechazo a la violencia: con coraje y sin amargura. Con gran entereza, además, porque expresa sin tapujos la importancia de mantener la firmeza política y militar frente a las FARC.

Entre sus argumentos, expresados muy claramente aun al calor de la emoción, tres de ellos merecen especial atención e invitan al comentario.

El reconocimiento a los militares por una operación perfecta es, más allá del evento mismo del rescate preparado a lo largo de muchos meses, resultado del despliegue de capacidades que han venido desarrollando las fuerzas militares de Colombia con el propósito fundamental de desarticular y derrotar a la guerrilla. El foco del gobierno del presidente Uribe, en el ámbito de la seguridad, es esencialmente ese; no se ha permitido distracciones nacionales ni internacionales en una campaña militar y política que ha causado a las FARC las peores derrotas de su ya larga historia.

Las palabras de Betancourt sobre la continuidad de la gestión de Uribe, con su elocuente "a Dios gracias", expresan el hecho de que tras tres procesos de paz previos –1981 a 1984, en el gobierno de Belisario Betancourt; 1990 a 1992, durante el de César Gaviria, y con el de Andrés Pastrana, entre 1999 y 2002– la guerrilla se fortaleció, cierto que de distinto modo, por diversas razones. La posibilidad de reelección, agregó la recién liberada, fue un gran golpe a las FARC porque permitió se mantuviera la política de presión militar y estímulo a desmovilizaciones ("mano firme y corazón grande"). Añadamos que ahora el desafío al Presidente, cuya popularidad se dispara con cada pérdida de las FARC, es analizar cuidadosamente las opciones futuras para que no se pierda lo ganado: sea por la demagogia opositora, sea por los entumecimientos y grietas que pudiera producir una segunda reelección. Fortalecer un equipo que lo trascienda se perfila, en todo caso, como tarea de alta prioridad.

Y sobre la intervención de otros países en la evolución del proceso colombiano hacia la paz, Betancourt fue enfática al hablar del condicionamiento de cualquier ayuda al respeto por la democracia de su país; posición ampliamente compartida entre los colombianos.

Lo que inician los recién liberados y pretende la sociedad colombiana se resume en dos palabras: vida y libertad. Aspiraciones que valen también para nosotros los venezolanos, cada día más.





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