Contra Uribe y por Chávez

Por Venezuela Real - 6 de Julio, 2008, 20:30, Categoría: Política Internacional

Manuel Caballero
El Universal
06 de julio de 2008

El mérito de la "Operación Jaque" no es de Uribe sino de Chávez

Sé muy bien que mis desocupados lectores habituales se van a asombrar y peor aún, a indignar por lo que voy a escribir a continuación: debo criticar y hasta condenar a Álvaro Uribe Vélez por haber lanzado la "Operación Jaque" por muy exitosa que haya sido. Y debo a la vez manifestar mi acuerdo con los voceros chavistas que consideran "mezquina" a Ingrid Betancourt por no haberle dado las gracias al verdadero artífice de su liberación, Hugo Chávez Frías.

Lo primero no se refiere a la forma como se produjo el jaque (casi) mate, sino el haberlo hecho en el peor momento posible, a saber, cuando ya yo había escrito y enviado a Miguel Maita mi artículo semanal. Como los lectores de un diario no tienen por qué saber de plazos ni de espacios, no puedo criticar a quienes piensen que no escribí de inmediato sobre el asunto porque no quise adelantarme a lo que dijera el Comandante en Jefe.

La mezquina reticencia

Nada tendría de raro que esa impresión fuese reforzada por la segunda parte de mi proposición, a saber la mezquina reticencia de la oligarquía colombiana a reconocer no sólo la parte que le corresponde a Chávez en la liberación de los rehenes, sino al hecho de que sin la colaboración del mandatario venezolano, el rescate que ahora celebramos no hubiese tenido lugar.

Una acusación tan seria (y tan seriamente subrayada) no puede ser expuesta sin presentar así sea un mínimo de pruebas, y yo no soy, Dios me libre, un José Vicente Rangel que solía escudarse tras la cínica frase "yo soy periodista, no policía: yo acuso, busquen ustedes las pruebas". Así pues, en la medida en que el espacio lo permita, voy a describir la forma que tomó esa eficaz colaboración.

Todo comenzó cuando Uribe tomó una decisión que todos (incluyéndome a mí mismo) criticamos como un error o al menos una ingenuidad: nombrar a Chávez mediador entre él y Tirofijo, sabiendo como todo el mundo que el teniente coronel sería juez y parte.

Una neutralidad suiza

Pese a todas esas críticas, Uribe le conservó al venezolano durante mucho tiempo esa condición que lo presentaba como un hombre de una neutralidad "suiza". Chávez, por su parte se tomó en serio la cosa, carcajeándose para sus adentros de "ese cachaco pendejo". Sus asesores, como en todo, no se atrevieron a contradecirle ni siquiera aclarándole que Uribe no es cachaco sino "paisa".

Séanos permitida una digresión: lo de considerar tontos a los "cachacos" no es cosa de Chávez sino de todos los venezolanos y en particular los "centranos" para quienes el lento hablar de los tachirenses era signo de una irremediable estupidez, errada impresión que nos costó veintisiete años de una desastrosa tiranía.

Los colombianos, y muy particularmente Uribe, tienen la impresión opuesta pero certera, a saber que el que mucho habla mucho yerra, y que el teniente coronel no conoce, porque esa frase nunca aparece en las solapas de los libros que él cita a troche y moche, que "al buen callar llaman Sancho". También sabe Uribe, como todo el mundo, que Chávez no puede ver un micrófono sin apropiárselo.

La perra gana

Total, que Uribe le dio vía libre a Chávez para hacer lo que le diera la real gana (y lo que siempre le viene en ganas al susodicho es hablar). Comenzó a dedicarle la mayor parte de su tiempo no a gobernar a Venezuela sino a hablar por teléfono, radio, internet y hasta palomas mensajeras con cuanto "faraco" se le pusiera al habla. El anciano y fatigado "Tirofijo" tuvo así que calarse, entre un "camaroncito" y otro, las interminables peroratas donde el "hermano bolivariano" intercalaba instrucciones militares y citas del Ché Guevara con historias salaces de cuartel y de cadetes, recuerdos de "caimaneras" de beisbol, anécdotas de la abuela Rosa Inés y hasta las gracias de Rosinés y su morrocoya. Por fortuna para él y su puesto en la Historia, "Tirofijo" no sabía escribir, y escasamente leer. Pero "Raúl Reyes" sí, y peor aún, su grafomanía había alcanzado cotas de locura feroz cuando descubrió el mundo de la informática y quería reproducir allí hasta los ruidos de los pájaros, de las balas y de las tripas hambrientas o saciadas.

A la chita callando

Mientras tanto, ante Chávez y el mundo, Uribe, con sus gafas de miope y su sonrisita boba, hacía el papel de marido benaventino: el último en saberlo. Pero al mismo tiempo, a la chita callando trabajaba (quizás para demostrar que esa designación no era en su caso un oxímoron), la "inteligencia militar" colombiana. Y lo hizo con tal celeridad y eficacia, que en un momento dado, Uribe pudo quitarse la máscara y dejar a Chávez colgado de la brocha de "mediador".

De nada le valió al venezolano echar sapos y culebras por la boca ni enviar a la frontera unos batallones que, como se ha dicho, no llegaron ni a Petare. Uribe parecía un témpano: sabía que ya el mandado estaba hecho. El mandado era que Chávez con su incontenible logorrea les había dado, con puntos, y comas, lo que él mismo llamaba las "coordenadas" de los escondites de los pandilleros: así se enteró que "Raúl Reyes" estaba en Ecuador, que el "Iván Márquez" que estaba en Venezuela no era el hijo de Pompeyo y que Piedad Córdoba estaba en el Caracas Hilton.

Gracias a Chávez, pues, las Fuerzas Armadas colombianas fueron capaces de desencadenar la "Operación Jaque". Como el rescate se produjo sin derramar sangre y gracias a las informaciones del Héroe del Museo Militar ¿qué esperan para darle a éste el Premio Nobel de la Paz?





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